El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La falta de empatía de una sociedad que no aprende lecciones

Columnista invitada y Juanita Mesa Triviño

11 de junio de 2026 - 12:04 a. m.

Cada 4 años quedo sorprendida de la falta de empatía que tiene la sociedad colombiana, y honestamente ya no debería sorprenderme. Es claro que gran parte de la población vive en una lógica de odio y egoísmo. Así como ha sucedido en varios países (EE. UU., Chile, Argentina, Honduras), la democracia nos ha dejado ver algunos de los valores que representan a gran parte del electorado: odio, egoísmo y miedo.

PUBLICIDAD

El egoísmo es lo que más me impacta. El “Firmes por la Patria” en realidad es un “firmes por la propiedad privada, la patria y la familia tradicional”, no nos digamos mentiras. Firmes por MÍ. En las clases altas es firmes por MI privilegio, y en clases bajas y medias viene siendo más un: firmes por tener MI privilegio algún día. La extrema derecha trata de convencer a las clases media y bajas de que con ella podrán estar mejor, pero la verdad es que no tiene en sus planes ayudarlas. A la ultraderecha no le incomoda la brecha social; de hecho, funciona mejor para el sistema que quieren.

En todo el mundo, la extrema derecha está buscando volver a lo tradicional, quitarles derechos ganados a los trabajadores, las mujeres, las comunidades indígenas, la comunidad LGBT y los migrantes. Esta ideología solo cree en la élite tradicional, el mercado y la violencia si no se la respeta.

¿Qué nos dice de nuestra sociedad que voten por un candidato que abiertamente confesó que le puso un volador a un gato cuando era pequeño y trata de maquillarlo con una propuesta animalista en su plan de gobierno? Un candidato vinculado con el testaferro de Nicolás Maduro, que defendió a personajes como DMG que le hicieron tanto daño al país, pero que se jacta de que en su gobierno no se negociará con nadie y que perseguirá a los criminales. Un personaje que es capaz de mostrarle su paquete a una entrevistadora y cree que el voto femenino se reduce a que él la tiene grande (háblame de masculinidad frágil). Alguien que explicó toda su vida que se considera ateo y luego “ve la luz” justo a tiempo para ganarse a las comunidades religiosas y al electorado más conservador del país.

Y más allá de eso, un candidato que no ama el país. Abelardo vive en Italia hace unos años y, como dijo su esposa, si no ganan, da igual porque se devolverán allá. Es un showman que se mueve por ego y poder: como sus votantes, tampoco está firme con la patria, está firme por sí mismo. En ese sentido, hay una lógica del egoísmo tanto en el candidato como en el electorado que lo vota.

Si la derecha no fuera tan machista y homofóbica habría escogido a Paloma Valencia, quien está mucho más preparada para asumir la presidencia que Abelardo. Yo no voté por ella y no me gusta para nada, pero al lado de Abelardo se ve moderada, y eso dice mucho.

Desde el 2016, con el plebiscito por la paz, mi primera tusa electoral, se notó la división del país y nos fuimos alejando cada vez más como sociedad. Esta primera vuelta de 2026 nos deja un electorado que ya no solo tiene un distanciamiento político: está en esquinas opuestas y cada vez más violento. El dolor, el resentimiento y el miedo al progresismo son las armas más poderosas que logra capitalizar la extrema derecha.

Si sabemos que la extrema derecha es clasista, machista, racista y homofóbica, ¿por qué nos sigue sorprendiendo? Gran parte de los colombianos son así, y el contexto internacional nos demuestra que no somos los únicos. Estamos retrocediendo en el tiempo. No aprendimos nada del inicio innecesario de la guerra con Irán que impulsó Trump, ni de la pobreza extrema que dejó Milei. No hay lecciones aprendidas porque nos dejamos llevar por el odio, el supuesto patriotismo y el miedo antes que por el razonamiento crítico.

Tampoco estoy diciendo que la izquierda sea la solución. El gobierno Petro no fue un gobierno ejemplar, hizo muchas cosas mal, y el inconformismo de la sociedad es completamente entendible. Iván Cepeda deja claro en su plan de gobierno que quiere continuar con el proyecto del Pacto Histórico, no descarta de plano una constituyente y continuará la reforma a la salud, pero deja de lado el cómo saldremos del déficit fiscal y con qué recursos realizará todo lo que propone. Hay muchas cosas que me generan dudas con Cepeda, pero vale tener en mente lo que dijo Claudia López: no se puede comparar a Abelardo de la Espriella con Iván Cepeda y decir que son dos opuestos equivalentes. Abelardo es el defensor de la mafia de Colombia; Cepeda, con quien ella no coincide en muchas cosas, es un hombre decente.

No ad for you

Yo no voté por Cepeda en primera vuelta, voté por Fajardo, quien sigo creyendo firmemente que es la persona más capacitada para ser presidente y uno de los pocos candidatos capaces de salir del discurso de odio polarizado entre extrema derecha e izquierda. No soy fan de Cepeda (sí de su música), pero entre él y Abelardo no me cabe duda de cuál es la mejor opción.

Por Juanita Mesa Triviño

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.