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El manuscrito Drake

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Columnista invitado EE
13 de septiembre de 2014 - 12:52 a. m.
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La imagen de los piratas y corsarios como geógrafos, artistas o botánicos de su época no es familiar para nosotros.

Aún predominan en nuestras mentes los relatos de sus cruentos asaltos como los del bucanero Jean-David Nau, llamado El Olonés, quien dejaba morir de hambre a sus prisioneros y los sometía a vejámenes para que revelasen el lugar en donde ocultaban sus riquezas. Las obras de los propios piratas, como Alexaindre Exquemelin, nos describen también imágenes de crueldad y recordamos a Morgan ordenando colgar y atormentar a un trastornado español que se hace pasar por hermano del gobernador de Maracaibo. Los seguimos viendo a través del temor de la tatarabuela de Úrsula Iguarán cuando Sir Francis Drake asaltó a Riohacha a finales del siglo XVI y aquella, con el toque de rebato y el estampido de los cañones, perdió el control de los nervios y se sentó en un fogón encendido.

Los piratas, sin embargo, no solo acopiaban metales preciosos, sino un singular conocimiento sobre los mares y la naturaleza de América. Una obra extraordinaria que recoge dicho conocimiento es la Historia Natural de las Indias, conocida comúnmente como El manuscrito Drake, publicado por la Morgan Libray. Aunque no hay forma de señalar a Drake como autor de la obra, esta contiene imágenes de las diversas regiones que el corsario inglés visitó en el Nuevo Mundo; por ello, la información geográfica contenida en ella es el fundamento de una fuerte conexión con Drake. Los especialistas consideran que el autor o los autores podrían ser hugonotes franceses enrolados en la tripulación del corsario. El documento fue hecho hacia 1590 y se cree que en su elaboración intervinieron al menos dos escribas y dos ilustradores.

Las leyendas que acompañan las ilustraciones están en francés del siglo XVI. El manuscrito consta de 62 ilustraciones botánicas, 89 ilustraciones de peces, mamíferos y aves y 43 imágenes de indígenas, españoles y esclavos africanos. La excelente introducción de Verlyn Klinkenborg nos señala que la organización de esta obra tiene un propósito analítico que establece una rígida separación entre plantas y animales, océano y tierra, bestias y seres humanos. Las plantas como el aguacate, piña, papaya y patilla son presentadas aisladas y se evidencia su condición de recurso aprovechable. El manuscrito puede ser visto, por tanto, como un ejercicio temprano de geografía económica. Las ilustraciones sobre la agricultura, pesca marítima, caza y cocina de los indígenas tienen un alto valor etnográfico y podrían contribuir a los estudios de la historia de la alimentación en Colombia y Venezuela.

No obstante, las ilustraciones reflejan también una mirada permeada por las fantasías medievales: peces del mar Caribe como el mero, el jurel y el bonito son pintados con grandes colmillos y orejas de perro. Klinkenborg nos recuerda que hay mucho de inocencia y goce estético en los trazos ingenuos de las imágenes que intentan reflejar ese nuevo mundo visto por los europeos que constituía en ese entonces una especie de promesa moral. 

*Weildler Guerra Curvelo 

wilderguerra@gmail.com

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