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William T. Vollmann (II)

Luis Fernando Charry

02 de mayo de 2026 - 12:05 a. m.

Las tragedias han sido una constante en la vida de William T. Vollmann. En 1968, a los nueve años, por un descuido suyo, Julie, su hermana menor, se ahogó en un estanque en New Hampshire. Julie tenía seis años. Esta tragedia ha marcado gran parte de su obra, como se desprende de The Atlas: People, Places, and Visions (1996), un compendio de algunos de sus trabajos periodísticos alrededor del mundo: Madagascar, Camboya, Serbia, Croacia, India, México, Australia, Japón, Myanmar.

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Y —en primer lugar— Afganistán: donde empezó todo y donde todo casi termina. Por entonces acababa de cumplir 23 años. Según Vollmann, el viaje tenía un propósito altruista: identificar a los candidatos que pudieran merecer un tipo de ayuda económica del gobierno norteamericano. Al comienzo las cosas salieron bien, luego todo se complicó. Entonces decidió unirse a un grupo de muyahidines para luchar contra la Unión Soviética. De los combates salió airoso, pero se enfermó de disentería y tuvieron que evacuarlo a través de las montañas del Hindú Kush. Las experiencias de este viaje serían el germen de su primer libro de no ficción: An Afghanistan Picture Show, or, How I Saved the World (1992).

En otros trabajos ha sorteado otros peligros: un par de persecuciones en Tailandia, donde se atrevió a rescatar de las garras del hampa a varias niñas prostitutas (protagonistas de su novela Historias del mariposa); una explosión de una mina durante el cubrimiento de la Guerra de Bosnia (dos de los periodistas con los que iba en el jeep murieron); un cuadro de hipotermia acompañado de alucinaciones en el Polo Norte mientras experimentaba en carne propia todo lo que John Franklin debió de experimentar en su famosa excursión (la crónica privada de esta odisea subyace en The Rifles); y más de cien incursiones en los bajos fondos de ciudades norteamericanas y asiáticas para poder captar todos los matices de la prostitución. De ahí viene esta recomendación: “La mejor manera de fumar crack es aspirándolo suavemente del tubo de vidrio roto, con la misma delicadeza con la que aspirarías el humo del crack de los labios de la prostituta que te está besando”.

Sus investigaciones de largo aliento, claro, suelen moverse al antojo de sus intereses: las causas ocultas de la pobreza alrededor del mundo (Poor People, 464 páginas), los sueños rotos de los trabajadores migrantes en un condado fantasmal de la frontera entre México y Estados Unidos (Imperial, 1200 páginas), los factores más desconcertantes de la violencia en la historia universal (Rising Up and Rising Down, 3.352 páginas en siete volúmenes, aunque también hay una versión abreviada de 752 páginas).

Durante más de 40 años Vollmann ha colaborado en Harper’s, Playboy, Esquire, The New Yorker, Gear, Conjunctions, Granta, entre otros. No hace mucho Granta le dedicó un número entero a un artículo de Vollmann sobre sus viajes por el territorio ucraniano arrasado por la guerra. Según Alexander Sorondo, el artículo debía tener 5.000 palabras. Pero Vollmann les mandó 40.000. Al final convinieron en publicar 15.000 palabras. Desde luego, el artículo terminó siendo una muestra más del estilo Vollmann: alusivo, enciclopédico, digresivo y muy extenso.

Por Luis Fernando Charry

Escritor, periodista y editor
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