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En víspera de elecciones presidenciales, resulta más que necesario actualizarnos en un tema crucial de debate: la llamada ideología de género. Un tema que, de unos años para acá, aparece cada tanto en nuestra agenda pública pero también en las conversaciones familiares y en las tiendas del barrio. Como una colombiana interesada en hablar con la verdad sustentada en evidencia, y preocupada por el bienestar de las infancias de nuestro país, comparto aquí algunos datos para contextualizar este debate.
Es difícil aceptar esto, y ya quisiera yo que fuera diferente, pero la ideología de género sí existe. Es un sistema de creencias, valores, ideas y normas que determina el orden social, político y económico en el que vivimos. Al nacer, esta ideología nos asigna una categoría que clasifica la forma de nuestros genitales dentro de un sistema de sexo binario: masculino o femenino. Dependiendo en qué lado del binario nos asignen, además se nos clasifica como hombres o mujeres; dos categorías que determinan el rol que debemos ejercer en un sistema social que ya está establecido.
Esta ideología de género se nos inculca como un designio divino, a través de interpretaciones de textos religiosos, y, además, como una verdad biológica ineludible. Y la verdad es que los cuerpos son observables, existen materialmente, y algunos de estos tienen la capacidad de crear vida. Sin embargo, lo que no nos recuerdan es que tanto la religión como la biología son creaciones humanas: son interpretaciones y teorías que han creado algunos seres humanos para describir y explicar el mundo que habitamos. Como creaciones humanas no son neutrales, son ideológicas y muchas veces contradictorias. Razón por la cual, aun cuando la ciencia ha validado que siempre han existido cuerpos que rebasan el sistema de sexo binario – como los de algunas personas intersex que nacen con genitales de un sexo y el sistema reproductivo interno del otro – se sigue imponiendo esta clasificación binaria que ignora y borra estas diferencias.
Además de ser una construcción social que crea clasificaciones excluyentes, la ideología de genero establece relaciones sociales desiguales. Los creadores de los binarios que clasifican nuestros cuerpos (pene/vulva, masculino/femenino, hombre/mujer), también asignaron un significado, un valor y una función a cada una de estas categorías. Y esta es la parte más importante de esta ideología: hay una jerarquía entre estas categorías, un lado del binario es denominado como superior al otro. Una idea que ha sido materializada a través de la práctica del sagrado sacramento del matrimonio, en el cual la mujer debe seguir el liderazgo del marido, y sustentada por teorías como la de la evolución de Darwin, la cual planteaba que las mujeres estaban en un estado evolutivo inferior al de los hombres. Los que nos recuerda que, en la creación de la desigualdad por género, religión y ciencia suelen ir de la mano.
Con el deseo de respetar los derechos de autor de la ideología de género, es importante aclarar que los feminismos y los llamados estudios de género tienen como objetivo nombrar la existencia esta ideología, no crearla e imponerla como se nos acusa. Es nuestro interés visibilizar y desmantelar las narrativas, prácticas y conocimientos que la sustentan, principalmente porque en el corazón de su reproducción está la violencia. La ideología de género no es natural, se crea y reproduce todos los días obligándonos a seguir unos roles y funciones que son antinaturales, de ahí que sea necesario el uso de la fuerza y la violencia para imponerlos.Así es que la próxima vez que alguien les diga que existe una malvada ideología de género que amenaza nuestra sociedad, ustedes respóndanle que ¡sí! Que están de acuerdo, y que ya vivimos las consecuencias de su imposición. Cuéntenle que ya vemos como en nuestro país niños de 14 años matan a sus novias por celos, padres y madres entregan a sus hijas a las guerrillas para que las violen por ser lesbianas y cientos de hombres pierden la vida cada día en riñas tratando demostrar su fuerza y virilidad. Pero sobre todo díganle que por esto no podemos seguir escogiendo líderes políticos, sean hombres o mujeres, homosexuales o heterosexuales, que se nieguen a nombrar esta ideología de género por lo que es: la violencia que sustenta y perpetúa el conflicto, la pobreza, la desigualdad, la discriminación, los homicidios, los feminicidios, y todo lo que limita nuestras libertades y nuestro crecimiento como país.
* Melissa Chacón es PhD en Estudios de Género. Investigadora Postdoctoral Asociada en la Universidad de York, Reino Unido.