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Las nuevas tecnologías y el futuro del liderazgo femenino en Latinoamérica | Opinión

Columnista invitada y Amanda Jacobson, confundadora de Radar

22 de junio de 2026 - 06:00 p. m.

Después de diez años viviendo y trabajando en México, hay algo que veo con claridad, y es que Latinoamérica tiene talento, ambición y capacidad para competir en la economía digital. Sin embargo, ese potencial no está llegando por igual a las áreas que definirán el crecimiento económico durante la próxima década. En tecnología, datos e inteligencia artificial, las mujeres siguen enfrentando mayores dificultades para acceder a formación especializada, construir redes profesionales y alcanzar posiciones de liderazgo.

La inteligencia artificial vuelve esta conversación más urgente, pues está transformando la manera en que las personas aprenden, trabajan, toman decisiones y generan valor dentro de las empresas. Cada avance amplía las posibilidades para quienes desarrollan nuevas capacidades, pero también aumenta el riesgo de rezago para quienes quedan por fuera de esa transformación.

De acuerdo con la OCDE, en América Latina y el Caribe solo el 14 % de las niñas espera desempeñarse en ocupaciones relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas, frente al 26 % de los niños. La diferencia tampoco desaparece al ingresar al mercado laboral, ya que actualmente, apenas tres de cada 10 profesionales que trabajan en estos campos son mujeres.

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La brecha se construye mucho antes de que una empresa publique una vacante: en las expectativas que se forman desde edades tempranas, en la ausencia de referentes, en la confianza para proyectarse en determinadas carreras y en el acceso a oportunidades de formación alineadas con las necesidades reales del mercado.

Durante décadas, gran parte del acceso a posiciones de alto valor dentro de la economía digital dependió de trayectorias relativamente predecibles. Determinadas universidades, determinados círculos profesionales y determinados recorridos laborales funcionaban como principales mecanismos de validación.

La irrupción de la inteligencia artificial no elimina esas estructuras, pero sí cambia las reglas de juego. La velocidad con la que evolucionan estas tecnologías está trasladando valor hacia capacidades que se construyen mediante aprendizaje continuo y adaptación permanente, atributos que ninguna credencial garantiza por sí sola.

Por primera vez en mucho tiempo, una parte importante de las competencias más demandadas por el mercado se desarrolla fuera de los canales tradicionales que históricamente definieron quién estaba preparado para participar en una industria. El conocimiento técnico ya no circula exclusivamente dentro de instituciones formales.

Herramientas, comunidades especializadas, programas intensivos de formación y plataformas abiertas permiten acceder a capacidades que hace pocos años requerían recursos significativamente mayores. La relevancia de este cambio no radica únicamente en la democratización del conocimiento, sino en la redistribución de oportunidades que puede generar para grupos que han estado subrepresentados dentro del sector tecnológico.

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Ese cambio abre una posibilidad particularmente relevante para las mujeres, porque rompe con las barreras tradicionales que limitaron el acceso a ciertos espacios pierden influencia cuando el conocimiento evoluciona más rápido que las estructuras encargadas de certificarlo. La inteligencia artificial está generando nuevas especializaciones, nuevos roles y nuevas formas de crear valor que todavía no tienen jerarquías completamente consolidadas. Los sectores que se encuentran en construcción suelen ofrecer mayores oportunidades para redefinir quién participa en ellos.

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Las empresas también enfrentan una responsabilidad que trasciende la contratación. La pregunta relevante no es únicamente cuántas mujeres ingresan a una organización, sino cuántas tienen acceso a proyectos vinculados con inteligencia artificial, automatización, análisis de datos y desarrollo tecnológico. Los liderazgos del futuro se están formando en esos espacios.

La participación de más mujeres en ese proceso no constituye únicamente una aspiración de diversidad. Determinará quién diseña productos, dirige empresas, toma decisiones de inversión y define las prioridades tecnológicas que marcarán el desarrollo de la región durante los próximos años.

Por Amanda Jacobson, confundadora de Radar

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