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Columnista invitado EE: Iván Garzón Vallejo
16 de junio de 2026 - 05:05 a. m.
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Voté por primera vez hace veintiocho años y no recuerdo unas elecciones que me obligaran a hacerlo con tanta resignación. Para mí el voto es un deber ciudadano que se cumple siempre y a conciencia, pero también con una mínima convicción. Por eso no comulgo con esos ejercicios preelectorales de segunda vuelta en los que algunos descubren de pronto virtudes donde hasta hace unos días veían defectos. Además, quienes votan por el mal menor les toca cargar durante los siguientes cuatro años con el peso cívico de saber que su decisión desganada sumó exactamente lo mismo que otra plenamente convencida.

Estas elecciones se decantaron de la peor manera posible: quedaron el sectario y el bravucón. Ambos encarnan dos formas de autoritarismo. El sectario es el de quienes se creen siempre del lado correcto de la historia y abusan de las instituciones, convencidos de que sus fines lo justifican. El bravucón, el de quienes están hartos de disimular tolerancia durante cuatro años y quieren revancha. Si quedaban dudas, la noche del 31 de mayo las despejó: uno y otro hablaron como predicadores enajenados, despreciando al rival y, peor aún, a sus millones de votantes. Esa vergonzosa noche quedamos notificados: ambos ejercerán el poder para su bando, como nos lo enseñó el rancio bipartidismo de la Violencia, hostigando al país que lleva la otra camiseta, aunque ese país sea la mitad.

Stalin se sentó con Churchill; Carrillo con Suárez; Mandela con De Klerk; Arafat con Rabin; Adams con Trimble; Gorbachov con Reagan. Pero en Colombia los dos candidatos presidenciales son incapaces de presentarse a un debate televisado. Que es estrategia electoral, explican unos. Que son los modales del viejo país, justifican otros. Ya se sabe que en campaña la gente actúa como los enamorados: unos exhiben su mejor versión –prometen lo imposible, se desdicen de lo que defendían hasta ayer– y los otros ignoran todas las señales de alarma de lo que vendrá. Una suerte de hipnosis colectiva transitoria. Pero esa condescendencia con la irresponsabilidad del jefe de la propia facción olvida lo esencial: gobernar es sinónimo de dialogar, consensuar, acordar. Solo en las dictaduras quien gobierna se da el lujo de ignorar a la oposición.

Votar en blanco el 21 de junio es un acto de resistencia civil. Un gesto valeroso que deja constancia y manda una señal: conmigo no cuenten para el continuismo sin remordimientos del uno, ni para el reseteo bravucón del otro. Los fanáticos de lado y lado dirán que es un voto tibio. Claro: a quien solo tiene un martillo, todo le parece un clavo. La objeción seria es otra: que votar en blanco es inútil. Pues bien, en 2004 el escritor portugués José Saramago imaginó en su novela Ensayo sobre la lucidez una situación inédita en un país sin nombre: el voto en blanco obtiene 701.300 sufragios, una mayoría que obliga a repetir las elecciones. Una semana después, ya son 801.300. Si el 21 el voto en blanco alcanza una cifra semejante —en 2022 fueron 500.043—, dejará de ser inútil: puede alumbrar una nueva oposición. Porque la vamos a necesitar.

@igarzonvallejo

Por Iván Garzón Vallejo

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Gonzalo Alirio García Gómez(2011)17 de junio de 2026 - 06:55 p. m.
De acuerdo, el blanco es la mejor opción cuando no quedan más opciones, aunque le aclaro que en segunda vuelta el voto en blanco no obliga a repetir las elecciones, gana el que tenga más votos.
maribel martinez(mypzj)17 de junio de 2026 - 05:09 p. m.
Yo voy por Cepeda y me conozco su andar, puro dialogo nacional, de hecho no sé de que estas hablando señor Vallejo, yo diría que eso del voto en blanco es puro cuento de los perdidos que quieren posar de filósofos y me conozco uno en mi familia muy cercano y que no es ni chicha ni limona. No sabe naa
Álamo(88990)17 de junio de 2026 - 04:42 p. m.
¡Elocuente ingenuidad!: nos recuerda la ceguera de doña Sara Mago... ¡Mire a ver!, si nos lleva en blanco por el destripador camino de los 12 apóstoles.
Carlos(12062)17 de junio de 2026 - 04:22 p. m.
Una pregunta:¿puede explicar(se) qué tiene de sectario Iván Cepeda? Ha respetado las instituciones, no ha amenazado a nadie, no propone destripar a nadie y tiene un programa que se centra en un acuerdo nacional. ¿Eso es sectarismo? ¿Eso es equiparable a lo que ofrece el otro candidato? Haga el favor de distinguir, ya que lo invitaron a escribir una columna, y respete a los lectores.
Ulises20(10892)17 de junio de 2026 - 03:59 p. m.
Votar en blanco, es un derecho y forma parte de la libertad de pensamiento. Sin embargo, hace más de 28 años que ejerzo ese derecho, en privado, para que mi decisión no estorbe la libertad de otros. Y, he votado por el menos malo porque para eso alcanza la más antigua democracia de América. En blanco no, es evasión, es un mecanismo de escape. Y, está bueno de huir de una realidad que duele.
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