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¿Podrá Israel sobrevivir otros sesenta años?

Christopher Hitchens

17 de mayo de 2008 - 07:30 p. m.

ES DE CIERTO MODO ABSURDO Y trivial utilizar la palabra Israel y la expresión “sexagésimo aniversario” en la misma frase o a renglón seguido (¿Qué es esto, alguna ceremonia adornada de velas en Miami?).

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Las preguntas son en cierto sentido más antiguas, y también algo más modernas que eso. Tienen más apremio y son más urgentes. ¿Ha hecho el sionismo a los judíos más o menos seguros? ¿Ha curado o no el antiguo problema del antisemitismo? ¿Forma parte del “tikkun olam” el mandato para curar y reparar el mundo o es otra rasgadura en la tela? Como siempre, el pueblo judío está en todos los costados de este razonamiento. Hay rabinos de la secta hasídica que consideran el Estado judío una blasfemia, pero sólo porque ese Estado no puede existir mientras se aguarda la llegada del Mesías (que podría demorarse).

Hay judíos izquierdistas avergonzados de que un Estado colonizador se haya erigido sobre las ruinas de tantas aldeas palestinas. También hay judíos que colaboran con cristianos ultraconservadores en un esfuerzo por traer el Armagedón, cuando todas esas cuestiones habrán periclitado. Y, por supuesto, hay judíos que simplemente continúan viviendo en, o apoyando desde la distancia, a un pequeño Estado con los nervios destrozados que absorbe un montón de violencia y crueldad y se ha mostrado muy capaz de infligir la misma violencia y crueldad.

Esto me recuerda a F. Scott Fitzgerald y su aforismo sobre la necesidad de vivir en medio de una contradicción (“La prueba de una inteligencia de primera es la habilidad para mantener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo, y aún así poseer la habilidad de mantenerla en funcionamiento”).

¿Deseo a veces que Theodor Herzl y Chaim Weizmann nunca hubieran persuadido, ya sea a los judíos o a los gentiles, para crear un casi utópico Estado de granjeros y trabajadores en el extremo oriental del Mediterráneo? Sí. ¿Deseo que la fuerza aérea israelí pueda encontrar y destruir todos los arsenales de Jezbolá, Hamas y la Yihad Islámica? Sí. ¿Pienso que es ridículo que eruditos y doctores vieneses y rusos y alemanes hayan vibrado con los locos ritmos de las antiguas “profecías” en vez de secularizar y reformar sus propias sociedades? Definitivamente, sí. ¿Siento horror y disgusto con la idea de que una entera nueva generación de árabes-palestinos está naciendo en la desposesión y/o ocupación que ya sufrieron sus abuelos e incluso sus bisabuelos? Absolutamente, sí.

Las cuestiones de principios y los temas de bruto realismo tienen una tendencia a converger (especialmente para alguien que no piensa que el cielo tiene algo que ver en el juego). Sin Dios de su lado, ¿qué demonios están haciendo los israelíes en la zona de la Gran Jerusalén? Israel puede no ser el Estado delincuente que tantas personas piensan que es —incluso esas personas que disculpan los crímenes de Siria e Irán— pero, ¿qué pasa si corre el riesgo mucho peor de ser un Estado fracasado? Aquí debo cesar de hacer preguntas y simple y honestamente responder una. En muchas visitas a la llamada Tierra Santa, nunca he sido capaz de imaginar que un Estado judío en Palestina seguirá existiendo dentro de cien años. Un Estado para los judíos, posiblemente. Pero un Estado judío...

La propaganda israelí ha oscurecido esta crucial distinción por largo tiempo. Si todo lo que se deseaba era un cinturón de territorio judío en la costa y los llanos, tal como ese que era ocupado por la “yishuv” en los días previos al Estado, la comunidad internacional podría fácilmente haberlo colocado dentro del perímetro de defensa de Occidente o de las Naciones Unidas o, más tarde, de la OTAN.


Ajá, dicen los sionistas, ya no existen los malos días en que éramos tan ingenuos como para confiar en que los gentiles nos defenderían. Muy bien. Pero también tomen en cuenta la secuela. Israel es ahora increíblemente dependiente de no-judíos para su propia defensa y, además, gobierna sobre millones de otros no-judíos que la aborrecen y detestan desde el fondo de sus corazones. ¿Cuánto tiempo piensa el lector que el primer conjunto de no-judíos continuará defendiendo Israel del segundo lote y de sus muy ricos y numerosos parientes?

En otras palabras, el sionismo solamente ha reubicado y colocado en otra posición la cuestión del antisemitismo. Para mí, la familia israelí no es la alternativa a la diáspora. Es parte de la diáspora.

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Creo que hay tres grupos de judíos. El primero vive en lo que el movimiento sionista acostumbraba a llamar Palestina. El segundo vive en los Estados Unidos. El tercero está distribuido principalmente entre Rusia, Francia, Gran Bretaña y Argentina. Solamente el primer grupo sufre diariamente los ataques con misiles que pueden ser (y son) lanzados por personas que odian a los judíos. Bueno, se supone que la ironía es una especialidad judía.

El último punto, sin embargo, me conduce a mis observaciones de cierre. Es un idiota moral quien piensa que el antisemitismo es una amenaza solamente para los judíos. La historia de la civilización demuestra algo bastante diferente. La judeofobia es un pronóstico infalible de barbarie y colapso, y los Estados y movimientos que la promulgan están condenados al suicidio tanto como al homicidio, como fue demostrado en la católica España y en la Alemania nazi.

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La actual república islámica iraní es una pesadilla para sus propios ciudadanos, como también una apestosa molestia y amenaza para sus vecinos. Y el más deprimente y miserable espectáculo de la década pasada, para quienes les preocupa la democracia y el secularismo, ha sido la degeneración del nacionalismo palestino árabe en el infierno teocrático y tanatocrático de Hamas y Yihad Islámica, donde el portal de acceso a la internet de la facción que gobierna Gaza proclama un respaldo a Los protocolos de los sabios de Sión.

Esta obscenidad no puede disculparse con desparpajo, usando términos como “desesperación” u “ocupación”, tal como lo han hecho otros religiosos tontos, por ejemplo Jimmy Carter, quien se las arregló para encontrarse con los gánsteres de Hamas sin mencionar ese manifiesto racista. (¿Va a ser justificada la masacre entre musulmanes en Darfur o Irak o Pakistán o el Líbano por las condiciones en Gaza?).

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En cambio, no sionistas como yo desean preguntar si, a pesar de todo, Israel debe ser defendida como parte del Occidente democrático. Es una pregunta que los propios israelíes no han respondido de manera completamente convincente. Y si realmente desean celebrar no sólo su 60 aniversario, sino también su septuagésimo cumpleaños, mejor que traigan una respuesta a toda velocidad.

*Periodista, comentarista político y crítico literario, muy conocido por sus puntos de vista disidentes, aguda ironía y agudeza intelectual. (Traducción de Mario Szichman).

 

c.2008 WPNI Slate

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