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Les escribo como ciudadano colombiano, como persona con discapacidad visual y como pensionado. No represento a ningún partido político ni hago parte de ninguna campaña. Simplemente soy uno de los millones de colombianos que observó con atención esta contienda presidencial y que siente una preocupación genuina por el futuro del país.
Durante las últimas semanas me tomé el tiempo de leer propuestas, revisar programas de gobierno y escuchar entrevistas de candidatos y voceros de distintos sectores. Después de hacerlo, llegué a una conclusión inquietante: esta elección no habría tenido que reducirse a una pelea entre izquierda y derecha, ni a una competencia de popularidad en redes sociales. Lo que estaba y sigue en juego es demasiado importante.
Mi preocupación comienza por la seguridad. Mientras algunos candidatos proponían fortalecer la capacidad del Estado para enfrentar la criminalidad y otros insistieron en profundizar estrategias de diálogo y construcción de paz, la realidad es que amplias zonas del país continúan sufriendo extorsiones, desplazamientos, confinamientos y presencia de grupos armados ilegales. Los ciudadanos necesitamos saber cómo se recuperará la autoridad del Estado sin sacrificar derechos fundamentales y cómo se garantizará que las comunidades puedan vivir sin miedo.
También me preocupa profundamente la salud. Los colombianos hemos visto cómo el acceso a medicamentos, tratamientos especializados y atención oportuna se ha convertido en motivo de angustia para miles de familias. Algunos sectores plantean fortalecer el modelo existente, mientras otros consideran que deben profundizarse las transformaciones iniciadas en los últimos años. Más allá de las diferencias ideológicas, lo que realmente importa es que los pacientes reciban atención digna y efectiva. La salud no puede seguir siendo un campo de batalla político mientras las personas esperan respuestas que no llegan.
Como persona con discapacidad visual, me preocupa especialmente la escasa relevancia que tuvo la discapacidad dentro del debate nacional. En los programas de gobierno se hablaba de inclusión, equidad y derechos sociales. Sin embargo, pocas veces se encuentran propuestas concretas sobre accesibilidad digital, educación inclusiva, empleo para personas con discapacidad, tecnologías de apoyo, movilidad accesible y cumplimiento efectivo de los ajustes razonables que exige la legislación colombiana.
Quienes vivimos una discapacidad sabemos que la verdadera inclusión no se logra únicamente con discursos bien intencionados. Se logra cuando una persona puede estudiar, trabajar, movilizarse y participar plenamente en la sociedad sin encontrar barreras en cada paso de su vida cotidiana.
La educación es otro tema que merece una reflexión seria. Se habló de transformación digital, inteligencia artificial, educación pública, cobertura y acceso. Todo eso es importante. Sin embargo, el país sigue enfrentando problemas estructurales relacionados con la calidad educativa, la permanencia estudiantil, la formación docente y las enormes brechas entre las zonas urbanas y rurales. La educación debería ser una política de Estado y no una bandera temporal de campaña.
Como pensionado, no puedo ocultar mi preocupación frente al futuro del sistema pensional. Cada reforma se presenta como la solución definitiva, pero quienes dependemos de una pensión observamos con incertidumbre los cambios propuestos. Detrás de cada cifra, de cada balance fiscal y de cada discusión técnica, existen personas que trabajaron durante décadas y que necesitan estabilidad para vivir sus años de vejez con tranquilidad y dignidad.
Asimismo, me inquieta el futuro de los programas sociales. Algunos sectores consideran que deben ampliarse y fortalecerse. Otros creen que es necesario racionalizarlos o transformarlos. Ambas posiciones merecen ser discutidas con seriedad. Sin embargo, cualquier decisión debe partir de una realidad innegable: millones de colombianos sobreviven gracias a esos apoyos. La discusión no debería ser si existen o no, sino cómo hacerlos más eficientes, transparentes y sostenibles.
Igualmente, considero que los medios de comunicación tienen una enorme responsabilidad en este momento histórico. Lamentablemente, con demasiada frecuencia, los debates públicos terminan concentrados en polémicas, confrontaciones personales, encuestas y escándalos de coyuntura. Mientras tanto, asuntos fundamentales como la salud, la educación, la discapacidad, la seguridad o las pensiones reciben una atención mucho menor. Los ciudadanos necesitamos más periodismo que examine propuestas, contraste cifras y exija explicaciones concretas. Menos espectáculo y más profundidad.
No escribo estas líneas para apoyar o atacar a ningún candidato. Las escribo porque siento que Colombia atraviesa un momento decisivo. Como persona ciega, sé lo que significa enfrentar barreras todos los días. Como pensionado, conozco la importancia de la estabilidad y la protección social. Como ciudadano, entiendo que las decisiones que tomemos en las urnas tendrán consecuencias durante muchos años. Por eso, mi llamado ha sido simple: haber votado con conciencia. Leer antes de compartir. Analizar antes de repetir consignas. Escuchar propuestas antes que discursos emocionales. Y exigir respuestas concretas sobre los problemas reales del país.
Porque, ahora que terminó la campaña, cuando van desapareciendo los eslóganes y cuando los candidatos dejaron de recorrer plazas y estudios de televisión, los colombianos seguimos enfrentando las mismas preguntas: ¿habrá seguridad? ¿Habrá atención en salud? ¿Habrá oportunidades para las personas con discapacidad? ¿Serán sostenibles las pensiones? ¿Existirán programas sociales eficaces? Esas son las preguntas que verdaderamente importan.
* Ciudadano colombiano, pensionado y con discapacidad visual.