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Medir el impacto y la importancia del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá sobre el movimiento teatral no es tarea fácil, a pesar de que la mayoría de los integrantes de este movimiento concuerdan en afirmar que es grande.
Desde sus inicios, el Festival ha contribuido a la profesionalización del sector, a su capacitación con una nutrida programación académica, al debate e intercambio de conceptos y experiencias con el teatro del mundo, a la creación a través de proyectos de coproducción que se desarrollan en cada edición.
El Festival promueve el diálogo entre las distintas expresiones teatrales, abre rutas al intercambio de experiencias y a la búsqueda de nuevas propuestas a partir de una programación diversa, contemporánea, incluyente y de altísima calidad artística.
Hoy el teatro colombiano está más vivo que nunca y se está dando una nueva dramaturgia y una búsqueda de lenguajes, en la que se mantiene una conexión con lo que sucede en el país.
Por eso, en esta versión del festival estamos presentando una de las muestras más grandes, completas y rigurosas del teatro colombiano, además de homenajes a directores y compañías consagradas como el Teatro La Candelaria.
Estaremos en 38 salas, que si bien es un número importante, no incluye a la totalidad de las que existen en la ciudad. Cada una exige además de la columna vertebral artística cierta estructura administrativa, comercial y técnica cuyo nivel de complejidad está en función del tamaño de la sala y del grupo.
La interacción entre ambos componentes ha permitido generar distintos y diversos productos en la llamada primavera teatral, una etapa especial de las artes escénicas con dramaturgos, directores, actores, escenógrafos y diseñadores que trabajan con una imaginación desbordada.
Una primavera posible por la existencia de un público que ha aprendido a ver, a pensar y a disfrutar del teatro en buena parte gracias a las 14 ediciones del festival.
Hoy el teatro no es solo un movimiento como lo fue en otras décadas, sino una industria que genera empleos e ingresos importantes. Y el festival debe seguir aportando a su desarrollo y crecimiento, garantizando que los grandes grupos y productores del mundo sigan interesados en venir a Bogotá cada dos años.
Anamarta de Pizarro *
Directora del Festival Iberoamericano de Teatro.
