7 Jun 2021 - 4:04 p. m.

Romper el mapa: el apoyo de los colombianos en el exterior durante la coyuntura actual

Lina M. Sánchez B.

Colombia sigue convulsionando y los colombianos en el exterior no pueden obviar el vértigo de quien vive entre dos realidades disonantes. ¿Qué apoyo pueden brindar colombianos en el extranjero? ¿Cuál es su rol en estos tiempos de transición? son las preguntas que los persiguen. Si bien es cierto que, en cuanto ocurre una coyuntura de tal envergadura como la actual, se apuesta por hacer visible tanto la lucha como el apoyo, la visibilización como la conocemos no es la única respuesta a la pregunta.

Como en muchas otras ciudades del mundo, el sábado 8 de mayo hubo una manifestación en la plaza en frente del edificio Ferry en San Francisco a la que asistieron colombianos y no colombianos de diferentes partes de la bahía de California. El micrófono estuvo abierto para que los asistentes hablaran sobre su descontento; se presentó un grupo que tocó música tradicional del Pacífico; y se realizó un ejercicio de reconocimiento de las víctimas.

Las preguntas estaban en el aire y, aunque no fueran pronunciadas, se podían escuchar claramente entre intervenciones y detrás de la música.

La investigadora y activista Lorena Rodríguez lleva años haciéndose esas y otras preguntas, y planteando alternativas para resolverlas. Ella fue una de las organizadoras de la manifestación del sábado 8 orquestada por el Colombia Conexión SF - Bay, un colectivo que sirve como plataforma para la movilización y el diálogo en el área de la bahía. Además, Rodríguez es cofundadora de La realidad, un proceso cívico en el Amazonas que fomenta el diálogo y amplifica las prácticas ancestrales con miras a crear sistemas y prácticas benéficas y dignas para las personas y la naturaleza, y que ha sido el mapa y corazón de todo su trabajo. Es ella, también, la que ha sentado las bases para este artículo, la que ha respondido a las preguntas.

Después de hacer un análisis de la situación actual, Colombia Conexión y el movimiento estudiantil de la bahía, encabezado por estudiantes colombianos de La Universidad de California en Berkeley, determinaron que se podía generar presión desde el ámbito económico y que la vía de acceso era el sistema político estadounidense. En todo caso, desde el Plan Colombia, Estados Unidos financia los grupos militares colombianos.

La Ley Leahy es una ley estadounidense de derechos humanos que regula la asistencia militar o financiera a unidades militares y policiales extranjeras. Si hay fuentes confiables de que en el país extranjero se violan estos derechos, la asistencia debería detenerse. En muchas ciudades de Estados Unidos, incluyendo San Francisco, activistas recolectaron firmas y abogaron por la ejecución de la Ley Leahy en vista de los excesos policiales sistémicos en Colombia. Los asistentes al plantón del sábado 8 también fueron invitados a firmar la petición.

Unos días después, el 14 de mayo, 55 congresistas estadounidenses enviaron una misiva al secretario de Estado, Antony Blinken, en la que pidieron suspender la ayuda directa a la fuerza policial y al ESMAD.

Ahora bien, nadie se pudo haber sacado de la manga una apuesta tan contundente: está anclada y es el resultado de una apuesta que se sostiene en el tiempo. Dialogar, podría decirse, es la alternativa que resuelve las preguntas que han acompañado a muchos colombianos en la diáspora.

Entonces, ¿cómo el diálogo?

El diálogo sostenido en el tiempo, que canaliza la energía explosiva propia de las épocas de crisis, es la llave para abrir escenarios de justicia y reconstrucción. Rodríguez, desde Colombia Conexión, propone además que la conversación no sólo se dé entre colombianos, sino que se incentive la participación de individuos, colectivos y organizaciones de diferentes orígenes. Al fin de cuentas, lo que nos une puede no emerger a simple vista.

El objetivo de la iniciativa que impulsó la ejecución de la Ley Leahy no termina ni empieza en Colombia, sino que son y han sido muchos los colectivos que luchan para que los impuestos que pagan los estadounidenses dejen de financiar guerras sangrientas en tierras extranjeras. Haití, Palestina y varios países de Centro América también hacen parte de la larga lista.

