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Kraus: contra todo y contra todos

Luis Fernando Charry

25 de agosto de 2023 - 09:05 p. m.

Karl Kraus (Bohemia, 1874 - Viena, 1936) fue uno de los ejes tutelares de la cultura vienesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Polemista, poeta, periodista, dramaturgo, incursionó con violencia crítica en cada género. En Los últimos días de la humanidad, acaso su obra de teatro de mayor renombre —más de 600 páginas con más de 200 escenas no exentas de ciertos excesos—, arremete contra la prensa carente de valores liberales y los consumidores de ese producto espurio. Con ecos de la tragedia griega reescrita por Shakespeare (o de la tragedia shakesperiana reescrita por Esquilo o Sófocles), Kraus parodia los elementos del vodevil y de la opereta y firma de paso el acta de defunción de ese periodismo sensiblero, cada día peor escrito. No será la última vez.

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Contra los periodistas y otros contras (el título no tiene sin duda ninguna relación con el título original: Pro domo et mundo) ofrece una muestra de sus mejores aforismos, todos en la misma estela satírica de su venerado Lichtenberg. Esta especie de antología de grandes éxitos de concisión explosiva se divide en una serie de apartados: 1) “De la sociedad”: “«Todos somos humanos» no es una disculpa sino pura arrogancia”. 2) “Sobre periodistas, estetas, políticos, psicólogos, estúpidos y eruditos”: “No tener una idea y poder expresarla: eso hace el periodista”. O: “¿Qué es un historicista? Alguien que escribe demasiado mal para poder colaborar en un periódico”. O: “Las buenas opiniones carecen de valor. Lo que vale es quién las tiene”. 3) “De la mujer, de la moral”: “La inteligencia de una mujer moviliza todos los vicios que se reúnen en la gracia femenina”. O: “También hay metáforas en el lenguaje erótico. El analfabeto las llama perversidades”. 4) “Sobre los artistas”: “La mayoría de los escritores son tan jactanciosos que hablan del lenguaje cuando debieran hablar de sí mismos”. O: “Quien sea capaz de escribir aforismos no debiera desparramarse en artículos”. 5) “Las dos ciudades”: “La vida austriaca tiene una compensación: la de un bello cadáver”. 6) “Lances, ocurrencias”: “El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres”. 7) “Pro domo et mundo”: “El débil duda antes de decidirse. El fuerte, después”.

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La obra de Karl Kraus, como la obra de los genios destinados a prevalecer, ha suscitado algunas polémicas incómodas cuyas repercusiones le otorgaron en tres ocasiones el honor de ser nominado al Premio Nobel de Literatura. Por supuesto, nunca se lo dieron. En esta línea de conducta sueca sus detractores (moralistas recalcitrantes) no se han cansado de ningunearlo; Carl E. Schorske, autor de Fin-de-siècle Vienna: Politics and Culture, apenas lo cita en cinco ocasiones en el libro en cuestión para darse a continuación el lujo de enjuiciarlo.

En las antípodas del buen gusto sueco se encuentra una eminente legión de admiradores: Canetti, Adorno, Musil, Schönberg, Wittgenstein, entre muchos otros, se resignaron a esperar en sus días los artículos de Kraus con la misma paciencia que los devotos esperan la eucaristía. (De esos artículos hablaré en otra columna).

Por lo pronto conviene seguir leyendo a Kraus al menos una vez a la semana. Y —siempre— de rodillas.

Por Luis Fernando Charry

Escritor, periodista y editor
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