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Carta para la doctora corazón

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Columnista invitado EE
21 de julio de 2015 - 02:00 a. m.
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Me siento, literalmente, desbaratada. Nací en 1991 bajo extrañas circunstancias, pues creo que fui producto de una violación.

Unos muchachos, borrachos o drogados, no sé, con una “papeleta”, se aprovecharon de mi mamá, para esa época muy viejita, por lo que con mi parto se murió.
 
En mi infancia creí ser afortunada, pues unos señores, a pesar de mi particular origen, se adjudicaron mi paternidad. Suponía eso porque oía que los llamaban los padres de la patria debían desarrollarme (¡bah! Mis amigas se desarrollaron solas), pero después comprendí que nunca quisieron mi bienestar, sino que se aprovecharon de mí. No se imagina la rabia que eso me produjo, y hasta pensé que “congresistas” serían.
 
En la juventud me abordó uno de ellos, que se había ganado el premio mayor a punta de “para” -suerte (perdón pura), quien me coqueteó con un cuento de no sé qué cosa en el “culito” (nótese, que es palabra castiza). No entendía de qué me hablaba, pero como dicen que las mujeres somos auditivas y los hombres visuales, me dejé endulzar el oído y, claro, me hizo el daño. Después entendí que no quería nada bueno conmigo, sino que necesitaba modificarme un “articulito”, para darse él sólo “el gustico”. 
 
Una madrina, llamada la Constitucional, trató de cuidarme. Al principio era íntegra, sus miembros eran bien formados y su conciencia pulcra como Pepe Grillo, que lo fue de Pinocho. Hablo en pasado, pues le está dando cáncer, está débil, algunos de sus torcidos (¿artritis?) y, lo más grave, los tumores no se les pueden extraer. Creo que esos miembros enfermos terminarán matándola. Por eso me siento sola, pues no tengo quién me defienda.
 
Ahora otro señor, “santurrón” él, otrora amigo y hoy colega del de la lotería, quien también se dio dos veces el “gustico” conmigo, le dio por equilibrarme. No comprendo qué entiende él por equilibrio, pero me revolcó, con un Cristo que tiene me desfiguró y con el apoyo de un gringo de la realeza, le dicen “Yes, it Reyes” (traducido: Sí, el Reyes), me lisió. Ya no soy la de antes, mis aires renovadores y mi espíritu liberal fueron borrados, al punto de que ahora me parezco a mi mamá. Estoy desesperada. ¡Por favor ayúdeme!
 
Flor Marchita (“off de record” puede decirme Constitución de 1991).
 
*Magistrado auxiliar de la Sala Administrativa del Consejo de la Judicatura.

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