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China en la ONU: 50 años

Columnista invitado EE y Guillermo Puyana Ramos

03 de noviembre de 2021 - 01:26 p. m.

Tras 22 años de intensa lucha diplomática, el 25 de octubre de 1971 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por 76 votos, 35 en contra y 17 abstenciones, la Resolución 2758 originada en una propuesta de Albania para “la restauración de los derechos legítimos de la República Popular China en las Naciones Unidas”.

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Este fue el evento más importante en la historia de la ONU desde su fundación en 1945, dando fin a la usurpación de la representación de China por Taiwán desde 1949, una anomalía histórica causada por Estados Unidos, interesado en tener al gobierno sumiso de Taiwán como representante de todos los chinos, aunque estaba confinado a una pequeña isla de 35 mil kilómetros cuadrados y 15 millones de habitantes, el 0,4 % de la población mundial, excluyendo un país inmenso de 9,6 millones de kilómetros cuadrados con 820 millones de habitantes que representaban el 22 % de la población.

Sin China la ONU no era una institución representativa y eso se sabía. En 1955 el sueco Dag Hammarskjold, secretario general de la ONU, dijo: “Considero que es una debilidad nuestra y una anomalía que la cuarta parte de la humanidad no esté representada en nuestro trabajo”. La restauración legal de China en las Naciones Unidas era una determinante inevitable de la historia, su marginamiento no le servía al mundo ni a la ONU, solo a Estados Unidos y al gobierno subordinado de Taiwán.

Varios factores impulsaron este proceso. El más importante fue la incorporación de decenas de nuevos miembros a la ONU desde 1949. Eran países nacidos de las guerras anticolonialistas en África y Asia, que se identificaban con China por su enconada lucha contra las potencias occidentales y Japón desde la Guerra del Opio de 1842. Identidad fortalecida con los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica propuestos por China, que encajaban con los intereses de los nuevos países que habían sido víctimas del sometimiento por la fuerza militar de países poderosos. Estos principios eran eficaces para resolver los problemas de la paz y el desarrollo y su escenario natural eran unas Naciones Unidas representativas de la multipolaridad que promovía China.

El mundo fue cambiando más allá del control de los americanos que vieron cómo China sumaba amigos asiáticos y africanos. En 1945 el mundo tenía 74 países, 51 de ellos representados en la ONU. Cuando se votó por la restitución de la República Popular China, había 165 países, de los cuales 128 formaban la Asamblea General. De los 76 que aprobaron la propuesta de Albania, había 44 de Asia y África que se integraron desde 1949 como estados soberanos independientes luego de liberarse de ser colonias europeas.

El segundo factor fue que China integró el multipolarismo a su política exterior y lo enfatizó desde la ruptura con la Unión Soviética a mediados de los 1960. No quiso ser parte de la versión soviética del militarismo americano. La carrera armamentista, los bloques militares y las guerras de baja intensidad dejaban clara la disociación entre el interés estratégico de los rivales de la Guerra Fría y el de los países en desarrollo donde se hacían las guerras. Indochina y Angola son dos versiones de una tragedia humana resultado del intervencionismo. Para los nuevos países y China se trataba de dos caras del imperialismo: el americano y europeo de un lado, y el “socialimperialismo soviético” del otro.

China tenía una experiencia similar con los países nacientes y su política exterior de no alineamiento y los principios de la coexistencia pacífica se complementaban en una visión opuesta a la Guerra Fría en la que el hegemonismo se contrarrestaba con multipolarismo.

También incidió que desde 1964 China era un país nuclear, por una necesidad de autodefensa desde 1958 cuando en Estados Unidos, un febril e irresponsable John Foster Dulles, secretario de Defensa de Dwight Eisenhower, sugirió usar el arsenal nuclear contra China y “recuperarla para el mundo libre”. En ese momento China no era un país nuclear, pero le quedó clarísimo que necesitaba armas nucleares para los Foster Dulles del futuro. Uno de los principales asuntos de las Naciones Unidas era el control de armas nucleares y la no proliferación, que había que discutir con China como país nuclear, no con Taiwán.

Finalmente, no obstante la férrea oposición de Estados Unidos y el uso que hizo su embajador en la ONU de todo tipo de recursos y triquiñuelas reglamentarias para evitar la votación de la propuesta albanesa, los americanos ya estaban acercándose estratégicamente a China ante el fracaso evidente de la política de aislamiento, pues entre 1949 y 1971 China incrementó sus relaciones diplomáticas de 12 países a 79. De hecho en el mes de julio antes de la votación, Henry Kissinger, secretario de Estado de Richard Nixon, visitó en secreto Beijing.

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Al no ser China parte del bloque soviético, los americanos concluyeron que era mejor una China independiente que alineada; por eso, aunque la votación en la ONU tuvo la oposición americana, fue parte de la construcción de las bases de la más importante etapa de la política exterior entre Estados Unidos y China, basada en el realismo, con enfoque pragmático y orientada al compromiso.

Los protagonistas del diseño de esta política eran: al más alto nivel por China, el presidente Mao Zedong, y el primer ministro Zhou Enlai, y por Estados Unidos, Nixon y Kissinger. Luego estaban Huang Hua, primer embajador de la República Popular en la ONU, y el embajador por Estados Unidos George H.W. Bush, futuro Jefe de la Oficina de Enlace de Estados Unidos en Beijing mientras su gobierno aún reconocía a Taiwán, posteriormente director de la CIA y presidente.

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Colombia acompañó la posición americana y votó con Estados Unidos para evitar que se votara la resolución. Pero cuando llegó el momento final, el embajador del gobierno de Misael Pastrana, el embajador Diego Garcés Giraldo, se abstuvo.

La restitución de China en las Naciones Unidas era inevitable y su posición en la organización ha sido consecuente con su historia y su compromiso con los países que la apoyaron en la restitución.

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El 25 de octubre pasado Xi Jinping dijo que “estamos acá para repasar la historia mirando el futuro”. Hoy hay polos de poder en países que antes eran colonias y países pobres incluyendo China, es decir hay multipolarismo. Los indicadores de un mundo estable y sostenible, sin pobreza y en un entorno de paz, se definen en las Naciones Unidas en donde hace 50 años se reintegró al diálogo el 22 % de la humanidad que había sido excluida por el interés del 5 %.

Por Guillermo Puyana Ramos

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