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Cuestión de amistad

Columnista invitada y Heidi Abuchaibe Abuchaibe*

02 de noviembre de 2023 - 05:34 p. m.

“Para el pueblo de Israel, solo hay una cosa mejor que tener a un verdadero amigo del lado de Israel, y es tenerlo en Israel” afirmó Netanyahu en la reciente visita de Biden a ese país. “Gracias, señor presidente, por estar del lado de Israel, hoy, mañana y siempre”, cerró Netanyahu.

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En términos de amistad, también se había expresado el exministro Israelí Yuval Steinitz en diciembre de 2016 contra Estados Unidos por no haber ejercido el veto ante la decisión del Consejo de Seguridad que reiteraba la ilegalidad de los asentamientos israelíes en territorio palestino ocupado: “No es así como se trata a los amigos”.

A lo largo de la historia de ese país, ninguna de las declaraciones oficiales de Israel y sus misiones diplomáticas se desgasta rindiendo cuentas al mundo sobre la comisión de crímenes de guerra, genocidio y lesa humanidad, ni niegan la política expansionista israelí cuyo resultado son más de 750.000 colonos ilegales en territorio palestino; no se defiende de la acusación de no respetar las fronteras del 67; no niegan violar el derecho internacional humanitario, e inclusive la resolución 181, que presentan para legitimar la ilicitud de su creación. La furia o exaltación sionista se fundan en la amistad, en honrar o defraudar la amistad, por ser o no incondicional. “Un amigo no deja que se lleven a su amigo al Consejo de Seguridad de la ONU,” dijo Netanyahu a John Kerry en aquella ocasión.

Hay una historia tomada del folklore judío (cuentos populares y leyendas de la cultura judía) que explica la reacción sionista y su entender de la amistad. Se trata de un padre que le contaba a su hijo sobre lo difícil que era hacer amigos. El hijo no entendía cómo su padre, una persona tan maravillosa, aseguraba tener solo “medio amigo”, cuando él, a su corta edad, creía tener más de 200.

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El padre le propuso poner a prueba a sus amigos; le pidió que tomara una cabra, que la matara y la pusiera en un saco para simular que era un hombre muerto; que fuera donde sus 200 amigos y les pidiera, ayuda para enterrarlo, relatando que habría sostenido una riña después de haber tomado unos tragos en un bar, y que a golpes le habría matado.

El hijo lo hizo con los 200 amigos, pero ninguno accedió a ayudarlo. El padre le pidió entonces ir donde su medio amigo y presentarse como hijo de Jaim con la misma historia. Su hijo lo hizo la misma noche, le contó sobre el bar y la pelea y el cuerpo, a lo que aquel le contestó: “Bueno, en realidad no debería ayudarte, pero qué puedo hacer, eres el hijo de Jaím”. Sacó el cuerpo al patio, cavó un hoyo y enterró el saco. “Ahora vuelve a casa. Permanece lejos de los bares. Si alguien te insulta, permanece tranquilo. Pero, sobre todo, olvida que alguna vez me conociste”, le dijo.

Cuando el hijo volvió donde su padre le preguntó por qué lo llamaba medio amigo si fue el único que lo habría ayudado, a lo que el padre le contestó: “Alguien que titubea o dice: ‘En realidad no debería hacer esto’ es un medio amigo”, aunque haya prestado su ayuda.

Para el régimen sionista, todos los que cuestionen el actuar de Israel son medio amigos, aunque lo hayan ayudado. Porque para Israel, un amigo debe servir y obedecer a sus intereses de manera incondicional, aun cuando su actuar sea ilegal.

Porque Israel no ve en las instancias internacionales ni a los demás Estados como pares, que puedan, en el marco de su soberanía, definir de manera libre sus relaciones exteriores. Para Israel nunca ha sido necesario ni cómodo el derecho internacional. ¿Para qué, si se tiene amigos?

Ese frágil sistema jurídico solo tiene sentido si legitima y legaliza el favor de los amigos. E Israel sí que sabe de eso. Fue favor de amigos su creación y las multimillonarias partidas presupuestales que año a año destina Estados Unidos para su seguridad; acción de amigos el silencio por más de 75 años, que ha dejado una comunidad internacional cansada de enterrar cuerpos sin cuestionar. Hoy, los amigos de Israel se encuentran ante una sinsalida; como ante el drogadicto que niega la adicción y rechaza la ayuda.

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Desconoce que el verdadero amigo es el que lo previene antes del salto al vacío, de la autodestrucción. John Kerry haciendo referencia a aquel incidente se los recordó “Los amigos se dicen la dura verdad y se respetan”. Porque la amistad para hacer mal, el apoyo para delinquir, la asociación para ocultar el accionar criminal, tiene otro nombre: complicidad.

* Docente en el área de Derecho Internacional Público por más de 23 años en la Universidad Externado de Colombia. @Heidi Abuchaibe

Por Heidi Abuchaibe Abuchaibe*

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