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Columnista invitado EE: Esteban Bernal Carrasquilla
28 de mayo de 2023 - 01:00 a. m.
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Recomiendo asistir al concierto del pianista inglés Alexander Ullman, hoy, 28 de mayo, en la Biblioteca Luis Ángel Arango. Tuve el agrado de entrevistarlo hace unas semanas y concluí que, más allá de su reconocimiento mundial por todo el andamiaje de la música académica que lo avala (orquestas, directores, programadores y la crítica especializada), Ullman representa a una nueva generación de músicos clásicos. Además de sus cualidades técnicas e interpretativas, sin las que no podría ocupar el lugar que tiene, este pianista es de los que se desprenden un poco de elementos algo acartonados de la tradición académica, asunto que, espero, acerque a más público a este tipo de eventos.

Me llamó la atención el repertorio que presentará, pues las obras son histórica y estilísticamente muy distantes entre sí. Hay piezas del siglo XVII, del XIX y del XX, del Renacimiento y el Barroco inglés, del Romanticismo alemán y del nacionalismo francés. Y no parece haber un hilo conductor entre ellas, más allá de que sus compositores son europeos y todas fueron escritas para instrumento de tecla. Lo que me pareció curioso fue esa distancia entre obras, algo que podría eludir la lógica usual en la configuración de un repertorio para concierto. Aunque sí encontré una relación leve entre las piezas: la reiteración en formas musicales como la danza, el coral y la fuga.

Luego de oír con detalle las obras, leer sobre ellas y sus compositores, ver sus partituras y no encontrar mayores conexiones que lo anunciado, preparé una entrevista que me permitiera indagar sobre motivos de carácter académico para la escogencia del repertorio. Supuse que había algún interés musicológico detrás de la propuesta, que Ullman revelaría algo que no vi en mi pesquisa y que a preguntas elaboradas de mi parte corresponderían respuestas sofisticadas y técnicas de su lado.

Pero en tan solo dos minutos, justo al inicio de la conversación, Ullman me desarmó por completo. Me dijo que, si bien el programa tiene como lógica lo que indico, su principal motivación no es revelar la esencia de las formas musicales antiguas ni resaltar una tradición de composición a partir de ellas que se mantendría (así supuse) entre los compositores escogidos: Orlando Gibbons, Ludwig van Beethoven, Maurice Ravel y César Franck. Su decisión, por el contrario, responde más a las pulsiones, al instinto y a la intuición, y al simple gusto de tocar música que le parece hermosa y que imagina que le puede agradar al público.

Sin más que preguntarle, pues rápidamente entendí que no tenía caso ni era prudente de mi parte forzar respuestas en él, me desprendí de las pretensiones del entrevistador que se hace pasar por agudo, para verme, más bien, como su contertulio. Hablamos del miedo y la frustración que genera la obra de Johann Sebastian Bach en los intérpretes, lo que lo llevó a escoger a Gibbons, quien también escribió música polifónica, aunque mucho más sencilla. También coincidimos en nuestro gusto especial por Beethoven y me dijo que, de nuevo por su interés del momento en lo bello más que en la lógica, decidió tocar en esta ocasión solo dos de sus tres últimas sonatas, algo insólito entre los pianistas y desaconsejado por los musicólogos. Durante veinte minutos hablamos sin libreto de mi parte y entendí que su declaración artística de hoy es gratamente hedonista.

No es para nada descabellado que un artista busque lo placentero y lo bello en su quehacer, así como tampoco lo es que quiera hacer partícipe a su público de tal intención. Lo curioso es que buena parte de la tradición académica en la música occidental, sea desde quien compone, quien interpreta, quien analiza y quien critica, es la tendencia a que predomine lo cerebral sobre lo sensorial. Sin querer ir en contra del espíritu de una época que aún nos reclama —el pensamiento ilustrado, la razón, la modernidad— y en el que creo, reconozco que vale la pena mantener vigente el sentimiento de que la música, como arte, es el lenguaje de lo bello y lo sublime. No quiero engañar al lector: el concierto de Ullman es de un pianista formado en la tradición académica europea, pero su intención apunta al goce.

*Realizador radial de Javeriana Estéreo.

Por Esteban Bernal Carrasquilla

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Atenas(06773)28 de mayo de 2023 - 05:48 p. m.
Cuán interesante artículo, tan finamente gustoso y bien escrito.
Camilo(v9l66)28 de mayo de 2023 - 02:16 p. m.
Quiero creer que vamos por el camino de una época de verdad posmoderna en la cual la racionalidad y el billete, serán superadas por el humanismo y el espíritu de la revolución francesa: Libertad, igualdad, fraternidad. Cada vez más, vida lenta, que se disfruta y tiende a un goce calmo.
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