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La inflación alcanzada en 2022, 13,12 %, superó en 4,4 veces la meta del 3 % anual fijada por la autoridad monetaria. En tanto que la tasa de interés real del banco central —es decir, después de descontar dicha inflación de la tasa nominal vigente— continúa en terreno negativo, o sea, en una postura excesivamente expansionista, habida cuenta de que además la llamada tasa de interés natural o neutral ronda un punto y medio porcentual. O sea, aquella que supuestamente ni frena ni estimula la economía.
De otra parte, sustrayendo de la cifra de inflación total el impacto sobre los precios de los choques de oferta de los alimentos y la energía —esto es, factores exógenos no controlables por el costo interno del dinero—, el resultado subyacente arroja igualmente un comportamiento desbordado de los precios, indicando inequívocamente claras presiones de demanda ante las cuales la política monetaria tiene que seguir respondiendo por vía de su endurecimiento, teniendo en cuenta adicionalmente que la llamada brecha del producto —la diferencia entre el PIB potencial y el real— se halla cerrada. En otras palabras, la actual capacidad ociosa del aparato productivo se encuentra cercana al límite de su agotamiento, de suerte que medidas orientadas a acelerar el crecimiento por encima de dicha capacidad conducirían, ni más ni menos, a provocar el recalentamiento de la economía con sus consiguientes efectos devastadores sobre la elevación adicional del nivel general de precios.
Como si fuera poco, todas las variables disponibles sobre las expectativas de inflación asimismo continúan desmedidas, muy por encima de la meta. Como bien se sabe, en materia de dirección de la política monetaria no hay mejor guía que la evolución de las expectativas.
En un escrito anterior, afirmamos que, así las cosas, nuestro banco central no debería cesar el ciclo de alzas de su tasa de interés nominal hasta tanto no se sitúe en un nivel no inferior al 14 %, si es que en verdad se pretende que en el horizonte de tiempo de política —aproximadamente 18 meses— la inflación de nuevo se enrumbe hacia la meta.
Como afirmó recientemente el primer mandatario estadounidense, Joe Biden, refiriéndose a la situación de su país, una inflación fuera de madre equivale a la “ruina de la existencia”. O como sostuviera el camarada Vladimir Lenin en su momento, la forma más eficaz de derrotar al enemigo es corrompiendo el poder adquisitivo de su moneda.
A ello cabría agregar la afortunada y oportuna observación de la idónea economista indio-estadounidense Gita Gopinath —subdirectora del Fondo Monetario Internacional— en el sentido de que resulta crucial que el banco central (en este caso la FED, lo cual por igual se aplica perfectamente al nuestro) “mantenga una política monetaria restrictiva hasta que se logre una reducción definitiva y durable de la inflación, que es evidente en sectores diferentes a los de alimentos y energía”.
* Excodirector del Banco de la República, director de Ecopetrol.