Publicidad

Brasil, nunca más: 50 años de dictadura

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Columnista invitado EE
23 de abril de 2014 - 04:07 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Hago parte de una generación que nació bajo la noche oscura que se abrió en Brasil a partir de la dictadura militar iniciada en 1964 “para bien de la democracia”.

Crecí en un país de obras gigantescas, proyecto nuclear, integración del territorio nacional, contrarreforma agraria hacia la Amazonia, universalización de su política exterior, etc. Y crecí en un país que compartió con sus vecinos del Cono Sur el dolor colectivo a la sombra de la operación Cóndor. Durante décadas las torturas, desapariciones y censuras fueron legitimadas por el milagro brasileño, período del gobierno autoritario en que el crecimiento fue de aproximadamente 10% a 12% al año. Pero el “milagro” no fue amplio. Algunas regiones siguieron aisladas.

En medio de tanques, represión y la apatía de una población mayoritariamente católica y 75% analfabeta, el gobierno autoritario se apropió de la idea de un Brasil grande y protagónico e intentó mostrar a Estados Unidos como una alianza que podría ser útil en el marco de la Guerra Fría: el conocido subimperialismo brasileño, a cambio de ayuda económica para el desarrollo nacional y una relación bilateral privilegiada. Pero la ayuda económica nunca llegó y después de algunos años entendieron que Estados Unidos no daba a Brasil el lugar esperado, era solamente un aliado temporal para la consecución de algunos intereses estratégicos en la región.

En 1985 la dictadura terminó. Brasil era un país en quiebra, el milagro se había transformado en una leyenda. La transición lenta y gradual, planificada por la cúpula militar y los partidos que subsistieron a esos “años de plomo”, transformaron la transición a la democracia en una de las más contaminadas de América Latina. El statu quo de los militares, de los burócratas y tecnócratas que apoyaron el modelo no fue modificado. La amnistía generalizada abriría el paso a la reconciliación nacional. Sin embargo, la reciente Comisión de la Verdad, cuyo objetivo es aclarar violaciones de derechos humanos practicados en el período, deja ver la tensión que aún existe entre justicia y paz.

En Brasil, 50 años después, el fortalecimiento de la democracia sigue siendo un desafío. El país aún no ha logrado estar exento de la corrupción que desacredita tanto a los partidos de derecha, como los de centro y de izquierda, lo que ratifica la desconfianza de los brasileños con el Congreso. En las últimas décadas el país logró la añorada estabilidad económica, se convirtió en la sexta economía del mundo, fortaleció las políticas sociales, pero sigue atrapado por redes clientelistas. Recientemente, los brasileños salieron a las calles del Brasil democrático para reclamar transporte, educación, salud y protestar en contra del costo económico del Mundial 2014 y la corrupción.

No hay una real reforma política: cuenta con 30 partidos políticos y 35 ministerios, lo que podría ser visto como expresión de clientelismo. El Brasil de hoy no ha logrado consolidar su propuesta de liderazgo regional compartido. En este momento falta inversión, la visión de mundo aún oscila entre el ser o no ser, la toma de posición política es lenta, la pragmática diplomacia de Estado necesita dar respuestas más oportunas, coherentes y comprometidas. A las puertas de las elecciones de 2014, 75% de los brasileños creen que el cambio es justo y necesario. Sólo resta saber cuál será el significado del cambio 50 años después.

 

Beatriz Miranda Cortés*

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.