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Qué bueno es aprovechar la energía y la motivación de un nuevo año para replantear las metas personales y profesionales, sacar más tiempo para la familia y los amigos, retomar pasatiempos preferidos, bajar por fin unos kilos, y así, recuperar la salud que inexorablemente declina con la edad.
Las presiones económicas, sociales y culturales nos van desviando progresivamente de las metas que nos trazamos en la vida. Cuando hemos gozado de todo el potencial de nuestro cuerpo y mente, en especial en la juventud, es difícil entender la fragilidad de la que estamos hechos. Sólo la recordamos cuando alguien cercano padece una enfermedad o un accidente.
Quiero resaltar cinco conductas que según la medicina preventiva moderna podrían cambiar radicalmente el panorama de nuestra salud: reducir al mínimo el consumo de alcohol, erradicar el cigarrillo, comer menos calorías y más frutas y verduras, dormir bien y hacer ejercicio una hora diaria.
Sabemos que el alcohol ha matado a millones de seres humanos, por accidentes, violencia, cirrosis, pancreatitis, hemorragias digestivas, cardiopatía, depresión respiratoria y broncoaspiración. Vivimos en una sociedad que convive con este y otros tóxicos probablemente gracias a una muy hábil estrategia de mercadeo.
Otro tóxico bien tolerado y arraigado socialmente es el tabaco. Hace varias décadas que la Organización Mundial de la Salud lo considera como la primera causa prevenible de enfermedad y muerte. Están bien documentadas sus consecuencias económicas y en salud como infarto, trombosis cerebral, gangrena, amputaciones, enfisema, envejecimiento prematuro, cánceres de pulmón, boca, lengua, faringe, laringe, esófago y estómago, leucemia, demencias, alzhéimer, mal aliento y disfunción eréctil.
Otro hábito de gran importancia para la salud física y mental es el buen sueño. Aunque existen diferencias en la cantidad de horas necesarias para cada persona, la gran mayoría necesitamos 7 a 8 horas de sueño de buena calidad. La falta de sueño se ha asociado con trastornos emocionales y cognitivos, alteraciones en el apetito, sobrepeso y obesidad, fibromialgia y alteraciones neuroendocrinas.
Por último está el reto de superar el sedentarismo al que se le atribuyen millones de muertes en magnitudes similares a las del tabaco. La industrialización y urbanización han reducido dramáticamente la necesidad que teníamos de gastar energía. Si no logramos que todos seamos más activos en nuestra vida cotidiana y realizamos por lo menos una hora diaria de ejercicio moderado o vigoroso, la epidemia de diabetes, enfermedad cardiovascular y cáncer va a seguir matando cada vez a más personas y acabando con los pobres recursos de los sistemas de salud.
Estas cinco conductas podrían tener un impacto real inmediato en la salud de todos. No esperemos a perder la salud, no esperemos al otro año.
*Especialista en Medicina Interna y Doctorado en Medicina del Deporte
www.johnduperly.com - @johnduperly
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