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Competencia, propiedad intelectual y desarrollo

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Columnista invitado EE: *Juan Felipe Acosta S.
30 de julio de 2022 - 05:10 p. m.
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La relación entre un ambiente legal y económico que facilite el ingreso y la salida dinámica de participantes en el mercado y el desarrollo de un país ha sido materia de estudio durante décadas, pero ha adquirido más relevancia durante los últimos años. En el mundo se producen tantas y tan variadas soluciones a problemas técnicos del día a día, que pareciera una verdad evidente que la circulación de esas soluciones, representadas en productos o procedimientos, es un ideal al que todas las sociedades deberían aspirar. Que esas soluciones compitan entre sí, solo hace que en teoría sobreviva la mejor, la más útil, y quien lo juzga es la mayoría de los seres humanos que deciden comprar o no comprar la solución de que se trate.

Como en muchos casos, sucede que un país puede tener un sistema educativo con una gran cobertura, incluir en sus programas la mayor educación posible en términos humanos, pero, si en el mundo existe una máquina que ayuda a hacer una cirugía determinada de manera rápida y con menos riesgos, o un producto que permite facilitar una actividad o curar una enfermedad y no existe dinero para pagarlo o los conocimientos para reproducirlo, el sistema educativo no será suficiente para garantizar una buena calidad de vida.

Por eso no debemos caer en el facilismo de señalar que el dólar caro favorece a los exportadores y el barato a los importadores. El mundo está interconectado. Gracias a la globalización, los avances tecnológicos circulan y algunos de ellos pueden ser considerados banales, pero muchísimos otros no.

La realidad es que no estamos en épocas en que los países puedan tomar decisiones autocráticas con sus economías. Cuando se hacen esos intentos, los que sufren son sus pobladores, que se ven privados de lo que sucede en el mundo. Tan profunda es la interconexión, que en muchas ocasiones, para producir los bienes de manufactura o desarrollar, por ejemplo, software, se necesitan insumos que se pagan en dólares.

Pero el valor del dólar no es el motivo de esta columna. Lo que sucede es que la divisa cara hace parte de una serie de desincentivos para el ingreso al país de más y mejores soluciones, y la construcción de posiciones dominantes artificiales en algunos proveedores nacionales. Otro de lo desincentivos puede llegar a ser un sistema de propiedad intelectual débil. Aunque algunas corrientes de estudio encuentran patrones en la historia entre industrialización y copia, en muchos lances no resisten un contraste real con casos en detalle, pero en otros realmente se refieren a situaciones para nada comparables con el mundo contemporáneo.

El sistema de propiedad intelectual no solo permite que los nacionales cuenten con herramientas para proteger sus invenciones, signos y creaciones, sino que fortalece la confianza en el mercado colombiano. La confianza fomenta la competencia; el ingreso de más participantes del mercado puede venir aparejado de transferencia de tecnología; y el aumento en las capacidades derivadas de ello, un incremento en la productividad y el desarrollo. La generación de riqueza a partir de la productividad y el desarrollo, permite reinvertir en innovación y creatividad, y la protección de los resultados puede aumentar los ingresos que recibe el país por cuenta del incremento del margen sobre los productos o servicios con valor agregado o el licenciamiento de las tecnologías protegidas.

En fin, es un círculo virtuoso. El círculo vicioso también existe, está plagado de sistemas de propiedad intelectual débiles e invisibles barreras de entrada, provocadas, entre otras, por una moneda devaluada.

* Profesor de diversas Universidades, Magíster de la OMPI, socio de OlarteMoure.

Por *Juan Felipe Acosta S.

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