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Recordar el futuro

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César Niño
11 de marzo de 2025 - 02:19 p. m.
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Pareciera que los actuales acontecimientos mundiales no tuvieran precedentes, y el asombro invade a analistas, académicos y gobiernos de turno. Las guerras civiles en África, potencias coloniales depredando sus áreas de control, unos invadiendo a otros, guerras por recursos e hipótesis de anexiones pululan en la atmósfera.

Pero lo cierto es que nuestro orden global está fragmentado y, al mismo tiempo, está compuesto de urgencias planetarias comunes. Vivimos en un sistema multirregional, multicivilizatorio, multipolar, polipolar, policrítico, anárquico, minilateral en lugar de multilateral y entrópico. Los adjetivos calificativos parecen ser un recurso constante para intentar definir el lugar en el que nos encontramos. No obstante, estos adjetivos hipertrofian las formas en que percibimos el mundo, y parece ser más necesario alejar la vista de los simples detalles para ver con mayor amplitud lo que ocurre por estos tiempos de emergencia.

Hoy, el mundo es medieval, o mejor dicho, neomedieval; algunos, más refinados, lo llaman la “Edad Media Global”. Un mundo donde las grandes potencias coexisten con geografías cada vez más desiguales y disputadas por actores no estatales y autónomos. Líderes mundiales rebautizan los mares y sueñan con anexionarse territorios que, por defecto, no les pertenecen, como si las reglas de juego les estorbasen y les truncaran la circulación; necesitan holgura geopolítica. La historia tiende a rimar: si antes estaban los grandes mecenas del arte y la política, hoy son los señores tecnofeudales quienes esculpen los espacios de poder y definen el curso de la civilización. Este equilibrio contemporáneo intenta estabilizarse a través de tres grandes actores estatales revisionistas y soberanistas —Estados Unidos, Rusia y China—, junto a individuos como Musk, Gates, Bezos, Zuckerberg, Ellison, Page o Pichai, dueños de complejos industriales tecnológicos y una suerte de “personas cuánticas”: capaces de estar ellos o sus cosas en todas partes y simultáneamente en ninguna, una omnipresencia que cualquier mito religioso envidiaría. La convergencia entre ellos muestra cómo se apropian de dominios exclusivos de influencia. Así, el mundo luce con rostro medieval pero con piel decimonónica y lentigos solares novecentistas.

Ahora existen meta-Estados, una suerte de actor estatal producido por la tecnología que interfiere con los principios rectores del Estado. Si el mundo parece tener retazos medievales con luces del siglo XIX y pinceladas del XX, en lugar de emerger un orden determinado por actores capaces de construirlo, lo que vemos es un mosaico irregular, fragmentado, feudal y poco prolijo. Este collage es inestable. Entonces, entre viejas y no tan nuevas formas que aparecen en la escena global, pareciera que el tiempo transcurrido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y lo que va hasta 2025 es un periodo que ya hemos vivido: ¿y si estamos en un periodo entreguerras, como lo ha sugerido Niall Ferguson? El futuro parece llevarnos a tiempos anteriores, y sabemos con exactitud que ese futuro podría desembocar en guerras totales. El problema es que, si estamos en un periodo entreguerras, sabemos cuándo se inició y quiénes son los actores involucrados, pero no sabemos a ciencia cierta cuándo ni cómo terminará. Un periodo entreguerras, por definición concluye con una guerra. Mientras China alcanza su máximo de influencia, Estados Unidos se enfrenta a una “demogonía”, como lo ha llamado el ex primer ministro italiano Mario Monti.

Si tomamos un libro de Historia, parece que, cuando esta regresa, siempre es más compleja porque podemos recordar el futuro.

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César Niño

Por César Niño

Profesor de Relaciones Internacionales.@cesarnino4
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CARLOS BARRGAN(lcggj)11 de marzo de 2025 - 03:40 p. m.
Claro y preciso. Buena argumentación.
Un observador(71824)11 de marzo de 2025 - 03:36 p. m.
No: el supuesto "neofeudalismo" es una falacia. Suena bonito y "chick", pero es anticientífico. Varoufakis y otros intentan desfigurar las categorías sociológicas y económico-políticas, creando eufemismos, de tal modo que no se hable más de capitalismo, en su forma más avanzada de imperialismo financiero o capitalismo de casino, sino que regresemos a estadios precapitalistas y así desdibujemos las relaciones de producción dominantes del capital. Me parece un artículo que desinforma y confunde. G
David Valencia Cuellar(0vhxw)11 de marzo de 2025 - 03:34 p. m.
Como muy abstracto el señor Nino
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