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Macedonio Fernández

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Luis Fernando Charry
10 de enero de 2026 - 05:05 a. m.
Macedonio Fernández (1874-1952) escribió "Museo de la Novela de la Eterna", "Papeles de recienvenido y continuación de la nada", "Adriana. Buenos Aires: última novela mala", entre otros.
Macedonio Fernández (1874-1952) escribió "Museo de la Novela de la Eterna", "Papeles de recienvenido y continuación de la nada", "Adriana. Buenos Aires: última novela mala", entre otros.
Foto: Archivo Particular
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Macedonio Fernández nunca aspiró a ser escritor ni mucho menos a publicar: aparte de un puñado de cuentos y artículos y poemas dispersos en periódicos y revistas de incierta relevancia, solo publicó en vida tres libros: No toda es vigilia la de los ojos abiertos (1928), Papeles de recienvenido (1929) y Una novela que comienza (1940). El 10 de febrero de 1952 murió en Buenos Aires. Un par de meses más tarde, en un discurso en el Cementerio de La Recoleta, Jorge Luis Borges dijo: “Las mejores posibilidades de lo argentino –la lucidez, la modestia, la cortesía, la íntima pasión, la amistad genial– se realizaron en Macedonio Fernández, acaso con mayor plenitud que en otros contemporáneos famosos. Macedonio era criollo, con naturalidad y aun con inocencia, y precisamente por serlo, pudo bromear (como Estanislao del Campo, a quien tanto quería) sobre el gaucho y decir que éste era un entretenimiento para los caballos de las estancias”. Tenía razón Borges: el humor de Macedonio era muy criollo y muy distintivo de su personalidad.

Y de su obra. Aunque el humor de Macedonio (como el humor de Kafka y de otros genios destinados a la inmortalidad) pasa con frecuencia desapercibido. En especial en su obra maestra, Museo de la novela de la Eterna, publicada 15 años después de su muerte, cuyo “trasfondo metafísico” parece calcado del siguiente pasaje de Ecce homo de Nietzsche: “Siempre hay un comienzo que debe inducir a error, un comienzo frío, científico, incluso irónico, intencionadamente situado en primer plano, intencionadamente demorado. Poco a poco, más agitación; relámpagos aislados; verdades muy desagradables se hacen oír desde la lejanía con sordo gruñido –hasta que finalmente se alcanza un “tempo feroce” (ritmo feroz), en el que todo empuja hacia adelante con enorme tensión”. Por supuesto, sería pertinente establecer en principio dónde “empieza” Museo de la novela de la Eterna.

¿En el subtítulo: “Primera novela buena”? ¿O en la dedicatoria a la Eterna? ¿O en las otras dedicatorias? ¿O en uno de los primeros prólogos? ¿O en las cartas a los críticos? ¿O en uno de los “nuevos” prólogos? (¿Acaso no sería posible leer a Macedonio Fernández como un continuador de ciertas tradiciones medievales, o sea, leer Museo de la novela de la Eterna como uno de esos libros donde el corpus no es más que una suma de prólogos o de “falsos comienzos”?) ¿O en esa breve teoría sobre la construcción de la novela perfecta? ¿O en esa sinopsis de la novela titulada “A las puertas de la novela”? ¿O más bien en el mensaje dirigido a los personajes de la novela? ¿O en uno de aquellos intempestivos segmentos conversacionales/confesionales en los que el narrador se enfrenta con un personaje, lo juzga y lo condena? (No está de más decir que el personaje nunca, o casi nunca, sabe por qué se lo está condenando ni mucho menos si tiene derecho a defenderse).

Sin duda todas estas preguntas son vanas. Pero sirven al menos para poner en evidencia el complejo dispositivo narrativo de Macedonio Fernández, es decir, esa manía de emplear la postergación como otra forma de “narrar”. Al fin y al cabo los “falsos comienzos” también hacen parte de la trama secreta de la historia.

Luis Fernando Charry

Por Luis Fernando Charry

Escritor, periodista y editor
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Alvaro Bernal(36332)Hace 7 horas
Parte de la literatura argentina es excelente. Sin embargo, muchos de nuestros intelectuales viven de citarla y elogiarla al cansancio. En la mayoría de los casos, se limitan a repetir lo que otros han dicho por décadas; y algunos cuando la vuelven a examinar, terminan inventando teorías forzadas sobre los mismos textos, como una especie de artificio intelectual —finalmente todo prescindible. Sufren el mismo complejo que ciertos comentaristas locales de fútbol que sueñan con ser argentinos.
Quico(17933)Hace 8 horas
La modestia de los argentinos!
Jeannette Uribe(70925)Hace 8 horas
Muy buen análisis de la obra de Macedonio. Gracias por recordarlo.
Gines de Pasamonte(86371)Hace 9 horas
En el libro: “Jorge Luis Borges, Osvaldo Ferrari, los diálogos”, pág. 68, Borges nos da una semblanza de su amigo Macedonio Fernandez, ahí nos dice que este escribía para ayudarse a pensar, dándole muy poca importancia a sus escritos, al punto que abandonaba los mismos en las pensionas donde se alojaba, su disculpa se apoyaba en su memoria, lo que pensé en tal pensión, lo volveré a pensar en otra. “Pensaré en la calle Jujuy lo que pensaba en la calle Misiones”. Fecundo 2026, Fernando.
DONALDO MENDOZA M.(67774)Hace 9 horas
La risa, según H. Bergson, es el rasgo humano que más nos distingue del animal. Para reír, o tener sentido del humor, es preciso estar libre de prejuicios (especial/ los de mala intención).
  • Gines de Pasamonte(86371)Hace 8 horas
    “Sábete Sancho que es mucha sandez la risa que de leve causa procede” increpa el honorable manchego. En este foro, por ejemplo, es inevitable reír a mandíbula batiente con las “carajadas” del papanatas o la papanatas atenitas. Lo hilarante del caso es que se ufana de ello, de ser la más ridiculizada, jajajajaja. Saludos, Donaldo.
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