Julio Cortázar solía quejarse con frecuencia de la falta de humor en la literatura latinoamericana (los curiosos pueden consultar su correspondencia, sus intervenciones públicas o el libro de entrevistas con Omar Prego Gadea). Tenía razón: a los escritores latinoamericanos el humor los oprime. Y esa opresión los vuelve un poco más solemnes de lo que ya son.
Hay excepciones, sin embargo: Virgilio Piñera, Felisberto Hernández, Mario Levrero (me perdonarán los puristas latinoamericanos que incluya al brasilero Joaquim Maria Machado de Assis) y una larga tradición argentina que va de Lucio Mansilla a Roberto Fontanarrosa, pasando por...

Por Luis Fernando Charry
Escritor, periodista y editor
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