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Como Erikha Aponte, muchas mujeres están en peligro

Columnista invitada y Laura Camargo Ramírez

19 de mayo de 2023 - 09:00 p. m.

Aunque se hable de violencia intrafamiliar y esté contemplada en el artículo 229 del Código Penal, o se reconozca el feminicidio, nos queda claro que no todos los colombianos saben reconocer la violencia intrafamiliar. Al feminicidio le ponemos adornos, lo llamamos “crímen pasional”, y aun muchos no reconocen que es un delito y que la ley protege a las mujeres víctimas y a su núcleo familiar y sus derechos humanos. La violencia intrafamiliar está tipificada como delito da para proteger el núcleo familiar y los derechos fundamentales de cada ser humano dentro de la familia, donde no se cobije la impunidad de actos o delitos cometidos por miembros del mismo núcleo familiar.

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Se reconoce por violencia intrafamiliar todo maltrato físico, verbal o psicológico que se cause a un miembro dentro de su núcleo familiar según lo establece la ley. Pero también debemos reconocer que la violencia intrafamiliar se presenta en gran medida y según cifras de la Procuraduría con casos de la mano de feminicidios. En lo corrido de este año, y hasta el 6 de marzo, se han registrado 3.483 casos de violencia intrafamiliar y 1.516 exámenes de medicina legal por presunto delito sexual.

Vemos además de cara que la violencia machista se encuentra arraigada en el día a día de una gran mayoría de los colombianos y se ha normalizado, pues el no contar con una cultura en contra del machismo y no reconocer que termina siendo una forma de maltrato hacia nosotras se ha normalizado y en otros casos ocultado por miedo, temor de desigualdades frente a los hombres, a denunciar abusos psicológicos, verbales o físicos. Permitiendo ir a la sociedad en un piloto automático donde frases como “ella se lo buscó”, “yo no quería matarla”, “usted empezó primero” se han vuelto un común denominador de algunos hombres machistas en audiencias, en interrogatorios, y esto no debería ser así. Hemos dejado de lado la conciencia de reconocer como sociedad que el feminicidio y la violencia intrafamiliar son un hecho y que cuentan con cifras alarmantes a lo largo de nuestra historia.

Erikha Aponte Lugo (26 años) es un ejemplo de feminicidio y violencia intrafamiliar. Fue sorprendida por la muerte en su lugar de trabajo, pero como ella muchas mujeres pueden estar inmersas o conocer a alguien que lo esté cuando lean esta columna en un caso similar, y no haber alzado su mano ni su voz para denunciar aún, de pronto por desconocer la ley, otras por temor y en otros casos porque no se tiene una consciencia de justicia si se denuncia.

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Denunciar es el acto más valiente que podemos ejercer, pues por medio de él reconocemos nuestros derechos como mujeres y damos ejemplo a futuras generaciones. Reconocemos los derechos que tenemos y cómo el Estado colombiano debe salvaguardar nuestros derechos como colombianas. Recordemos que Colombia hace parte de los países que reconocen la Convención de Belém do Pará, tratado vinculante que vela en contra de la violencia contra las mujeres y que aboga por proteger nuestros derechos humanos. Como mujeres gozamos de tener el derecho de vivir una vida libre, sin violencia, no necesitamos perder a más mujeres.

El desconocer nuestros derechos humanos como mujeres y dejar de lado los conceptos jurídicos tan valiosos ya sea por temor, desconocimiento o silencio es abrirle la puerta a la arbitrariedad. La familia nunca debe ser el caldo de cultivo de la impunidad.

* Abogada especialista en Derecho de Familia, doctoranda en Derecho de Daños y Familia Universidad Javeriana.

@legalmentelaura

Por Laura Camargo Ramírez

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