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¿Vamos a dejar que llegue a prisión?
El poder del agresor es el silencio. Son pocas las personas que atraviesan la vida sin haber vivido alguna forma de violencia.
Tenemos tan interiorizada esta manera de relación con los hombres que vivimos dormidas, como si Gisèle Pelicot fuera una excepción y no un espejo: cuando despertamos y hablamos, aparece el agresor con una denuncia por injuria y calumnia. ¿No podemos hablar públicamente de lo que nos pasó? ¿Es en serio?
La sociedad entera ve muy bien cuando una víctima de robo sale a los medios a denunciar; ahí estamos de acuerdo en hacerlo con rabia, con ímpetu, con necesidad de justicia. Pero cuando se trata de nuestras violencias, todo cambia: el poder de nuestras historias se ve silenciado por el agresor, fiscales y jueces que convierten la libre expresión en un problema de injuria y calumnia. El escrache feminista es lo que hace tambalear su poder, y no lo soportan.
Esta idea del silencio como arma parece habitar un siglo que no le corresponde. ¿Por qué? Tenemos de fiscal general a una mujer, las altas cortes se han pronunciado con jurisprudencia al respecto, existe la ley Rosa Elvira Cely para tipificar feminicidios en lugar de homicidios. La justicia, en teoría, nos da la razón. Hasta que aparece Lina Castillo, hoy procesada penalmente por hacer uso del escrache feminista en una radio del país. Él respondió con una denuncia por injuria y calumnia, y ahora es ella quien enfrentará un juicio. La Fiscalía no ha tenido reparo en seguir del lado del señor, y la jueza que llevaba el caso tampoco.
Conviene preguntarse quién es el señor. Ostenta uno de los cargos más altos en la entidad de comunicaciones pública más importante del país, hoy alineada con el gobierno de Gustavo Petro. Su poder ha sido suficiente para volverse prácticamente innombrable y para arrinconar penalmente a toda mujer que se atreva a hablar de su historia con él. Con ese pacto patriarcal a tope, el presidente y el gerente del medio más poderoso del país actúan como un Goliat.
Lina Castillo, a los 19 años, militaba en Colombia Humana, el partido con el que Petro llegó a la Alcaldía de Bogotá. Tras el escrache en radio, fue obligada al silencio por vía penal y no tuvo otra opción que retractarse. Sin embargo, en la audiencia previa al juicio, vimos cómo al señor y a su defensa les pareció que esa retractación no fue “de corazón”, y que por eso el proceso debía continuar.
La audiencia —transmitida por Cuestión Pública— dejó ver con claridad el funcionamiento de ese aparato de silenciamiento. Lina usó el conector “por lo tanto” para cerrar su retractación. La defensa alegó que no era suficiente: que un “solo” en su discurso anulaba la sinceridad del acto. Una discusión semántica no menor.
La abogada de Lina, Ana Bejarano, pidió la preclusión del caso. La jueza de la audiencia de ayer consideró que ambas expresiones “solo” y “por lo tanto” eran equivalentes y decidió no precluir por esa y otras razones. El resultado: Lina enfrentará un juicio, después del trámite legal asfixiante que ya suma años.
Aun con todo, este caso ha dejado al descubierto las grietas de la justicia y la influencia de hombres que insisten en presentarse como humildes, en negar la existencia de ese pacto patriarcal que aplasta a las víctimas.
Ayer se notó que, con Lina, este señor busca instalar la narrativa de que todo esto es un ardid político que orquestaron, ¿los uribistas?, en su contra. Es que antes fue concejal por el partido de Petro y se hizo conocido como periodista denunciante de hechos del gobierno de Álvaro Uribe.
De todo, lo que me parece más triste es que la Fiscalía de Luz Adriana Camargo no esté a la altura de este momento histórico para las mujeres. Porque, de ser así, para empezar, la denuncia penal contra Lina no continuaría su camino próspero por la entidad.
P. D. Lina Castillo, junto con todas las víctimas y sus defensoras, no están solas. Ana Bejarano y El Veinte han defendido a Cuestión Pública en distintos acosos judiciales contra el medio.
* Directora de “Cuestión Pública”.