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Cinco años de persistencia por la implementación integral del Acuerdo Final de Paz

Columnista invitado EE y Victoria Sandino Simanca Herrera

24 de noviembre de 2021 - 12:00 a. m.

Por estos días me asiste un profundo sentimiento, una mezcla rara de frustración y coraje como en los tiempos pasados en que realizaba una extenuante marcha por el espinazo de la cordillera Central o de la Occidental en medio de la lluvia, con el fango más arriba de las rodillas, o hundida en el capote, ese que se arma entre el páramo y el rucio; en esos tiempos, nos alentaba y fortalecía la certeza de la justeza de la resistencia armada, no nos habían dejado otro camino. Para entonces me fortalecía el sentir la compañía y cuidado de hombres y mujeres anónimas que crecíamos en la adversidad, que nos cuidábamos unos a las otras, al tiempo que construíamos la esperanza de un futuro distinto.

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Recuerdo a Laurita, quien era la mayor cuidadora, su alegría, su juventud, su amor por su hija, era nuestra inspiración; Alfonso Cano nos enseñó la ética y la moral revolucionaria, él enseñaba con su ejemplo, tenía la capacidad para entender las mayores nimiedades de su tropa al tiempo que ideaba estrategias para buscar la solución política negociada al conflicto interno armado, tenía el país en su cabeza y su corazón. Conocía de las razones por las cuales la oligarquía colombiana no se comprometía con la paz, y aún así persistía en la búsqueda de la misma, estaba convencido que el camino y rumbo cierto de Colombia debía ser la paz y por eso empeñaba todo su esfuerzo en buscar cualquier resquicio que permitiera alcanzarla.

Hoy como ayer me asiste ese sentimiento, máxime cuando muchos alzan las copas, se alinean para la foto de celebración de los cinco años de la firma del Acuerdo Final de Paz; quienes así actúan se olvidan del grave incumplimiento sistemático por parte del Estado y del Gobierno nacional. El Congreso de la República nada que se compromete con la Reforma Rural Integral que le garantice tierra gratuita, asistencia técnica y créditos para las comunidades rurales ni la reforma política que posibilite la democratización del país; tampoco vemos un Catastro Multipropósito que identifique el uso y propiedad de la tierra conforme lo planteó el Acuerdo. El Gobierno Duque ofrece aparentes avances en esta materia, pero acomodados a los intereses que defiende.

Por su lado, el Ejecutivo ha cumplido en parte lo que prometió en campaña de hacer trizas el Acuerdo y lo ha logrado con mucho esmero, modificando el espíritu del mismo, “gobierno de paz con legalidad” (seguramente la firma con los paramilitares en el 2000 fue ilegal); simula cumplir lo pactado, especialmente en el exterior, pero jamás se incorporó en el Plan Nacional de Desarrollo el Plan Marco de Implementación; la reincorporación ha sido prácticamente fallida, si no es por la persistencia y tenacidad de las y los reincorporados, serían muy pocos los resultados, con más de 300 firmantes asesinados, desplazamientos forzados masivos, nada más recordemos: el de Gallo en Tierralta Córdoba, el de más de 200 exguerrilleros/as de Tumaco a El Diamante en La Uribe, Meta de donde volvieron a salir hace poco por amenazas, y luego de varios asesinatos, el desplazamiento de toda la comunidad de Ituango; y en la semana de la celebración, el desplazamiento masivo de la comunidad del ETCR del Yarí en la Macarena, Meta.

Una reincorporación que no ha sido de acuerdo a lo pactado en La Habana ni a nuestros intereses, esa que anhelamos, de que fuera un proceso colectivo y comunitario, donde pudiéramos construir unas ciudadelas de paz, en el que prevaleciera los derechos fundamentales como ciudadanos y ciudadanas, en el que el centro del poblado se contara con centro de cuidado para los niños y niñas en conexión directa con la naturaleza, la paz, el crecimiento sano y una cultura de amor y reconciliación, además, donde sus madres y padres pudieron dejarles con plena confianza, en caso de algún viaje fuera de la ciudadela por motivos de estudio o para trabajar por la reincorporación y la paz; todo ello dentro de un complejo educativo integral para toda la población.

Hoy cinco años después, muchos compañeros continúan en las cárceles sin ninguna razón; también son muchos los intentos de entrampamientos que se pretenden montar contra nosotros/as los firmantes. Pero hoy como ayer nos fortalece la certeza de que la paz con justicia social, incluyente, la paz completa para Colombia, es el camino; hoy como ayer nos asiste el compromiso con la implementación integral del Acuerdo, la paz completa y un futuro para las amplias mayorías.

* Senadora de la República por el Acuerdo de Paz.

Por Victoria Sandino Simanca Herrera

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