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7 Dec 2021 - 4:59 a. m.

Consejos de Juventud: una victoria disfrazada de derrota

Juan Diego Barrera Sandoval

El pasado domingo se llevaron a cabo los comicios que las juventudes colombianas esperaron por ocho años. Como un río espera llegar al mar, esperaron hasta hacerse viejos, y muchos llegamos de la adolescencia a la adultez menor mientras esperábamos una oportunidad de participación política digna y seria en Colombia.

Pero llegó el día para los Consejos de Juventud y las generaciones ulteriores se propusieron demostrar nuevamente su miopía y lo grande que les ha quedado la tarea de hacer país, de incluir, de escuchar. Numerosos son los trinos, chats familiares y muros de Facebook donde algún señor Edilberto o una señora Nancy pregonan que los jóvenes que hicieron el caos, que insultaron las instituciones y que jugaron a Ícaro en el paro nacional, ahora emprendían la caída, decepcionaban.

El que tenga oídos, habrán escuchado ellos mismos, que oiga.

La de las elecciones de ayer no es para nada una baja participación teniendo en cuenta el contexto, la falta de incentivos para los candidatos y la desfinanciación. “Mucho tilín tilín y nada de paletas”, “a la hora de la verdad y de la democracia, ¿dónde estaban?”, “la generación de cristal quiere todo regalado y ni pa’votar”, “acostumbrados como siempre a botar la plata”. Y les decimos: participar en política nacional jamás será perder la plata; será siempre reafirmar la dignidad.

Estas elecciones son hijas de un proyecto de ley cuya implementación lleva ocho años detenida y que justamente tuvo luz verde finalmente gracias a las presiones generadas por el paro. Su nivel de participación electoral (1,2 millones de jóvenes entre los 14 y los 28 años) representa un poco menos de una veinteava parte de la participación en las elecciones presidenciales de 2018. Empero, esos números no nos hablan para nada de desinterés, sino de algo que deberíamos abrazar, aunque se trate de un fenómeno de una tipología que en la política de Colombia nunca hemos podido experimentar plena y felizmente: entendiendo las cosas como proceso.

Además, son unas elecciones puestas en unas condiciones de tiempo y dinero que parecen diseñadas adrede para fallar. De un lado, los elegidos para los consejos no reciben remuneración alguna, en un país que le paga con creces a los funcionarios públicos electos: y la situación de desigualdad y desempleo, sobre todo en jóvenes, en nuestro país, crea ya ahí una brecha por la que el mentado río va a perderse en la selva. De otro, son elecciones realizadas en diciembre, en el cierre de los años escolar y universitario, donde las prioridades claramente son otras para esta población. Finalmente, no olvidemos que la financiación para publicidad y el trabajo pedagógico del Estado para informar fueron no solo regulares, sino pésimas y casi inexistentes o al menos ineficaces a la hora de alcanzar al público objetivo.

¿Cuántos jóvenes tienen claras siquiera las funciones de este nuevo organismo? ¿No será que si uno no ha visto para qué sirve algo así, y está tan acostumbrado a que lo traten de vándalo para abajo, uno prefiere quedarse en la casa viendo una serie o ver a sus amigos? ¿No creen que estaría bueno dejar de estigmatizar la rabia, como suelen hacerlo, y más bien ayudar a los que sacan fuerzas de donde no hay para sanar y cambiar las condiciones del país? ¿No se les ocurre pensar que la política nos ha fallado tanto a todas las generaciones, pero en especial a esta, que es un milagro que podamos concebir y sostener una ilusión de narrar otro futuro posible?

Me pregunto si no será que nos tienen miedo esos políticos que se sienten ofendidos e indignados por la “defraudante” asistencia. Tienen miedo a nuestro seguimiento juicioso, a nuestro criticismo, a nuestro deseo de paz y de erradicación de la corrupción. Aventuro que la pésima gestión electoral (votos repetidos, en distintas mesas, y demás, dejan muy mal parado al Consejo Nacional Electoral y a la Registraduría de cara a 2022) quizás pudo ser una manera de dar pie político y jurídico para nunca volver a hacer este ejercicio. Y es una pena esa falta de visión, esas ganas de disfrazar una victoria de derrota. La historia de la democracia, ni en Colombia ni en ninguna parte, ha sido la de la participación masiva cuando no hay incentivos. El río llegó al mar incluso sin ayuda, y lo que intentan ocultar es que no pudieron detenerlo.

@balandro99

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