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El violento oficio de escribir

Luis Fernando Charry

21 de abril de 2023 - 09:05 p. m.

La obra narrativa de Rodolfo Walsh —una obra que se renueva con la misma naturalidad que se renuevan las obras destinadas a permanecer— no solo evade cualquier juicio concluyente sino adquiere también nuevos sentidos en cada relectura. ¿De dónde proviene esta renovación? En principio, de un cierta coherencia política e intelectual. Esta coherencia, según el dictamen de David Viñas, será una síntesis trágica del compromiso de Walsh y estará en sintonía con las repercusiones de la “Carta abierta a la Junta Militar”: una obra maestra de la denuncia y del rigor estilístico.

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Empieza así: “La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi 30 años”. En esta instancia Walsh ya intuye hacia dónde apuntan esas palabras.

Por esos días la Junta Militar del general Videla acaba de cumplir un año en el poder y la persecución a los intelectuales no cesa. Walsh no desconoce esa realidad. Es más: quiere (necesita) dejar un testimonio de esa realidad ya que confía en la lucha armada, en el compromiso con el pueblo, en la igualdad utópica que proclama a los cuatro vientos como un grito de guerra.

La carta continúa así: “El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio”. Y termina con estas palabras: “Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles. Rodolfo Walsh. C. I. 2845022. Buenos Aires, 24 de marzo de 1977”. A la tarde siguiente es secuestrado en las calles de Buenos Aires.

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Hasta entonces Walsh ha militado en la organización Montoneros. Además ha viajado en varias ocasiones a Cuba y ha escrito libros de periodismo investigativo que se convertirán en toda una escuela: Operación masacre (1957), ¿Quién mató a Rosendo? (1969) y El caso Satanowsky (1972). Entre estos hechos, condicionados por una labor incesante de creación literaria, hay poco más de dos décadas de compromiso militante.

Si hay que dejar un testimonio de los malos tiempos, si hay que registrar las atrocidades de la historia oficial, no hay entonces más remedio que sacrificarlo “todo”. Ese sacrificio (tal parece ser el revés de la consigna política de Walsh) permitirá conservar al menos los restos ensangrentados del pasado. Como sostiene José Emilio Pacheco: “Murió por la eficacia de estas palabras y con la dignidad de los héroes. No digamos la frase rutinaria (aunque indiscutiblemente cierta) de que, cuando la historia haya borrado a sus verdugos, Rodolfo J. Walsh seguirá viviendo en sus libros”.

De la denuncia pura y dura queda esa “Carta abierta a la Junta Militar”: un documento para las generaciones del porvenir.

Por Luis Fernando Charry

Escritor, periodista y editor
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