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El pensamiento dicotómico de AMLO

Columnista invitado EE y J. Octavio Pineda*

23 de julio de 2022 - 12:30 a. m.

El pensamiento dicotómico —de todo o nada, blanco o negro, conmigo o contra mí— característico del presidente López Obrador es también característico de la llamada primera infancia. Y no es una simple impresión mía: el pensamiento dicotómico infantil es un fenómeno ampliamente documentado en la literatura médica y científica.

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Por fortuna, a medida que un niño crece y madura mentalmente, empieza a entender mejor el mundo en toda su complejidad, en esa escala infinita de grises que hay entre el blanco y el negro, que facilitan la negociación, la socialización y alcanzar consensos.

Pero muchas veces, si el niño tiene una infancia traumática o adversa, ese pensamiento dicotómico puede prolongarse en la edad adulta y acarrear rasgos de marcada intransigencia, incluso autoritarios. En su proceso formativo, también es posible que, si el niño crece en un ambiente muy rígido, de prejuicios impuestos antes que de razonamientos, termine reproduciendo una rigidez similar.

¿Sufrió el ahora mandatario mexicano algún evento traumático en su infancia o adolescencia, incluido el matoneo, que pudiera haberlo llevado a atrincherarse en este pensamiento dicotómico que muestra día a día en su discurso, siempre a la defensiva, descalificando la crítica y todo aquello que no comparte?

Por el bien de México y del propio mandatario, si es tan transparente como dice ser, él mismo debería revisar en su pasado el detonador esta conducta dicotómica, porque al hacerlo consciente sanará ese evento traumático —que hoy lo domina como un tirano en la sombra— y podrá relacionarse mejor con el mundo.

Esta sanación personal lo llevaría a ser más razonable, a no ver moros con trinchete en todos lados, a dejar atrás su conducta pretendidamente mesiánica y proyectos tan depredadores de la naturaleza como el llamado Tren Maya, en una época en que la sustentabilidad ambiental es ya un imperativo de política pública.

Quienes en algún momento trabajaron antes a su lado —sin necesariamente compartir su estilo de gobernar— ya habían advertido de su falta de autocrítica, su terquedad y su cerrazón a escuchar opiniones contrarias.

Por eso tampoco sorprenden sus ataques constantes a la prensa crítica, la descalificación como “conservadores” a sus simples detractores —cuando en realidad el más conservador ha demostrado ser él—, su desprecio (o envidia disfrazada) por la ciencia o sus embestidas a órganos autónomos como el Instituto Nacional Electoral (INE) o el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (IFAI).

Por el bien de todos los mexicanos y no sólo de ese “pueblo” de entelequia que en su retórica él dice gobernar, el ejercicio de introspección y sanación personal del mandatario no da espera.

* Periodista y escritor mexicano residente en Colombia.

Por J. Octavio Pineda*

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