4 Dec 2019 - 1:49 p. m.

Paro nacional: razones y detonantes de sobra para protestar

 Angela Serrano*

La dificultad de diferentes analistas de reconocer que hay razones y detonantes de peso para entender el actual paro nacional dice más sobre los puntos ciegos de estos análisis que sobre la coherencia de la protesta social. Varios analistas y periodistas manifiestan que resulta difícil entender las raíces de las manifestaciones diarias que ocurren desde el 21 de noviembre, en un contexto donde el país no va tan mal. Estas observaciones ignoran una larga historia de conflictos sobre la distribución de los beneficios del crecimiento en contextos de estabilidad y auge económico, además de una serie de detonantes generados por la negativa del gobierno actual de proteger la vida de las y los colombianos de comunidades marginalizadas. 

Una razón común para desestimar las raíces de las protestas en Colombia es que el país no va tan mal.  El crecimiento económico ha sido positivo en los últimos 20 años y actualmente está por encima del promedio de la región. En los días previos al inicio de las protestas, la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez cuestionó la relevancia de un paro nacional en un contexto en el que Colombia está creciendo económicamente por encima de los países miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde).  Este cuestionamiento asume que el crecimiento económico es suficiente para calmar los reclamos sociales e ignora los conflictos que surgen precisamente sobre cómo se distribuyen los beneficios de ese crecimiento. En contraste con la visión de la vicepresidenta, el politólogo Alejo Vargas escribió hace 30 años que "parece evidenciarse una especie de constante en el modelo de desarrollo colombiano, y es el asocio de los periodos de auge de la acumulación con una mayor intensificación de los conflictos violentos de la sociedad colombiana". Esto lo dijo Vargas con respecto a la insurrección popular de 1929, que ocurrió en lugares como Líbano, Tolima y San Vicente de Chucurí, Santander. En aquella época, según Vargas, se evidenciaba la necesidad de reformas agrarias, laborales y de libertad a la asociación sindical. El crecimiento económico derivado del auge exportador del café no era suficiente. Se necesitaban reformas para que los beneficios de ese crecimiento se tradujeran en bienestar, y no precariedad, para campesinos y trabajadores. 

Si bien esta repartición más equitativa de los beneficios del crecimiento económico sigue siendo urgente hoy, varios ministros y congresistas del partido de gobierno han manifestado un interés por implementar reformas que van en la dirección contraria. El pasado 1 de octubre, el senador Álvaro Uribe radicó un proyecto de ley para flexibilizar la contratación laboral en el país. La ministra de trabajo, Alicia Arango, manifestó posteriormente que las propuestas allí contenidas son prioridad para el gobierno. Adicionalmente, el ministro de hacienda, Alberto Carrasquilla, en repetidas ocasiones, reveló su interés por hacer una reforma pensional que afectaría el régimen público de pensiones. Esto ha causado preocupación entre las centrales obreras, quienes han manifestado que dicha reforma pensional solo beneficiaría a las administradoras de fondos de pensiones. Así, las medidas propuestas motivaron a las centrales obreras a fijar una fecha para un paro nacional y mandaron un mensaje a las organizaciones sociales de que el gobierno y su partido buscan una transformación social en Colombia en detrimento de los trabajadores. Este mensaje, además, alimentó las expectativas sobre el papel de Colombia en la ola de protestas en América Latina y puso una fecha concreta para que el país pudiera jugar ese papel. 

Sin embargo, como explica la literatura sobre movimientos sociales, tener razones para protestar no es suficiente para salir a hacerlo. Con frecuencia se necesita un detonante que cambie el balance entre lo que mueve a las personas a manifestarse y los costos en los que tienen que incurrir para salir a hacerlo. Un detonante clave en medio de la coyuntura arriba expuesta fue una intervención del Senador Roy Barreras. El senador reveló que en un bombardeo que el entonces ministro de defensa, Guillermo Botero, había celebrado como una derrota al terrorismo, murieron ocho menores de edad de origen campesino. Además, el ministro había ocultado esta información. Esta era la más reciente de una serie de violaciones de derechos humanos cometidas por las fuerzas militares que estremecieron al país y que incluyeron el asesinato de un desmovilizado de la guerrilla por parte de miembros del ejército. Se trataba de una muestra clara de que el gobierno comete ataques dirigidos contra poblaciones marginalizadas, como campesinos y excombatientes desmovilizados; una muestra clara de que en Colombia hay una profunda desigualdad que se extiende hasta el derecho a la vida. 

Así que no sólo hay suficientes razones para protestar, sino para entender las raíces de las causas de las protestas actuales. Estas protestas siguen patrones históricos sobre conflictos en torno a la distribución del crecimiento económico, fueron alimentadas por anuncios y acciones de miembros del gobierno y del partido de gobierno, se dan en medio de una ola de protestas en América Latina, y han sido detonadas por acciones dolorosas y representativas desarrolladas por el gobierno. Esta lista de factores, sin duda, es incompleta. Los carteles que se ven en las protestas denuncian otros temas como la falta de compromiso del gobierno para poner fin a la degradación ambiental y la violencia de género. Frente a las protestas hemos visto, además, un uso desmedido de la fuerza contra los manifestantes. Esto intensifica las protestas, que ahora también incluyen reclamos por el derecho mismo a protestar. Todo esto indica que hay más que suficientes razones para protestar y un contexto abonado para a hacerlo. Por lo tanto, los análisis sobre la dificultad para explicar las protestas actuales en Colombia dicen más sobre los puntos ciegos de estos análisis que sobre las raíces de estas protestas. 

Esta genealogía de las manifestaciones también provee información importante sobre cómo abordar los reclamos sociales que suenan en las calles. No es suficiente decir que el país va bien. No es suficiente decir que el partido de gobierno retiró el proyecto de ley para flexibilizar el empleo. Si bien los reclamos tienen un contenido variado, hay algo que los une: la evidencia de una falta de compromiso del gobierno por la paz y la equidad. Una falta de compromiso por el derecho a la protesta, la vida, la calidad del empleo, la equidad de género, y la sostenibilidad ambiental. Poner fin al paro nacional requiere un compromiso irrestricto del gobierno con estos temas hoy. Reconocer a las organizaciones sociales representadas en las protestas y desarrollar con ellas un dialogo real es un paso necesario, aunque probablemente no suficiente, en este sentido. 

*Candidata Doctoral en Sociología, University of Wisconsin-Madison

 

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