En nuestros días se observa en todo el mundo una preocupante oleada de xenofobia, racismo e intolerancia. Las redes sociales y otras formas de comunicación se están convirtiendo en plataformas para impulsar el fanatismo. El discurso público está en peligro de convertirse en un instrumento al servicio de la estigmatización y deshumanización de las minorías, de cualquier “otro” que nos interpela con su “otredad”.
Recientemente, el rapero Kayne West protagonizó incidentes con presencia de discursos de contenido antisemita (hostilidad o perjuicio hacia los judíos), con millones de seguidores en el mundo, es de subrayar la responsabilidad colectiva de los artistas populares como West, como así también de los funcionarios públicos, los líderes religiosos y comunitarios, los medios de comunicación y los individuos, frente al tejido social.
De acuerdo a diferentes investigaciones, los millennials y centennials están más expuestos que generaciones anteriores a una cultura de internet, donde diferentes redes, muy populares entre ellos, son un campo fértil para la emergencia de este tipo de expresiones violentas.
La violencia “en nombre de la religión”, suele manifestarse a través de ataques selectivos contra personas o comunidades. Los incidentes relacionados con el discurso del odio, los estereotipos negativos y la apología del odio religioso o nacional, han dado históricamente lugar a asesinatos de personas inocentes, ataques a lugares de culto y a los integrantes de las minorías religiosas.
Somos miembros del pueblo judío, una minoría por siglos perseguida, que porta la huella del sufrimiento que nos ocasionó la discriminación, expulsión y el genocidio a que el discurso del odio nos llevó, desembocando en el suceso más trágico de la historia de la Humanidad, que fue sin duda la Shoá —el Holocausto. Sin embargo, priorizamos la educación y apostamos por la enseñanza en valores de empatía y respeto al prójimo como lo innegociable de nuestra identidad y de nuestros valores milenarios, legados al mundo, pues tenemos la convicción que no se combate la violencia con más violencia, sino con el ejemplo.
Es por esto que desde el Colegio Colombo Hebreo propiciamos otros discursos que contrarresten el odio, que es una amenaza para los valores democráticos, la estabilidad social y la paz, y proponemos trasladarlos de forma concreta a las aulas de nuestro país.
Nuestra convicción como educadores, y en especial desde el marco de principios éticos y morales que el judaísmo nos enseña, es prevenir toda forma de violencia, fomentando desde las edades más tempranas la convivencia en respeto, apertura y diálogo en nuestros estudiantes, para que sean ellos los futuros constructores de sociedades más pacíficas, inclusivas y justas.
* Rectora del Colegio Colombo Hebreo