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El efecto cobra y la educación

Columnista invitado EE y Santiago Espinosa*

07 de septiembre de 2026 - 03:27 p. m.

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Los historiadores ingleses tienen un término muy preciso: “el efecto cobra”. Esta expresión se usa cuando una ley logra un efecto contrario al que inicialmente se propuso. Su origen se remonta a la India, cuando el Imperio Británico entregó estímulos por cada cobra muerta para disminuir la población. Al principio disminuyeron, pero, después de un tiempo, la gente comenzó a criarlas en masa en las calles de Delhi y de Calcuta, en el Punjab, para cobrar después las generosas recompensas.

Algo muy parecido ocurrió cuando Viviane Morales, en su paso tan corto por el Ministerio de Educación, anunció desde sus redes la modificación del Decreto 1075. La motivación inicial para reformar este decreto era dar continuidad a experiencias tan exitosas como la de los colegios en administración de Bogotá, y que sin un soporte jurídico podrían desaparecer a finales de este año. El resultado inesperado, o efecto cobra, se dio cuando la misma ministra anunció hacia el final de su alocución: “De otra parte, el decreto repite lo que se ha establecido desde 1994, que las entidades religiosas pueden colaborar en la prestación del servicio educativo, como lo han hecho desde hace mucho tiempo”. Las modificaciones del Decreto no cambian en nada lo que ya había dicho la ley sobre la participación de entidades religiosas, lo que modifica es que el Estado pueda seguir contando con el apoyo de aliados para los colegios distritales. Pero el hecho de que la ministra hiciera una alocución pública, y lo que es más llamativo, que mencionara a las iglesias al final, hizo que una discusión más o menos focalizada le diera paso a un enorme debate sobre el Estado laico y la Constitución del 91.

Sobre los colegios en administración se han hecho tres estudios: el primero estuvo liderado por Edna Bonilla y Jorge Iván González, y demostró que estos colegios, llamados entonces en concesión, daban mejores resultados en todos los indicadores de calidad educativa. El segundo estudio lo lideró Felipe Barrera desde la Universidad de Vanderbilt, y demuestra que en los colegios en administración los niños aprenden más, en todas las áreas, y obtienen resultados mucho mejores en lo socioemocional, gracias también al liderazgo de sus rectores y de sus equipos de bienestar. La Secretaría de Educación de Bogotá ha contratado un tercer estudio con el Centro Nacional de Consultoría: se demostró una vez más que estos colegios se destacan frente a los oficiales en calidad educativa, administración efectiva, clima escolar y liderazgo. Estos colegios incluso han sido reconocidos internacionalmente. Un ejemplo es el colegio Las Margaritas, de Kennedy, nominado entre los diez mejores del mundo en los World ‘s Best School Prizes 2026. Bogotá, como la novela de Charles Dickens, también es la historia de dos ciudades, la ciudad del norte y la ciudad del sur, y estos colegios, además, han permitido que estudiantes de estas dos realidades se encuentren.

Hay, por supuesto, debates más profundos que cuestionan la orientación de esta modificación, especialmente sobre las condiciones que deben cumplir estos privados para apoyar proyectos pedagógicos. Otros creen que es demasiado blanda, y que si la calidad educativa es la máxima prioridad, el Estado debería contar con este y otros caminos para cerrar las inmensas brechas educativas. Lo cierto es que, sin un soporte jurídico claro, la ciudad podría perder un modelo innovador, y que ha logrado los mejores resultados en estos 26 años.

Es este el precio de una sociedad tan polarizada. Que no nos pase que por el afán de este gobierno de congraciarse con unos sectores más radicales (el nombramiento de Myriam Hoyos el Ministerio despierta estas y otras preguntas), se le complique la vida a los mejores colegios de Bosa y de Kennedy, de Usme y de Ciudad Bolívar. En la práctica, mientras siguen estas discusiones entre el Estado laico y la denominada “batalla cultural” (un regreso a la Colombia del siglo XIX), 35 mil familias, que son las que se benefician de este modelo, pueden quedarse este año sin los mejores colegios y en suspenso, como si hubieran sido picados por el veneno de una serpiente inesperada y peligrosa.

*Educador y exrector del Gimnasio Sabio Caldas.

Por Santiago Espinosa*

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