Ricardo Piglia escribió dos novelas deudoras del género policial: Plata quemada y Blanco nocturno. Son en el fondo dos crónicas dignas de la sección roja de la prensa amarillista, cuyo material apócrifo —documentos, grabaciones, testimonios, entrevistas— no invalida por cierto el carácter de verosimilitud. En Plata quemada se narra la historia de un robo bancario en San Fernando, provincia de Buenos Aires. El suceso está fechado: 27 de septiembre de 1965. En el plan original han participado políticos, policías y criminales. Después del robo la banda de asaltantes decide traicionar a sus socios: matan a un policía, huyen con todo el botín y se inicia una cacería por los bajos fondos de Buenos Aires y Montevideo que termina con un combate épico, psicótico y sangriento.
Al mismo tiempo la novela aborda otro aspecto subterráneo: la fricción entre el dinero y la ley. Sin este tipo de fricciones, según Piglia, el género policial no se podría entender: “Basta pensar en el lugar que tiene el dinero en estos relatos. Quiero decir, basta pensar en la compleja relación que establecen entre el dinero y la ley: en primer lugar, el que representa la ley solo está motivado por el interés, el detective es un profesional, alguien que hace su trabajo y recibe un sueldo (mientras que en la novela de intriga el detective es generalmente un aficionado que se ofrece «desinteresadamente» a descifrar el enigma); en segundo lugar, el crimen, el delito, está siempre sostenido por el dinero: asesinatos, robos, estafas, extorsiones, secuestros, la cadena es siempre económica (…)”.
Esta fricción entre el dinero y la ley también está presente en Blanco nocturno, donde el dinero ha sido la causa del asesinato de Tony Durán. Con este clásico dispositivo policial comienza la crónica. En principio se trata de un trabajo periodístico exhaustivo, con notas al pie de página (la temática de las notas va de lo geográfico a lo científico, pasando por los referentes literarios), donde se va reconstruyendo la vida de Durán. Vamos conociendo así sus orígenes puertorriqueños, su peculiar forma de hablar español e inglés, su fascinación por los casinos de Atlantic City, su encuentro con las hermanas Belladona, su viaje a un pueblo de la provincia de Buenos Aires. En este punto el asesinato de Durán se convierte en una estrategia para rastrear las complejas relaciones económicas de un pueblo de provincia en el cual imperan la corrupción, el chisme, la envidia, los malentendidos, las especulaciones. Es entonces cuando aparece Emilio Renzi: testigo, periodista, autor. Y a partir de ahí Renzi registra por escrito las historias familiares que le cuenta Sofía Belladona.
De este modo la novela de golpe deja de ser un rígido artefacto policial para transformarse, con invisibles transiciones, en otra cosa: ¿novela familiar?, ¿novela rural?, ¿novela filosófica?, ¿novela de aprendizaje? ¿O más bien todas las anteriores, como pasa en Respiración artificial? En síntesis, el género policial no solo potencia la confluencia de géneros sino también imposibilita el “encasillamiento”. ¿Acaso será por eso que cuando leemos “una” de estas novelas de Ricardo Piglia en realidad leemos una serie de novelas?