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Recientemente, voces occidentales resucitan la retórica de la “sobrecapacidad china” y el supuesto “segundo choque de China”. Buscan ignorar de manera deliberada las ventajas competitivas de China, a través de su modernización de las cadenas industriales, e intentan encubrir la falta de competitividad de productos propios y justificar el unilateralismo y el proteccionismo comercial.
Los principios económicos fundamentales nos enseñan que el capital y las mercancías fluyen de manera natural hacia donde haya mayor eficiencia y menores costos, impulsados por la evolución de las fuerzas productivas, una tendencia que el proteccionismo difícilmente puede revertir.
Históricamente, es constante el desplazamiento de los centros globales de la manufactura avanzada de un lugar a otro: de Europa en el siglo XIX, a Estados Unidos en el XX, y hoy hacia China y algunos otros países asiáticos, como resultado natural de la optimización de la asignación de factorías de producción basada en ventajas comparativas.
Una oferta que responde a la demanda global
La realidad indica que los productos chinos no son “excedentes”, sino que responden a una necesidad real de otros países; lo que conllevan es una cooperación de ganancia compartida y no un beneficio unilateral. China no solo actúa como la “fábrica del mundo”, sino que representa un mercado global y una fuente de oportunidades para todos los países.
El desarrollo industrial de China se rige por las leyes del mercado y la demanda global; de ninguna manera es resultado de coacción comercial. Tal como los automóviles alemanes, los chips estadounidenses o los aviones franceses se exportan masivamente sin ser tildados de “sobrecapacidad”, el avance chino en vehículos de nueva energía, paneles fotovoltaicos y baterías de litio es fruto de décadas de innovación tecnológica e integración industrial.
Es imperativo además desmantelar el mito del “dumping”: los precios y márgenes de beneficio de los productos chinos en el extranjero son, por lo general, más altos que en su mercado interno (donde hay una competencia mucho más fuerte). Acusar a China de competencia desleal es un claro ejercicio de “doble rasero”.
Socio estratégico para el Sur Global y Colombia
Desde la perspectiva de la demanda, la continua expansión de la cuota de mercado de los productos chinos refleja precisamente la fuerte demanda global. Para los países en desarrollo en África, el sudeste asiático y América Latina, la capacidad productiva de China es un motor esencial para la urbanización, la industrialización y la transición energética. En el caso de Colombia, las importaciones de maquinaria, vehículos y productos electrónicos chinos son fundamentales para mejorar la infraestructura nacional y elevar la autonomía económica. Además, las tecnologías de vanguardia de China en infraestructura digital e inteligencia artificial son factores clave para que Colombia alcance sus metas de descarbonización y desarrollo sostenible.
El superávit comercial de China no es un beneficio unidireccional, sino una fuente de prosperidad compartida:
Beneficio para transnacionales occidentales: Empresas como Tesla fabrican en China el 60 % de sus entregas globales; aunque las ganancias fluyen hacia empresas occidentales, se contabilizan como exportación china.
Cadenas de valor en países en desarrollo: Más del 90 % de los bienes que la ASEAN importa de China se destinan a la re-producción, permitiendo que países como Vietnam se conviertan en potencias exportadoras.
Alivio a la inflación: Los productos chinos mejoran el poder adquisitivo global. En Australia, por ejemplo, el comercio con China redujo el costo de vida de los hogares en un 4,2 % entre 2022 y 2023.
Un mercado abierto con oportunidades infinitas
China es hoy una economía impulsada por su demanda interna, la cual contribuyó en un 86,4 % al crecimiento entre 2021 y 2024. Al ser el segundo mercado de consumo más grande del mundo, China ofrece un entorno de competencia abierta donde los precios son competitivos, no por falta de consumo, sino por eficiencia.
Con una tasa arancelaria general de solo el 7,3 % y la implementación de aranceles cero para los países menos favorecidos, China abre sus puertas de par en par. A través de iniciativas como la Feria Internacional de Importación de China (CIIE), que ha generado, en el conjunto de sus 8 ediciones, transacciones por valor de más de 580.000 millones de dólares. El potencial de consumo de 1.400 millones de personas se traduce en beneficios para los productos agrícolas e industriales colombianos.
Al cumplirse 45 años de relaciones diplomáticas, China reafirma su compromiso de seguir construyendo, junto a Colombia, la Iniciativa de “la Franja y la Ruta”. El objetivo es claro: ampliar la “torta” de la cooperación mutua y consolidar un sistema económico global más inclusivo y equitativo para el Sur Global.
* Embajador de la República Popular China en Colombia.