Este podría ser el año definitivo de William T. Vollmann: en junio se publicará su novela A Table for Fortune, en octubre se anunciará el Premio Nobel de Literatura y, entre una cosa y la otra, o mejor dicho, en cualquier momento, también se puede morir. Hace seis meses, en su casa en Sacramento, California, en una entrevista a la hora del desayuno con The Wall Street Journal, dijo que no iba a seguir sometiéndose a más rondas periódicas de quimioterapia para tratar el cáncer de colon: “Me quedan entre tres meses y tal vez dos o incluso tres años de buena salud”. Luego se tomó el último trago de Balvenie DoubleWood 12 (el periodista, pese a la insistencia del anfitrión, solo tomó café) y fue a buscar un analgésico.
Aparte del cáncer, en estos últimos años un carro lo atropelló, tuvo una embolia pulmonar y Lisa, su única hija, murió por problemas de alcoholismo. En el ámbito literario surgieron a su vez algunos contratiempos: Viking, la editorial donde había publicado por treinta años, dejó de publicarlo ya que la extensión de A Table for Fortune indispuso e intimidó a todos. Susan Golomb, la agente literaria de Vollmann, dijo: “Cuando Bill mencionó que estaba pensando en escribir un libro sobre la CIA, me emocioné muchísimo. Pensé que haría un trabajo excelente. Y me alegra que lo haya hecho”.
El trabajo de investigación y escritura le tomó a Vollmann unos 15 años. Durante ese tiempo no dio muchas pistas, salvo un pequeño detalle: será muy larga. Llegó el día fatídico en el que los involucrados abrieron los archivos de la novela. Golomb llamó a Paul Slovak en Viking. Y ambos coincidieron en una cosa: “Esto va a ser difícil”. El manuscrito tenía 3.000 páginas, muchas fotografías y muchos tipos de fuentes. ¿Cuánto costaría eso? Slovak, amigo y editor de Vollmann, le pidió que redujera el manuscrito. Vollmann no le prometió nada, pero le dijo que volvería a mirarlo. Cuando Slovak recibió la nueva versión la novela tenía 3.400 páginas. Llamó a Vollmann un poco irritado: era necesario hacer varios recortes. Vollmann se negó. En un artículo en Harper’s, Vollmann reconstruyó más tarde el episodio: “Después de 700 páginas, el protagonista de la novela seguía sin nacer, y a mi editor le pareció tedioso”. Ahí terminó, como dice Alexander Sorondo en “El último contrato: la batalla de William T. Vollmann para publicar una epopeya norteamericana”, la primera parte de esta saga editorial.
En la segunda parte Golomb tocó las puertas de Knopf y Grove Atlantic. Pero las puertas se abrieron y al mismo tiempo se cerraron. Resolvió entonces probar suerte en editoriales independientes: New Directions y NYRB Books. Tampoco tuvo suerte. Meses más tarde el manuscrito aterrizó en Arcade Publishing, un sello editorial de Skyhorse Publishing, la editorial que ha publicado una serie de autores vetados por la modita de la “cultura de la cancelación”: de Woody Allen a Robert Kennedy. Esta editorial se arriesgará a publicar A Table for Fortune, el acontecimiento literario del año.
Volveré a hablar un poco de esta novela y de la vida y obra de William T. Vollmann antes de que el cáncer de colon o el Premio Nobel de Literatura lo fulminen.