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¿Por qué el personaje principal del Poema de mio Cid ha recibido “históricamente” el calificativo de “héroe”? ¿Es un calificativo “inmerecido”? ¿O se trata más bien de otra exageración de los eufóricos medievalistas españoles?
A grandes rasgos los héroes de la Edad Media tienen un propósito esencial: sortear las dificultades que les han sido impuestas, aunque no como si fueran parte de un castigo divino sino como un medio para alcanzar la consagración heroica. Por lo general son sujetos melancólicos, solitarios, orgullosos de su propia fuerza; el Cid no es la excepción. En el terreno militar se destaca por ser un estratega intrépido o, si se quiere, un combatiente con arrojo. ¿Es posible encontrar otros rasgos memorables de su “heroicidad”? O dicho de otro modo: ¿hay acaso alguna hazaña que lo haga sobresalir por encima de los demás “combatientes”? (El famoso episodio del león, claro, no cuenta ya que tiene un significado alegórico). Así, pues, como héroe puro y duro el Cid tiene más bien una fuerte propensión al servilismo: rebelde y a su vez dócil, en búsqueda constante de un buen señor. Por supuesto, el servilismo, como bien dice Víctor Millet, sería la antítesis de la gran tradición de héroes medievales germanos: feroces e intrépidos guerreros, seguros de sus propias destrezas y en muchos casos reyes de su propio reino.
Y dueños además de una cierta desmesura; no en vano resuelven casi la mayoría de los conflictos por medio de la fuerza. En el Cid no hay ningún tipo de desmesura e incluso la “fuerza” del “héroe” opera dentro de otra jurisdicción: el conflicto —el conflicto, digamos, “neurálgico” del poema, es decir, el destierro del Cid— no se resuelve por la fuerza, como en la tradición germana, sino por la vía jurídica. Y la vía jurídica no tiene el menor grado de “heroísmo”. Todo lo contrario. Con razón Víctor Millet sostiene: “La imagen que se ofrece del Cid sometiéndose a su rey llama poderosamente la atención de cualquiera que esté familiarizado con los textos germanos. Teodorico no regresa de su destierro solicitando clemencia de quien lo echó al exilio, sino con un poderoso ejército dispuesto a reconquistar su territorio o perder la vida. Hildebrand combate contra su propio hijo por no querer someterse en el regreso de su destierro. Walther no entrega el oro a Gunther y Hagen, que le salen al paso en su huida de la corte de Atila, sino que se enfrenta a ellos en feroz pelea. Ni siquiera Wieland, al que el rey ha mandado cortar los tendones de las rodillas y condenado a servir de herrero y orfebre en una oscura fragua, se somete, sino que pone en marcha una terrible venganza que aniquila el linaje del rey. E incluso Iring, a quien el rey de Turingia ordenó que matara al rey de Sajonia, no se somete cuando, nada más cometido el magnicidio, el de Turingia lo destierra por traidor”.
A simple vista la imponencia de los héroes germanos disminuye la estatura del Cid. Y el calificativo de “héroe” sin duda parece injustificado. ¿Acaso les sucede lo mismo a los otros héroes de la literatura medieval española? ¿Todos se dejan opacar por la supremacía germana? ¿O hay al menos “uno” digno de recibir el calificativo de “héroe”?
