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La democracia, el valor que compartimos

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Columnista invitada: Mireia Villar Forner*
06 de abril de 2026 - 05:01 a. m.
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En cada proceso electoral, Colombia enfrenta un examen colectivo: no solo sobre quién ejercerá el poder, sino sobre la calidad del debate público que precede a esa decisión. Esa calidad está hoy bajo una presión creciente. Un análisis reciente de la Misión de Observación Electoral y la Defensoría del Pueblo, que revisó más de 13.000 trinos, 10.000 noticias y centenares de respuestas ciudadanas, mostró que el lenguaje político se encuentra profundamente tensionado. Tras filtrar la información, se identificaron 494 hechos asociados a estigmatización, uso de lenguaje violento o circulación de contenidos sin verificación, provenientes de 38 precandidaturas monitoreadas. 1 La evidencia no deja dudas: el clima electoral se contamina con rapidez y afecta la capacidad de la ciudadanía para tomar decisiones informadas.

El discurso de odio, a menudo presentado como simple opinión, tiene efectos concretos: normaliza la discriminación, socava la cohesión social y puede incitar a la violencia. La desinformación es su aliada: donde faltan datos verificables, crecen las sospechas; donde hay opacidad, se instala la desconfianza. Según estudios de la Fundación para la Libertad de Prensa, fenómenos como la estigmatización, el hostigamiento digital y la difusión deliberada de información falsa se intensifican especialmente en periodos electorales.2 A menudo, estas estrategias se dirigen contra mujeres, comunidades étnicas, periodistas o grupos históricamente vulnerados, amplificando riesgos reales. La conversación pública, que debería ser un espacio de encuentro democrático, se convierte así en un terreno donde la exclusión se normaliza y donde el miedo desplaza a la deliberación.

En un país que aún carga heridas de décadas de conflicto, es fácil olvidar que la democracia también se mide en lo cotidiano: en cómo nos hablamos, en la disposición a escuchar, en el respeto a la dignidad y la vida del otro, incluso cuando pensamos distinto. La democracia no exige unanimidad, pero sí mínimos éticos. Entre ellos, el derecho a participar sin temor a la burla, la difamación o la agresión.

Por eso, desde Naciones Unidas hemos venido impulsando la iniciativa “La democracia, el valor que compartimos”, que busca invitar a la ciudadanía a reconocer y frenar la propagación de contenidos que buscan sembrar miedo, odio o desconfianza. No es un llamado abstracto: es una respuesta necesaria ante las tendencias que observamos. Por ejemplo, el informe de la Defensoría–MOE demuestra que cuando las candidaturas se comprometen explícitamente con prácticas democráticas, su alineación con estándares de respeto, veracidad y no estigmatización aumenta de 56 % a más de 81 %. 3 Las mejores prácticas existen, y funcionan. Es posible elevar la conversación política.

La pregunta profunda, entonces, no es cómo evitar que las campañas usen la desinformación, sino por qué como sociedad estamos tolerando que el insulto se vuelva moneda corriente. Por qué aceptamos que la información falsa circule con más entusiasmo que los matices. Por qué permitimos que el miedo organice la conversación política mejor que la esperanza.

Ahora que encaramos la primera vuelta de las elecciones presidenciales con candidatos definidos, Colombia tiene una oportunidad real de blindar su democracia frente a la degradación del lenguaje. Cada persona, cada líder, cada campaña puede contribuir a ello. Cuidar lo que compartimos, verificar antes de replicar, rechazar el insulto fácil, evitar la difusión de rumores diseñados para intoxicar el debate: son acciones pequeñas, pero de enorme impacto. La democracia no se protege sola; se sostiene en la capacidad de todos y todas para defender un espacio público donde ninguna voz sea tratada como desechable.

En momentos en los que el país necesita más puentes y menos barreras, recordemos lo esencial: el desacuerdo es parte de la política; la deshumanización, no; ninguna idea vale más que la vida o la dignidad de una persona. Cuidemos la democracia, porque es el valor que de verdad compartimos, y el que no podemos permitirnos perder.

* Coordinadora Residente de ONU Colombia.

1 Cifras del Primer informe de seguimiento al ‘Compromiso con un proceso electoral libre y en paz’, metodología Defensoría del Pueblo–MOE, periodo 15 de julio–15 de diciembre de 2025.

2 Moderación de contenidos en línea y construcción de paz en el posconflicto: una revisión al marco normativo de Colombia, FLIP en cooperación con la UNESCO, con el apoyo financiero de la Unión Europea en el marco del proyecto Social Media 4 Peace. 2023

3 Cifras del Primer informe de seguimiento al ‘Compromiso con un proceso electoral libre y en paz’, metodología Defensoría del Pueblo–MOE, periodo 15 de julio–15 de diciembre de 2025.

Por Mireia Villar Forner*

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