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Otto Weininger: prejuicios de genio

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Luis Fernando Charry
12 de febrero de 2022 - 05:30 a. m.
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Las dificultades que tuvo Otto Weininger para publicar su tesis de doctorado ensombrecieron un poco más su legendario ensimismamiento. Con razón Artur Gerber, su amigo y confidente, subrayó: “Uno nunca, salvo en los últimos meses, podía encontrar en su rostro ningún indicio de lo que estaba sucediendo en el fondo de su alma”. A pesar de las dificultades Weininger siguió trabajando en su tesis aquel otoño de 1902 y en mayo del año siguiente una editorial vienesa por fin se arriesgó a publicarla: Sexo y carácter. Una investigación de principios.

Al poco tiempo Weininger fue acusado de plagio; antes de que estas acusaciones infundadas terminaran de deprimirlo se fue de vacaciones a Italia. Cuando volvió a Viena alquiló una habitación en Schwarzspanierstraße 15 —el mismo edificio en el que su amado Beethoven muriera—, y el 3 de octubre de 1903, al anochecer, escribió dos cartas (una a su padre, otra a su hermano) y se metió un tiro en el pecho. Tenía 23 años.

Para sus detractores su suicidio fue un acto de cobardía teatral y para sus defensores, un acto de coherencia con respecto a su propia obra, cuyas preocupaciones iniciales se trasladarían a Sobre las últimas cosas, su segundo y último libro, publicado un año después de su muerte. Entre los lectores confesos de este libro en particular y de su obra en general cabe mencionar a figuras de la talla de Musil, Popper, Strindberg, Trakl, Ludwig Wittgenstein (e incluso Hermine Wittgenstein, hermana del filósofo: en una carta dirigida a Ludwig le confesó que la lectura de Sobre las últimas cosas de cierto modo compensaba su ausencia). Estos lectores calificaron a Weininger con el apelativo de genio. Y sobre esta “categoría” inverificable el propio Weininger se arriesgó a teorizar.

En “Metafísica”, uno de los siete capítulos de Sobre las últimas cosas, apunta: “El genio solo puede ser lo contrario del loco perfecto o lo contrario del criminal perfecto. Todo genio teme a cualquiera de estas dos alternativas”. Y en otra parte: “El coito es un sucedáneo del asesinato, y solo una delgada línea separa al asesino del don Juan (…). Copular es la única ‘forma de llenar el tiempo’ con que cuentan ciertos hombres (por cierto, es posible que estos hombres sólo existan como posibilidades en el genio)”.

Weininger recorre a su vez a lo largo del libro la historia del pensamiento filosófico: de Heráclito a Platón, de Kant a Nietzsche. A los lectores alérgicos a la filosofía yo les recomendaría el soberbio estudio sobre Peer Gynt de Ibsen o las disquisiciones musicales alrededor de Beethoven, de Schubert y —en especial— de Wagner. Esta pasión wagneriana ha sido por lo demás el punto de partida a la hora de desvirtuar su obra ya que sus detractores suelen asociarla con ligereza al surgimiento del nazismo. Por eso a Weininger (judío, homosexual, suicida) se lo ha tildado de psicópata y misógino, y se lo ha puesto a la altura de ese pintor mediocre llamado Adolf Hitler.

Indudablemente Weininger se equivocó en muchos juicios, como le dijo Ludwig Wittgenstein a Maurice O’Connor Drury, pero fue un “genio”. Y como cualquier genio joven vivió lleno de prejuicios. ¿Eso debería invalidar su obra?

Luis Fernando Charry

Por Luis Fernando Charry

Escritor, periodista y editor
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Miguel(78770)13 de febrero de 2022 - 05:24 a. m.
Que importante que se tenga en cuenta a este tipo de personajes de tanto valor en el.pemsamiento contemporáneo,en especial está vertiente europea de filiación austrohungara de la q Viena fue eje por la q desfilaron insignes pensadores
Contrapunteo(18670)13 de febrero de 2022 - 03:04 a. m.
Ud. si leyó el libro señor columnista? Porque lo que aparece en su artículo son frases que aparecen en el resumen del libro.
Pedro(86870)12 de febrero de 2022 - 07:00 p. m.
Interesante columna. Yo creo que el genio de los genios del siglo XX en filosofía fue Edmund Husserl, Alguien que todavía se está descubriendo por sus inéditos. Por fortuna era era más responsable que genio
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