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¿Ha muerto Dios?

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Luis Fernando Charry
26 de junio de 2026 - 05:05 a. m.
Madame Stael fue una escritora francesa de origen ginebrino / Getty Images.
Madame Stael fue una escritora francesa de origen ginebrino / Getty Images.
Foto: Getty Images.
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Esta historia tuvo varios protagonistas de cierto pedigrí. Uno de los más importantes, pese a su participación involuntaria, fue Napoleón. En 1803, después de soportar casi a diario una serie de desplantes públicos y privados, resolvió desterrar a Madame de Staël de París (Diez años de exilio, publicado póstumamente, recuenta ese periodo e incluye incontables descalificativos sobre el gran emperador francés).

Madame de Staël emprendió entonces un peregrinaje por territorio alemán: Goethe, Schiller, August Wilhelm von Schlegel y muchos otros se dejaron seducir por su inteligencia. De todas estas personalidades, Schlegel tuvo un papel relevante ya que no solo la instruyó en las principales escuelas filosóficas alemanas sino también se encargó de presentarle la obra de Jean Paul Richter.

El peregrinaje de Madame de Staël continuó. Y en 1813 publicó en Londres la primera edición de Alemania. Este libro, sin duda uno de los más notables de su bibliografía, contiene un pasaje de la novela Siebenkäs de Jean Paul Richter en el cual el protagonista sueña que está en un cementerio, frente a una iglesia derruida, en medio de una noche tempestuosa.

A esas horas los muertos salen de sus tumbas y se reúnen en el altar donde reposa un hombre que trata de levantarse. De golpe, sus miembros se desprenden de su cuerpo. Y el hombre se derrumba. Entonces aparece Cristo y los muertos le preguntan: “Oh, Cristo: ¿no hay Dios?”. Y Cristo responde: “No, no hay Dios”. Los muertos tiemblan. Y Cristo dice: “He recorrido todo el universo y no hay Dios. Fui hasta los últimos límites y me asomé al abismo y exclamé: ‘Padre, ¿dónde estás?’. Pero solo pude oír la lluvia en el abismo. Levanté a continuación mi mirada hacia la bóveda de los cielos y apenas encontré una órbita vacía: la eternidad descansaba en el caos y lo devoraba y se devoraba poco a poco a sí misma. Redoblen, pues, sus quejas amargas: todo ha terminado”. En ese momento los niños también salen de sus tumbas y preguntan: “Cristo, ¿no tenemos padre?”. Y Cristo, llorando, responde: “No, no tenemos padre. Todos somos huérfanos: ustedes y yo”. Luego la iglesia y los niños se hunden en la tierra y el mundo se convierte en un montón de ruinas.

El sueño no termina aquí (los curiosos pueden leer la novela de Jean Paul o la versión completa del sueño, traducida por Andrés Sánchez Pascual, en Cuatro poetas desde la otra ladera de Olegario González de Cardedal). Pero aquí termina la versión de Madame de Staël: uno de los textos más estremecedores del siglo XIX y, yo me atrevería a decir, de todos los tiempos. Con razón Jorge Aguilar Mora dice: “Es imposible transmitir en un resumen la fuerza devastadora de las imágenes de Jean Paul. Él fue el primero en percibirlo, y no tardó en agregar una nota al pie para aclarar que la finalidad del sueño era mostrar lo que sucedería si se dejaba de creer en Dios. La advertencia era inútil, y Jean Paul lo sabía. Porque haberlo soñado y haberlo publicado eran imposiciones de la Historia. Él no se creía profeta, pero percibía con claridad que esas imágenes desoladoras estaban ya marcadas por lo inevitable”. Y lo inevitable, por supuesto, pasó.

Luis Fernando Charry

Por Luis Fernando Charry

Escritor, periodista y editor
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@;-)=B:-(=(4444)Hace 1 hora
¡Gran columna! Leeré a Jean Paul Richter y a Madame de Staël. Gracias.
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