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Por: Alberto López de Mesa
El 28 de mayo de 2016 a las seis de la mañana se cumplió el espectacular operativo que permitió el desalojo definitivo de la zona conocida como “La calle del Bronx, con lo cual, por cierto, se capturaron dos secuaces de los capos del micro tráfico, varias armas hechizas, vichas de bazuco, bolsitas con cocaína y varias libras de marihuana, también se rescataron, no han dicho cuantos, niñas y niños menores de edad que al parecer hoy están bajo la tutela del Bienestar Familiar, lo contundente si fue el desalojo de cientos de pordioseros, mendigos, desarrapados e indigentes que en un diáspora incontrolable cundieron por toda la ciudad.
Dos años después, según el último censo realizado por el DANE, la población habitante de calle disminuyó de 9614 que se contaron en el año 2011 a 8568 que existen actualmente, pese a estos datos, muchos bogotanos sufren la presencia, cada vez mayor, de habitantes de calle mal viviendo bajo los puentes, entre los caños, en cualquier baldío donde les dejen armar su cambuche o parquear su carreta.
La Secretaría de Integración Social e IDIPRON nos aseguran que han duplicado sus servicios, han dispuesto un equipo llamado “Ángeles de la calle”, ocupado en atender a los callejeros directamente en su lugar de permanencia a veces también los persuaden de que asistan a los centros. En las redes y en los telenoticieros se muestran videos oficiales donde aparecen sonrientes y lozanos personas que dicen ya estar rehabilitadas y listas para integrarse normalmente a la sociedad.
Ahora en la nueva zona del Bronx, se anuncia con bombos y platillos un centro para la pos-moderna “industria naranja”, anuncian espacios para el emprendimiento de industrias del ingenio y la creatividad, donde artistas y diseñadores con espíritu emprendedor y comercial podrán consumar sus sueños.
Mientras tanto, en los barrios La Favorita, Santa Fe, San Bernardo, Kennedy, Suba, Arborizadora alta, Patio Bonito, Chapinero, prosperan a puertas cerradas, las ollas o expendios furtivos de toda clase de drogas. Bajo los puentes de la calle 26 con Caracas, desde las ventanas del transmilenio podemos ver decenas de personas que han construido un submundo sórdido y triste. Los filántropos que suelen repartir alimentos en las calles y los mismos habitantes de calle denuncian desapariciones inexplicables de sus compañeros, en Medicina legal llegan semanalmente cadáveres apuñaleados o golpeados cuya única explicación es que son víctimas de riñas y vendettas entre ellos.
El panorama y el destino son tristes para esta población, en realidad son insuficientes los albergues, no son funcionales los programas de prevención y menos los de rehabilitación y de inclusión.
La excusa, el discurso antiguo y caduco, de que todo depende de la fuerza de voluntad, aun no se supera. En ello se apoyan médicos, trabajadores sociales y terapeutas, para no reconocer la ausencia de un programa integral que parta, de una buena oferta educativa para niños y jóvenes, un sistema de salud moderna y científica que sin moralismos prevenga y atienda las adicciones, desde una concepción humanista y no policiva. Las entidades sociales y la ciudadanía deben transformar sus imaginarios discriminatorios y entre todos propiciar modelos de inclusión laboral. Reconocer que en las calles viven excelentes recicladores, jardineros, albañiles, talentos de toda índole a la espera de una oportunidad en la vida que les permita trabajar sin ser censurados y discriminados por sus hábitos o sus modales.
Si generalizamos y solo interpretamos el aspecto de un habitante de calle como signo de inseguridad y de peligro, en nada contribuiremos a la sana convivencia, nos seguiremos guiando por los preceptos de urbanidad que nos inculcó la formación clasista y excluyente que adquirimos desde la escuela.
Es mucha la responsabilidad de los gobiernos, partiendo de la voluntad política de asumir la atención al fenómeno de la habitabilidad en calle como una acción tan o más prioritaria en los planes de desarrollo que la infraestructura física.
Pasaron dos años del operativo en la calle del Bronx y los bogotanos vemos con horror el aumento de la inseguridad y un montón de personas desamparadas viviendo en condiciones infrahumanas.
Cada vez son más los habitantes de calle.
