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El futuro en el que todos somos programadores

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Columnista invitado EE: Álvaro Nicolás Ruiz Casas
11 de abril de 2023 - 11:42 p. m.
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El futuro que nos propone la industria de las tecnologías educativas es uno donde se valora más programar que conocer la historia. No es sorprendente. Anthony Levandoski, ingeniero de Uber demandado por Google, le dijo a la revista Vice: “Lo único que importa es el futuro. No sé por qué estudiamos historia. Supongo que las estudiamos porque es entretenida – los dinosaurios y los Neardentales y la Revolución Industrial, y cosas como esas. Pero lo que ya pasó realmente no importa. No se necesita saber de historia para construir sobre ella. En tecnología, todo lo que importa es el mañana”.

Hace unos días volví a mi hogar en Edimburgo de un viaje que realicé a Londres. Fui a participar en BETT, la convención de tecnologías educativas más grande del mundo. Uno de los grandes patrocinadores de la convención era Microsoft. En la escarapela que te daban a la entrada decía (además de tu nombre y organización) “Microsoft – Reimagine Education”. Al verla, pensé que el tema de la imaginación y la re-imaginación era acertado: los futuros se nutren de nuestra imaginación.

La imaginación es clave en la financiación de startups de tecnologías educativas y en el desarrollo de estas. Las fantásticas Jen Ross y Audrey Watters, investigadoras de la educación digital, lo explican: los futuros que nos imaginamos nos condicionan a actuar en el presente. A través de discursos, los futuros imaginados cobran vida y se manifiestan en inversión en startups, diseño de tecnologías educativas y pitchs de ventas.

Debo decir que en BETT vi un futuro sin mucha creatividad y problemático. Si bien había una gran cantidad de startups y corporaciones presentando sus productos; la mayoría repetían las mismas ideas. El siguiente diálogo ocurrió con un vendedor que vendía robots para aprender a programar:

–¡Hola! Está muy interesante ese robot – le dije, señalando a la pequeña esfera motorizada.

–¡Sí!, Es muy interesante. ¿Cuéntame, eres un profesor, trabajas para un gobierno o para un colegio? –preguntó tanteando terreno.

– Soy el fundador de una ONG que trabaja con escuelas de escasos recursos en Colombia – dije.

–Ah…– dijo desilusionado. – Este robot está diseñado para que los estudiantes aprendan a programar. Se controla a través de una aplicación que le da instrucciones. Por ejemplo, puedes pedirle que se mueva hacia delante y luego gire a la izquierda. La idea es que los profesores lo empiecen a utilizar en sus clases de diferentes maneras.

–Interesante. ¿Y cómo hacen los profesores para utilizarlo? – pregunté.

–Bueno, la idea es que lo utilicen en todas sus clases. Por ejemplo, se puede usar en clase de historia. Supongamos que la clase es sobre la historia de Italia. El profesor hace una pregunta factual a los estudiantes, como ‘¿Cuál es el año de fundación del Reino de Italia?’ –

– 1861– lo interrumpí, para mostrar de manera galante uno de los muchos datos inútiles que guardo en mi cabeza.

– Emm, sí. Correcto. Como te decía, en este caso el estudiante puede programar para que el robot pinte ‘1861′ sobre un papel, amarrándole un marcador y programando su recorrido. Al final, se puede enseñar a programar en todas las materias –dijo de manera orgullosa.

Debo decir que no tengo nada en contra de la programación. De hecho, es una actividad que me interesa y disfruto desde pequeño. El problema es cuando permitimos que los imaginarios que guían al futuro de la educación sean miopes, pocos creativos y acríticos.

Cuando regresé a Edimburgo, al salir del Waverly Station, me recibió el frío y la lluvia. Sin embargo, estaba contento por el excelente viaje que tuve. Después de gastar unas cuantas horas en BETT decidí no ir a los tres días de la convención. En cambio, fui a un par de museos de historia.

* Magister en Educación de la Universidad de Virginia. En la actualidad desarrolla su doctorado en Educación en la Universidad de Edimburgo.

Por Álvaro Nicolás Ruiz Casas

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Atenas(06773)12 de abril de 2023 - 02:44 p. m.
Interesante historia sobre el complejo panorama q’ se columbra a partir del poder avasallador de la IA como punto de inflexión o de la ampliación de la brecha tecnológica con nuestras republiquetas. Y q’, x lo q’ cuenta de la desilusión del asesor q’ lo atendió cuando supo q’ iba en representación de una ong de un remoto sitio en Colombia, nada bueno nos espera.
Glory(4txhc)12 de abril de 2023 - 02:40 p. m.
Hasta que punto la creatividad e imaginación se borrarán con estas nuevas invenciones tecnológicas? Esa es una de las preocupaciones que albergan muchos. Porque los niños por ejemplo, en sus primeras etapas de crecimiento, es importante despertarles esa vena creativa e inventiva, y con todo ya creado, eso de pronto se torna difícil.
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