Deberíamos aprovechar la celebración del Día del Trabajo para reflexionar sobre el significado de trabajar y de tener empleo digno y remunerado. Esta celebración coincide con la propuesta de una reforma laboral que beneficia principalmente a quienes ya tienen empleos formales y a los sindicatos, pero deja a un lado a los desempleados que quieren trabajar y no encuentran la posibilidad de hacerlo y a quienes laboran informalmente. En pocas palabras, la reforma laboral beneficiaría a una parte de los 9 millones de personas que gozan de un empleo —bueno o malo—, pero no ayuda a los cerca de 15 millones de colombianos desempleados o que trabajan en la informalidad.
Desde el Homo habilis —aquel que construía utensilios elementales para sobrevivir hace varios miles de años—, hemos evolucionado al Homo laborans; posteriormente, al trabajador industrial y agrícola de los últimos dos siglos; ahora, a una combinación de formas de trabajo y, en un futuro no muy lejano, a unos pocos ocupados en tareas no estandarizables y muchos robots y sistemas virtuales conectados a cosas, haciendo tareas que antes hacían los seres humanos. Durante esta larga evolución de miles de años, los humanos hemos podido adaptarnos, sobrevivir y progresar gracias a trabajo y al esfuerzo individual y colectivo. Ante los desarrollos impresionantes y disruptivos de la tecnología que nos comienzan a preocupar, ¿podríamos anticipar el fin del Homo laborans y, en consecuencia, el de la celebración del Día del Trabajo para humanos?
El trabajo es un bien público importante que amerita permanente reflexión y análisis por estar relacionado con el sustento individual y de las familias, la riqueza de las naciones, la economía y la política; además, se trata de un asunto que debe abordarse desde muchos ángulos y que mantiene divididas las opiniones entre quienes defienden posiciones progresistas, con una visión de bienestar y de derechos humanos, y aquellos que se sitúan en favor de las conveniencias económicas, tanto de las empresas como de los países. Ambas corrientes tienen argumentos respetables e interesantes, y es el momento para escuchar a las partes, así resulte difícil llegar a consensos.
El primero de mayo llegan a nuestra mente muchas preguntas sobre lo que significan el trabajo y las ocupaciones en el ámbito global y nacional actual y en la perspectiva del tiempo. Importantes preocupaciones de gobiernos, políticos, sindicalistas, economistas y empleadores en Colombia son la alta tasa de desempleo, de casi el 13,5 % (una de las más altas de la región y del mundo); la proporción de empleos informales, cercana al 60 %; el desempleo de los jóvenes; la ocupación infantil; la disminución de la población menor de 15 años y el aumento de los mayores, con impacto sobre el bono demográfico; el papel protagónico del sindicalismo dentro del actual gobierno; la baja productividad de nuestros trabajadores; la mínima capacidad digital de la mayoría de nuestros empleados; el futuro de empleos mediados por aplicaciones tipo Rappi y Uber, y la posibilidad del reemplazo de gran cantidad de empleos en oficios sencillos por aplicaciones de inteligencia artificial y robots.
La propuesta de reforma laboral de la ministra Ramírez ha despertado el interés sobre los asuntos laborales, la expectativa de muchos trabajadores y la preocupación de empleadores por los efectos que puedan tener las nuevas exigencias en materia laboral en los costos de las empresas. Este debe ser un punto central del debate público: ¿es posible armonizar el justo mejoramiento de las condiciones laborales de trabajadores formales con el impacto que este mejoramiento pueda causar a la economía y el estímulo a la creación de nuevas plazas? ¿Por qué preocupa más al gobierno Petro el empleo formal que el trabajo informal de más de diez millones de ciudadanos, la mayoría de ellos jóvenes? ¿Existen alternativas dentro de la ley laboral que faciliten la incorporación de los trabajadores informales a la vida laboral formal?
Además, existe correspondencia entre las reformas laboral y pensional, debido a que las fallas y limitaciones del sistema pensional se generan en buena medida por la proporción baja de los empleos formales —que son los que obligan a la vinculación de los trabajadores a los sistemas de pensiones para ir generando un ahorro individual o colectivo—. Si el país pretende expandir la cobertura de sus sistemas pensionales, es necesario ampliar la base de trabajadores formalizados que aportan al ahorro individual o colectivo. Pero, ¿cuáles serían los incentivos que tendrían los empleadores para ampliar sus nóminas con trabajadores que les resultan por lo menos un 50 % más costosos?
Es entendible que los sindicatos apoyen y promuevan la reforma laboral Petro-Ramírez, porque estos hacen parte del Pacto Histórico que eligió al actual gobernante y tienen como representante nada menos que a la ministra del ramo, al presidente de Colpensiones y a otros. Pero, ¿acaso no nos dice el presidente en sus arengas frecuentes que su mandato es para mejorar las condiciones de los pobres y desempleados, particularmente de los jóvenes, quienes también votaron masivamente por él? La pregunta que hoy se hacen muchos compatriotas es: ante las enormes dificultades del momento económico y social, ¿qué camino preferirá el presidente Petro? ¿El de los actuales empleados formales o el de aquellos que no tienen empleo o trabajan desde la informalidad?
* Rector de la Universidad Central