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El pasado 9 de octubre pasará a la historia de nuestra diplomacia como el día en que Colombia fue elegida, por primera vez, para ocupar una silla en el Consejo de Derechos Humanos, órgano que supervisa y dirige las actividades de los numerosos organismos e instancias de las Naciones Unidas que trabajan esa temática, uno de los tres pilares del organismo mundial.
El Consejo reemplazó hace 20 años a la Comisión de Derechos Humanos, que, aunque desarrolló una importante labor, se politizó tanto hasta llegar a un grado desprestigio que llevó a los estados a decidir eliminarla en el año 2006.
En su momento, Colombia hizo parte activa en el diseño y puesta en marcha del Consejo de Derechos Humanos, pero nunca había hecho parte de él. Por 20 años, la participación de Colombia en este escenario no se priorizó y ejercimos el papel de observadores de sus trabajos. Sin embargo, el gobierno del presidente Gustavo Petro consideró que había llegado el momento de dinamizar nuestro rol en el organismo, lo que nos llevó a lanzar nuestra candidatura y adelantar una efectiva campaña que resultó en la elección del país por los próximos 3 años, a partir de enero de 2025.
Para lograrlo, utilizamos elementos que dejaran clara la posición de Colombia en este aspecto fundamental para la convivencia; por ejemplo, el lema “Colombia fue elegida, por primera vez, para ocupar una silla en el Consejo de Derechos Humanos”, con la convicción de que es indispensable el respeto y protección efectiva de los derechos humanos de todas y todos. Esa es la visión primordial que Colombia llevará a las deliberaciones del Consejo.
También empleamos como pieza gráfica la fotografía del monumento “Kusikawsay”, del artista colombo-chileno Mario Opazo, que Colombia donó al edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, como parte de los compromisos asumidos en el Acuerdo de Paz de 2016. Precisamente, el pasado 11 de julio, en el Jardín de las Esculturas, el presidente Petro y Diego Ferney Tovar, representante de las extintas FARC-EP, inauguraron el monumento, en presencia de representantes de los estados miembros del Consejo de Seguridad.
La obra fue hecha con metal fundido de las armas y municiones que las FARC entregaron a la ONU durante su proceso de desmovilización, desarme y reintegración. Esta pieza simboliza de lo que es capaz Colombia en los aportes al Consejo de Derechos Humanos, gracias a la experiencia que tiene en sus esfuerzos por la superación de los conflictos y en la construcción y consolidación de la paz.
Que Colombia sea parte del Consejo es una oportunidad invaluable de tener incidencia en la promoción de la vigencia y garantía de los derechos humanos en el mundo. Además, nos da la posibilidad de votar las propuestas que lleguen a consideración del organismo y de presentar iniciativas sobre asuntos que consideremos necesarios incorporar en el debate internacional.
Por eso, concentraremos nuestra actuación en aspectos prioritarios para el Gobierno: promover el diálogo como herramienta de paz y para superar situaciones manifiestas y sistemáticas de violaciones de derechos humanos; proteger y defender la diversidad humana, en particular, asuntos de género, población indígena, campesina y afrodescendiente y otros grupos vulnerables; participación activa de la sociedad civil en el Consejo; proteger de la labor de los defensores de derechos humanos y líderes sociales; así como abordar temas referidos a drogas y medio ambiente asociados a los derechos humanos. Adicionalmente, pondremos la experiencia colombiana en materia de justicia transicional al servicio del debate multilateral en derechos humanos.
Con estas líneas de acción, Colombia ratifica su determinación de poner la defensa de la vida, valor supremo para la humanidad, como propósito central de la agenda de este gobierno.
* Ministro de Relaciones Exteriores