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Los sueños de Burton

Luis Fernando Charry

10 de febrero de 2023 - 09:05 p. m.

No todos los directores de cine tienen una vida de película. Tim Burton —introvertido de nacimiento, enemigo a muerte de los libros o de cualquier tipo de lectura y adicto precoz a dibujar con un trazo no exento de delicadezas— nació el 25 de agosto de 1958 en Burbank, California. Tuvo en líneas generales una infancia y una adolescencia sin mayores emociones, salvo algunos incidentes intrascendentes con sus vecinos de barrio (le encantaba hacer con su hermano unas puestas en escena de asesinatos bastante sangrientos; una vez, claro, la cosa salió tan bien que sus vecinos tuvieron que llamar a la policía).

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Aparte de estos destellos actorales, pasó por el colegio sin pena ni gloria. Al graduarse se ganó una beca del Instituto de las Artes de California, donde hizo sus primeros pinitos como “dibujante profesional”. Esos dibujos a nadie le gustaron, sin embargo. Unos años más tarde empezó a dormir 14 horas diarias: 10 en su casa y cuatro en el trabajo (en un armario o debajo de un escritorio). La enfermedad se llama hipersomnia, una depresión crónica de la cual al parecer se curó cuando debutó como director de un largometraje: La gran aventura de Pee-wee (1985). A partir de entonces empezó a sentirse mucho mejor ya que la película costó US$6 millones y recaudó US$40 millones. Después vinieron Beetlejuice (1988) y Batman (1989).

Y —acaso los lectores todavía la tienen presente en su memoria— El joven manos de tijera (1990). Algunos de los nombres que se barajaron para el papel protagónico fueron Tom Hanks, Robert Downey Jr. o Michael Jackson. (Tom Cruise se excusó diciendo que el “personaje no es lo suficientemente macho para mí”). Al final Johnny Depp fue el elegido y Burton obtuvo el reconocimiento internacional.

Depp ha participado en ocho de las 19 películas de Tim Burton. En el prólogo del libro de conversaciones Burton on Burton, Depp dice: “Tim es un artista, un genio, un tipo raro, leal, inconformista y un amigo honesto. Lo que le debo es algo imposible de precisar y lo respeto más de lo que jamás podré expresar sobre el papel”. Si yo tuviera que elegir solo una de las 19 películas de Tim Burton a lo mejor me quedaría con El gran pez (2003), en cuyo elenco figuran estrellas de la talla de Ewan McGregor, Albert Finney, Billy Crudup, Jessica Lange o Helena Bonham Carter (con quien Burton convivió por cerca de 14 años).

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El protagonista de El gran pez se llama Edward Bloom, un tipo que creció contando historias desmesuradas. Un día enferma. Tiene los días contados y su esposa lo sabe. De modo que llama a su hijo Will. Will no duda en volver a la casa de sus padres en compañía de su esposa, con siete meses de embarazo. Al pie de la cama de su padre, Will volverá a oír el mismo repertorio desaforado: la historia de unas siamesas que cantan a dúo por razones de genética o la historia de un pueblo escondido en el que todos sus habitantes siempre están descalzos o la historia de esa bruja con un ojo de cristal donde se puede ver el destino, o sea, la muerte. Así, Will oye una vez más, acaso por última vez, esas historias y trata de saber cuáles pertenecen al mundo real y cuáles solo hacen parte del mundo de la imaginación.

Por Luis Fernando Charry

Escritor, periodista y editor
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