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El peso también tiene que circular por internet

Columnista invitado EE y Luis Iregui*

24 de agosto de 2026 - 03:51 p. m.

Un sábado por la noche, una diseñadora en Medellín entregó un proyecto a su cliente en Austin, Estados Unidos. Recibió de vuelta el pago en minutos a una billetera en su celular, en dólares digitales o stablecoins. No intermedió un banco, no tuvo que llenar formularios, ni pagar comisiones de giro, y mucho menos esperar al lunes para recibir y disfrutar del dinero.

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Esta es la nueva normalidad financiera que usan cerca de seis millones de colombianos.

Las cifras de julio 2024 a junio 2025 indican que Colombia movió US$44.200 millones en criptoactivos en ese período. Es el quinto mercado de América Latina después de Brasil (US$318.800M), Argentina (US$93.900M), México (US$71.200M) y Venezuela (US$44.600M), según Chainalysis. Las stablecoins representan más de la mitad de las compras cripto que se hacen con pesos, según el mismo informe. La UIAF recibe reportes obligatorios de las plataformas de intercambio desde 2022, y la DIAN acaba de ordenar reportes bajo el estándar OCDE a partir del año gravable 2026, con lo cual pronto habrá cifras oficiales más precisas.

La cifra parece exótica, pero se explica por remesas que llegan más baratas, los millares de freelancers que cobran en el exterior, importadores que pagan proveedores en Asia y por las casas de cambio que liquidan operaciones en segundos, entre otros casos de uso. Casi todas ya hacen sus transacciones con dólares digitales, sencillamente porque el peso no existe en esas redes. Cada transacción a velocidad de internet es, hoy, un pequeño acto de dolarización.

Antes de seguir, declaro mi conflicto de interés: soy cofundador de Zabio (www.zabio.com), una empresa colombiana que ayuda a negocios a implementar stablecoins. Me beneficio si este mercado crece. Precisamente por eso conozco el dato incómodo de primera mano: la dolarización digital no está esperando una ley. Ya ocurre, todos los días, desde abajo.

La propuesta es que Colombia se ponga las pilas con las stablecoins de peso. Pesos digitales emitidos por entidades privadas y vigiladas, canjeables en cualquier momento por pesos ordinarios, y con una regla de respaldo escrita en la ley: cada peso digital debe estar respaldado uno a uno por un peso ordinario, principalmente en títulos de deuda pública de corto plazo, los TES. No es una criptomoneda que flota ni un experimento monetario: es el mismo peso, solo que en un formato que viaja a la velocidad del resto de internet.

Algunos creen que se perdería soberanía monetaria, pero se podría argumentar lo contrario, que la defiende. El Banco de la República seguirá fijando la tasa de interés y la política monetaria sigue intacta: un peso digital respaldado al cien por ciento por un peso ordinario no crea dinero nuevo.

Jeremy Allaire, cofundador de Circle (el emisor del dólar digital o USDC), acaba de publicar un tratado sobre lo que él llama la “economía agéntica”. Sostiene que llevar la moneda propia a estas redes digitales mejora la soberanía y advierte algo que Colombia debe entender inmediatamente: cuando el dinero fuerte está a un clic de distancia, una moneda débil se puede fugar rápido. Entonces, si la salida hacia el dólar digital ya existe y no hay reversa, lo que debería existir es una razón para quedarse en pesos.

Hay, además, un premio macroeconómico –pequeño, sí, pero que ayuda a la precaria situación fiscal colombiana–. Si la ley exige que las reservas se inviertan en TES, cada peso digital que se emita se convierte automáticamente en demanda por deuda pública colombiana. La norma americana (la Ley GENIUS) ya obliga a respaldar los dólares digitales en efectivo y bonos del Tesoro de corto plazo, y el resultado es que Tether, el mayor emisor de dólar digital, acumula unos US$141.000 millones en deuda americana. Esto lo convierte en el tenedor de bonos del Tesoro número 17 del mundo, por encima de Alemania. Washington entendió que las stablecoins son una máquina de comprar su propia deuda, y la puso a su servicio. Japón acaba de hacer lo mismo.

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Colombia puede replicar ese modelo a su escala: un comprador nuevo, transparente y creciente de TES abarata el financiamiento interno y le permite a la Nación sustituir (poco a poco y en su justa medida, esto no es una panacea) deuda externa en dólares por deuda interna en pesos. Pesificar la deuda es reducir nuestra vulnerabilidad a cada devaluación. Una stablecoin de peso no resuelve el problema fiscal, pero crea un comprador de deuda pública que crece con nuestra economía digital, no con el capricho de los mercados internacionales como ocurre en este momento.

Ante las objeciones, hay que encontrar respuestas serias. En cuanto a fraude y lavado de activos, una stablecoin regulada es más trazable que el efectivo: cada movimiento se registra en un libro público y cada emisor conoce a sus clientes bajo las mismas reglas que rigen al sistema financiero. Si la objeción es la fuga de capital, realmente el riesgo real ya está aquí vía stablecoins de dólar y una stablecoin de peso compite por retener el valor en moneda local e incluso se puede “programar” para implementarse con gradualidad y límites por usuario. Y si el temor es la estabilidad, con reglas claras de respaldo total, el riesgo se reduce al mínimo porque las reservas siempre están (como lo acaba de probar Tether con la auditoría histórica de KPMG).

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El Gobierno, el Banco de la República y la Superintendencia Financiera preparan un proyecto de ley de activos digitales. Colombia Fintech también ha hecho un enorme esfuerzo por avanzar en la regulación. Es una buena noticia. Es importante abrir el debate sobre su alcance, para que la ley supere la idea de restringirse a vigilar las stablecoins extranjeras, porque así simplemente regulamos nuestra propia dolarización sin ofrecer alternativa. Estados Unidos ya legisló las suyas: la Ley GENIUS, que entrará en plena vigencia a más tardar en enero de 2027. Los dólares digitales van a ser más legítimos, más regulados y más comunes.

La pregunta es si el peso va a competir en esa cancha o va a mirar desde la tribuna. Y viene algo más grande.

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La próxima ola de la economía digital no son personas pagándose entre sí: son agentes de inteligencia artificial que contratan, cobran y pagan servicios entre máquinas, en montos de centavos, millones de veces por hora, sin horario bancario. Esa economía usará la moneda que viva en sus redes, porque no tolera las ineficiencias de todas las demás. Si el peso no está ahí cuando ese momento llegue, la decisión se habrá tomado por defecto, con seguridad en contra nuestra.

La pregunta, entonces, no es si los colombianos usarán o no dinero digital. Ya lo usan. La pregunta es en qué moneda. Tenemos una ventana que se comienza a cerrar para que la respuesta incluya nuestro peso.

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* Cofundador de Zabio, empresa colombiana que ayuda a negocios a implementar stablecoins.

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