Un espacio de encuentro en el que colectivos e individuos de diferentes orígenes se unan para detectar puntos en común y luchar por causas que también los atraviesan; puede ser la fuente última de nuestra fuerza. Colombia Conexión SF ha apoyado activamente la causa Palestina ante la brutalidad del estado de Israel, por ejemplo, y ha trabajado en proyectos comunes con organizaciones como 1000 Grandmothers y agrupaciones de Black Lives Matters.

Los colombianos hemos estado presos en el territorio, por lo que una de nuestras metas debe ser, precisamente, la de romper el mapa carcelario de Colombia y cuyos límites imaginarios nos han aislado tanto del mundo como de otros colombianos.

¿Qué es lo que nos une?

Tenemos un vínculo geográfico con La República Democrática del Congo, con Gabón, Tailandia, Brasil, Venezuela, India y las Guyanas. Compartimos el océano Pacífico con estadounidenses, canadienses, mexicanos y chilenos. Podemos conocer los distintos matices de los Andes desde Bolivia, Ecuador, Argentina.

Junto con Sudáfrica, Haití, Honduras y Ruanda, somos de los países más desiguales del mundo. Nos une la desigualdad. Nos une la diversidad. Nos une la Amazonía. Nos unen prácticas cuestionables como la ablación con Eritrea, Etiopía y Egipto. Nos unen con muchos otros el feminicidio, las religiones, la corrupción, la guerra, el hambre o el deseo de libertad. Nos unen las mujeres y la lucha contra el calentamiento global.

Aunque diferentes, las agrupaciones colombianas preocupadas por la devastación del fracking en Puerto Leguízamo, Putumayo, tienen mucho en común con las agrupaciones que han luchado contra la explotación petrolera en Dakota del Sur, Estados Unidos.

¿Sí somos muy diferentes?

Si todavía no conocemos lo que nos une, lo que nos puede acercar es una pregunta con la que podamos aprender y descubrir juntos el mundo.

¿Cómo se hace la chicha?

Para hacer chicha, muchas partículas mueren para renacer como burbujas, me dice Lorena Rodríguez. Desde La Realidad se creó el taller virtual 400+1 Encantos de la chicha, un ejercicio que parte de una tradición ancestral y que a su vez es también herramienta social de los pueblos indígenas.

Las familias chicheras de Pasto y de la comunidad Kamëntsá del valle de Sibundoy se encargaron de sentar las bases del proceso de fermentación para a un puñado de personas a través de Zoom. Y es allí cuando el diálogo también sucede: al tiempo en que los asistentes se reunían para hablar, aprender y experimentar con la bebida, mujeres feministas, queer, personas afro, personas centroamericanas, estadounidenses, colombianos en el exterior y colombianos en el Putumayo se contaron historias de vida. Las luchas, la humanidad del otro que hasta entonces era desconocida, se visibilizan, no ya solamente como una disrupción extranjera, sino como una historia humana cognoscible y reconocible, cercana.

Tejer historias y ver al otro

Esas nuevas historias que se tejen en estos espacios son materia de conversación en una red de comunicación que se expande fractalmente. Las historias, que una vez fueron singulares, solitarias, se pueden escuchar en diferentes partes del mundo y discutir en diferentes idiomas. Es el reconocimiento del otro, el aprendizaje, la visibilización global la que compone la fuerza máxima. Lo que nos une y nos contiene es el universo, es la ollita de chicha en la que cabemos todos y en la que podemos vernos en los demás.

Los espacios dialógicos son puerta de entrada para reimaginar, para encontrar aliados y vincularnos con los que alguna vez creímos extraños y sus causas, nuestras causas. Rompen el mapa. Pueden ser el impulso y marco teórico para dar soluciones tangibles y contundentes, como la iniciativa para que se aplique la Ley Leahy.

Esta apuesta de largo aliento es uno de los caminos para sacar a Colombia de la violencia sistemática a la que ha estado sometida y resuelve, de manera tangible y policromática, a las preguntas del principio. Es decir, uno de los roles de los colombianos en el exterior es el de romper la terrible soledad a la que Colombia ha estado condenada.

Comparte:
X