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El melodrama según Almodóvar

Luis Fernando Charry

16 de junio de 2023 - 09:05 p. m.

Rainer Werner Fassbinder fue un gran admirador del cine norteamericano —en concreto, del cine de los años 30 hasta principios de los años 50 y uno de los primeros directores que supieron captar las posibilidades artísticas del melodrama. “Los melodramas fassbinderianos parten del presupuesto —dice Gary Morris, citando al propio Fassbinder— de que el amor «es el mejor, el más insidioso y el más eficaz instrumento de represión social»”. Sin duda la estética de Fassbinder, en la cual la experiencia amorosa solo se puede representar a través de la violencia, sedujo a varios cineastas de las nuevas generaciones; tal vez uno de los primeros en reconocerlo en público fue Pedro Almodóvar.

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A mediados de los años 80, cuando apenas era conocido, Almodóvar le ofreció un papel a Hanna Schygulla, acaso la actriz fetiche por excelencia de un puñado de clásicos fassbinderianos. Almodóvar se presentó con un irresistible guiño afectivo: “Hola, soy el Fassbinder español”. (¿Es posible que Fassbinder se le presentara a una actriz española diciendo: “Hola, soy el Almodóvar alemán”? No creo, la verdad: a diferencia de Fassbinder, desencantado y pesimista, Almodóvar se ha alineado en la fracción de los optimistas). Aparte de esta clase de reconocimientos, Almodóvar ha tenido una gran atracción por el universo femenino (otra manifestación directa de su deuda con Fassbinder): Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984) o Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) recrean la compleja situación de la mujer y evocan, a su manera, la trilogía de la República de Alemania de Fassbinder compuesta por El matrimonio de María Braun (1978), Lola (1981) y Veronika Voss (1982).

Alguna vez Almodóvar dijo: “La raíz de todas mis películas y de todas las historias que me gustan sale de un grupo de mujeres hablando. Cuando voy por la calle y veo a un grupo de mujeres, pagaría por saber de qué están hablando. En Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón ya aparecen varios personajes que mantuve en mis demás películas: por ejemplo, la chica que llega de un pequeño pueblo en busca del éxito en Madrid”. Y en otra parte dijo: “Mis películas están colmadas de películas. Siempre hay un televisor donde pasan una o un cine donde encontrar a mis personajes. Todas las películas que aparecen en las mías son meticulosamente elegidas, forman parte de la escenografía y juegan un rol activo. Mis pequeños robos no son meros homenajes a sus realizadores: me apropio de sus obras en beneficio de la historia que quiero contar”.

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Estas declaraciones de Almodóvar tienen de nuevo ecos de Fassbinder. Y también de Manuel Puig. Al fin y al cabo hay en Puig una fascinación por el cine de Hollywood, en especial por el melodrama —basta pensar en los títulos de sus novelas: La traición de Rita Hayworth (1968), The Buenos Aires affair (1973), Pubis angelical (1979), entre otras— y, sobre todo, por el universo femenino: sus novelas, plagadas de diálogos en apariencia banales, reproducen con extremado virtuosismo las voces de las madres, de las tías, de las amigas de las tías.

Puig y Fassbinder: dos bastiones (visibles) del cine de Pedro Almodóvar.

Por Luis Fernando Charry

Escritor, periodista y editor
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