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El mercado laboral dentro de las casas

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Columnista invitada: Andrea Londoño Sánchez*
22 de abril de 2026 - 05:19 p. m.
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Las cifras recientes del mercado laboral colombiano invitan al optimismo, pero...

En febrero de 2026, la tasa de desocupación fue 9,2 %, la más baja para ese mes desde 2001. Pero si queremos entender qué tan profundo es ese avance, conviene mirar no solo cuántos empleos se crean, sino qué tipo de empleo es, en qué condiciones ocurre y en qué lugares del país social se sostiene. Y uno de esos lugares es la casa. Más exactamente: el trabajo doméstico remunerado.

El trabajo doméstico no es una nota al pie del mercado laboral. Es uno de sus espejos más nítidos de una sociedad, al menos para las mujeres. Allí se concentran la desigualdad de género, la informalidad, la baja protección social y la costumbre de considerar “destino” o ayuda lo que en realidad es trabajo. Por ocurrir dentro del hogar, relativizamos la seriedad de esta relación laboral.

Las cifras son elocuentes. Mientras la informalidad laboral nacional está en el 55,3 %, en el trabajo doméstico es del 80 %. Además, el 92 % de quienes realizan esta labor son mujeres.

En la última rueda de prensa del DANE, en la fundación Hablemos de Trabajo Doméstico le preguntamos a su directora, Piedad Urdinola, por la variación reciente de esta ocupación. Su respuesta fue que “para febrero de 2026, el total nacional de mujeres ocupadas en esta posición alcanzó las 689.000, lo que representa un aumento de 25.000 frente al mismo periodo del año anterior, cuando se registraban 664.000”. Es decir: creció el número de trabajadoras domésticas ocupadas. Pero ahí mismo aparece la pregunta: ¿creció también la calidad del empleo o simplemente se amplió un sector que sigue funcionando, en buena parte, sobre bases precarias?

Aquí la discusión suele empobrecerse. Durante años hemos hablado de la informalidad del trabajo doméstico como un problema ético y cultural, enraizado en la división sexual del trabajo. Nos hemos enfocado en corregir el déficit normativo, la cultura ciudadana y la deuda moral de los empleadores. Algo de todo eso hay. Sin embargo, hemos omitido una de las partes determinantes: el análisis de los hogares como empleadores, ¿cómo son?

Los y las empleadoras no son un grupo homogéneo, ordenado y jurídicamente compacto; son muy heterogéneos. En Colombia existen, por lo menos, seis categorías de hogares empleadores. Las seis que durante décadas se asociaron a los estratos socioeconómicos. Pero podríamos estudiarlos con otras categorías. Cada uno tiene ingresos distintos, desigual capacidad administrativa, diferente margen para sostener una contratación formal. Decirlo no es justificar el incumplimiento, es empezar a describir mejor el terreno sobre el que el país pretende construir formalización. ¿Por qué no aplicarle a la formalización del trabajo doméstico, estrategias de segmentación de la población, como lo hace el mercadeo, la sociología, la economía, o la salud pública?

Los hogares, a diferencia de las empresas, son contratantes frágiles. No tienen departamentos de recursos humanos, ni tienen estructuras administrativas. Muchas veces deciden contratar en medio de urgencias de cuidado, enfermedad, envejecimiento, sobrecarga familiar o ingresos inestables. Son empleadores, sí, pero son empleadores atípicos. Esa fragilidad no borra la obligación laboral, pero cambia la forma de pensarla.

Hagámonos otras preguntas útiles. ¿Es exigible que los 689.000 empleadores/as cumplan la legislación laboral, sabiendo que muchas empleadas se convierten en empleadoras para poder salir a trabajar? ¿Cuál es el techo real de los hogares con capacidad de contratación laboral formal? ¿Qué tienen los hogares para aprender de las empresas como empleadores? Hagamos ensayos, pilotos, experimentos sociales.

Las diferencias territoriales muestran que hay algo que aprender. Medellín y su Área Metropolitana ha alcanzado el 54 %* de formalización del trabajo doméstico y Bogotá alrededor del 45 %**, muy por encima del promedio nacional del sector, que está en el 20 %. Allí hay algo más que cumplimiento espontáneo: hay contextos urbanos, capacidades económicas, formas de mediación, organizaciones aliadas pro trabajo doméstico. ¿Cómo no estudiarlas para buscar replicarlas?

También hay un vacío en la conversación pública. Los medios han leído los datos laborales recientes de maneras distintas. Todos leen el mercado laboral de la esfera pública. Muy pocos están mirando dentro de las casas.

El próximo gobierno debe pensar esta cuestión no solo desde la inspección y la pedagogía, sino desde la innovación social. ¿Cómo crear incentivos para la contratación? ¿Serían efectivas las empresas como mediadoras de formalización en las casas? ¿Qué pasaría si, además de seguir concientizando sobre un sector precarizado, se prueban modelos y se compara qué funciona mejor? Invocamos la formalización como consigna, pero rara vez la pensamos como diseño institucional.

El mercado laboral colombiano también se organiza en la intimidad de las casas. Adentro está el lastre cultural de las tareas de cuidado, y afuera está nuestra capacidad de enfrentarlo con preguntas innovadoras.

* Directora de Hablemos de Trabajo Doméstico. (hablemos@trabajodomestico.org)

** Fuente: Valor Doméstico.

Por Andrea Londoño Sánchez*

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JAIME CARRANZA BOADA(1016a)Hace 28 minutos
Ustedes asimilan una persona natural, ama de casa, con una pensión con una empresa registrada ante la Cámara de Comercio, ante la DIAN, etc. Que hicieron? Quitarle el trabajo a mucha gente humilde porque no las volvieron a contratar para evitar problemas legales laborales, así pagaran mas del mínimo. A veces las leyes parecen equilibradas pero hace mas daño a las personas que se quieren proteger. Buen dia
JAIME CARRANZA BOADA(1016a)Hace 39 minutos
Primero debemos definir cuales son las tareas domésticas que deben ser remuneradas: arreglar el jardín, lavar la ropa, hacer el aseo, hacer la comida, podar el pasto, arreglar la cama, llevar y traer a un enfermo, manejar el carro por unas horas, etc y cuáles son tercerizadas. Si yo contrato un señor para que arregle el jardín lo puedo catalogar como trabajo dómestico? debo pagar prestaciones sociales? debo liquidar vacaciones? debo inscribirlo en una IPS?. Si es así no le doy trabajo.
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