9 Jun 2021 - 7:58 p. m.

Colombia sangra y grita gol

Farouk Caballero

Por: Farouk Caballero

Así Uribe represente la derecha de este país y Petro la izquierda, ninguno jugaría en la Selección Colombia. Ellos, cada uno a sus maneras, simbolizan la forma de concebir la nación de millones de colombianos. Los jugadores de la Tricolor, por el contrario, representan el talento y el sacrifico que, sin partido político, lucha todos los días por alegrar a una patria desigual.

Bueno fuera, estoy de acuerdo, que las piernas de James tuviesen algo de las neuronas de Diego Maradona y sus frases históricamente zurdas. Sería excepcional que Ospina, hoy nuestro capitán, tuviese la claridad analítica de Francisco de Roux sobre la guerra en Colombia, la coca y la corrupción. Me encantaría, lo juro, que la gambeta de Cuadrado fuese similar a los pizarrones de Julián de Zubiría y que la potencia de Borja dialogara con el ser sentipensante del maestro Orlando Fals Borda, pero seamos buenos, a Fals Borda nunca lo pondríamos de 9. No por eso, uno u otro me deben representar mejor, los dos marcan aportes para el pueblo colombiano sin exclusión.

Una hinchada religiosa

El problema de los hinchas, bien de los intelectuales o de los futbolistas, es que son más pasionales y viscerales que dialogantes. Quieren que un ídolo sea perfecto, que deje de ser humano y que además sea comprometido políticamente. A esos hinchas les gusta vociferar e imponer, no escuchar. El papel de los hoy millonarios jugadores de fútbol está en la cancha, no afuera de ella. Ellos, cuando gritan gol, no se lo dedican solo a una parte del país, la camiseta nos representa a todos: centro, derecha o izquierda. Ahora bien, si se dedicaran a estudiar los problemas arraigados de nuestra patria en educación, salud, economía, etc., quizá no fuesen las figuras del fútbol mundial, porque, repito, esos son casos excepcionales. Los Cruyff en Holanda no abundan y Muhammad Ali solo hubo uno.

Como colombiano me encantaría que los jugadores pensaran igual que los líderes de opinión o intelectuales, pero no seamos mesiánicos. El sistema educativo, el olvido, la violencia por el narco y la marginalidad están presentes en Guachené, Medellín, Cúcuta, Necoclí, Caloto, Barranquilla, Santo Tomás, Montería, Padilla y demás municipios colombianos que vieron nacer a estos cracks. Sí, ellos crecieron ahí y muchas veces patearon la miseria con su talento, con lo que fraguaron una protesta política enorme. A ellos no los elegimos por voto popular. Ellos, con ayuda, sudor y muchas veces sangre de los suyos, se hicieron solos. Entonces: ¿por qué exigirles compromiso político?

Y ahora que ellos son famosos, “ejemplo para muchos” me dicen profesores amigos, les exigimos que, aparte de sus logros, manejen la opinión pública. Cuando muchas veces jamás comprenden el complejo panorama histórico y político del país. Ellos no deben ser ejemplo de nada, solo deben ser deportistas profesionales. El problema nuestro es exigirle al famoso de hoy interpretación política, pero no cualquier interpretación, sino la que se acomode a mi banda. Ser millonario y jugar al fútbol no te da conocimiento, por eso no hay que pretender que sean un puñado de deportistas millonarios los que nos saquen de este lío de siglos. Ni los griegos se atrevieron a tanto, pues sus senadores y pensadores no fueron sus atletas.

Ellos se solidarizan con muchas causas y es muy positivo comprender que piensan distinto o desconocen, porque ellos representan también esas regiones y sus voces o silencios deben marcarnos el panorama colombiano total. Ellos son el país, son las regiones e incluso cuando no hablan, dicen mucho. No todo el que piense distinto a mí o calle está contra mí; quizá sus silencios hacen el ruido que debemos escuchar para buscar soluciones de fondo en la Colombia más rural.

Pan y circo

Ahora lo que importa es posar y si se posa de “intelectual”, mejor. Los que no comprenden el fútbol, no lo estudian o lo miran con desconfianza, como muchos intelectuales de Nuestra América, lo que realmente hacen es mantener la idea de mi cultura, la alta, encima de la cultura nuestra, la popular. Lo hicieron con el latín culto y el latín vulgar, lo hicieron al darle pan y circo al pueblo en Roma. El pueblo comía y veía los actos circenses porque los gobernantes creían al pueblo ignorante, incapaz de pensar o sentir. Vulgo, plebe y bárbaro se hicieron sinónimos en distintos momentos. Esa es la idea que hoy, la “gente de bien” usa en Colombia para señalar a los manifestantes. Para decirles que están manipulados por Petro, Maduro, Chávez, Fidel, el socialismo y el comunismo.

Eso, eso es desconocer la sabiduría ancestral y el inconformismo de los nadies a los que les cantó Eduardo Galeano: mujeres y hombres pobres, afros, indígenas, comunidades LGBTIQ+, estudiantes, músicos, artistas, desempleados, jóvenes, trabajadores del salario mínimo y el resto de colombianos inconformes. Esa máxima la planteó muy bien, sin ironía, el más franquista de los franquistas del mundo, nuestro “excelentísimo” Laureano Gómez. Él señaló: “una observación elemental demuestra que la inteligencia no está repartida en porciones iguales entre los sujetos de la especie humana […] integrada por el oscuro e inepto vulgo donde la racionalidad apenas aparece para diferenciar los seres humanos de los brutos”.

De la misma forma actúan los que hablan del fútbol como circo, enfocados en que si uno ve un partido de fútbol y grita un gol se olvida inmediatamente de todo el dolor que suman más de 40 días de #ParoNacional y décadas de violencia y desigualdad. No sean tan laureanistas, el fútbol entrega alegrías a todos los estratos socieconómicos de Colombia; entonces, ¿por qué atacarlo? A veces, esa es la única alegría que tienen millones de colombianos e incluso el único sustento. Y para quien esto escribe, es algo más, el fútbol es arte, es música, danza, poesía y teatro, como lo señaló el eterno Fontanarrosa. Y bajo ese parámetro hay que precisar que, en tiempos violentos, la belleza y potencia de las artes no deben parar. Por eso, defenderé siempre mi derecho a gritar ¡GOL! Y si eso me matricula en el equipo del vulgo, es ahí donde debo estar, en el equipo del pueblo.

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