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Estrategia radical de acción climática

Columnista invitado EE y Henry Garay Sarasty*

29 de octubre de 2021 - 09:05 p. m.

La humanidad nunca en su historia había logrado llevar niveles mínimos de bienestar a porcentajes tan altos de su población, como lo ha hecho en los últimos 200 años. Antes de la revolución industrial, la disponibilidad de alimentos, vestido, vivienda con servicios sanitarios y de suministro de agua potable, transporte distinto de caminar, entre otros, estaba limitado a un reducido porcentaje de la población en todas las regiones del mundo. De otra parte, nunca en la historia de la humanidad la población ha prosperado tanto como en este período, por lo cual no hay registros de aglomeraciones urbanas en la historia similares a las existentes actualmente, ciudades con más de 5 millones de habitantes.

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Estos logros de la humanidad han sido posibles, principalmente, por un esquema revolucionario de organización para la producción de bienes y servicios, el modelo empresarial. Sin bien el modelo ha demostrado dar solución a los principales retos de la humanidad en todos aquellos frentes en los que se han enfrentado retos, como alimentación, transporte, comunicaciones, etc., es innegable que ha tenido un enorme costo, no tanto por el modelo en sí, sino por el escenario en el cual nuestros antepasados debieron tomar las decisiones. Inicialmente con las máquinas de vapor impulsadas por toneladas de madera y posteriormente de carbón, dieron la oportunidad de resolver importantes retos en un entorno de atmósfera limpia a nivel global. Resultaba improbable predecir un efecto sobre el clima en el siglo XIX e, incluso, en la primera mitad del siglo XX.

Esta forma eficiente de atender necesidades de la sociedad ha generado un efecto acumulado de concentración de gases efecto invernadero en la atmósfera, que todos conocemos, debido a la extracción de combustibles fósiles del subsuelo para generar energía mediante combustión, trasladando a la atmósfera esta carga contaminante. De otra parte, este proceso iniciado con el carbón y entrado el siglo XX de manera masiva con el petróleo, fue acompañado desde el siglo XIX, disminuyendo significativamente la capacidad del planeta para regular este ciclo a escala global, debido a la deforestación que aún se mantiene en pleno siglo XXI.

COP 26, como su número lo indica, es la reunión número 26 de la comunidad internacional para encontrar la forma de detener este problema global. Justamente al momento de escribir estas líneas, se está informando sobre fuertes lluvias en Escocia que han producido inundaciones, al igual que en otras zonas del mundo. Varias voces claman por acciones efectivas inmediatas, como el papa Francisco que reclama una Acción Climática Radical, y Sir David Attenborough, quien invita, desde el lado de la ciencia, a no aplazar la implementación de acciones porque podría ser demasiado tarde.

La propuesta que estamos promoviendo desde la CAEM es la de implementar una estrategia radical de acción climática, en la que se creen las condiciones para trasladar este nuevo reto de la humanidad al modelo exitoso de gestión para la producción de bienes y servicios, el modelo empresarial.

Con respecto a la transición energética ya se han evidenciado grandes avances y ahora es cuestión de tiempo lograr que estas tecnologías lleguen a todos los países. Desafortunadamente, tiempo es de lo que no se dispone. Por esta razón, se propone implementar una estrategia agresiva, con enfoque empresarial, para restaurar la capacidad del planeta para regular el ciclo del carbono, restituyendo coberturas forestales a nivel global.

Esta restauración climática supone hablar de servicios climáticos; es claro que en el futuro próximo este servicio será altamente demandado a nivel global, lo que para los economistas nos habla de grandes posibilidades de ser incluidas en los escenarios de inversión privada.

Para ello se requiere la adecuación de instrumentos y mecanismos que hacen parte del escenario de inversión, para que este tipo de actividades se puedan realizar masivamente por parte del sector privado, teniendo en cuenta que la reducción de emisiones netas de GEI es desde ya una meta impuesta a todo el tejido empresarial a nivel global.

Tratándose de una estrategia radical de acción climática, con resultados en el corto plazo, como puede ser 2030, es necesario iniciar una movilización de inversión privada hacia los cinturones tropicales del planeta, donde la tasa de producción de biomasa en bosques sembrados es significativamente más alta que en otras regiones del planeta. Por supuesto, el mercado se encargará de no llevar inversión a aquellos países que persisten o consienten la deforestación de bosque natural.

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La invitación es a considerar este tipo de soluciones basadas en naturaleza, pero dentro del esquema de producción del sector empresarial, para asegurar resultados radicales. Particularmente, es necesario que los instrumentos económicos dirigidos al sector empresarial recogidos en el Artículo 6 del Acuerdo de París abran el espacio para que las finanzas del clima lleguen a fondear este tipo de iniciativas empresariales. Este financiamiento internacional tiene otra ventaja adicional: el establecimiento de salvaguardas que protejan a las comunidades locales de desplazamiento o vinculación inequitativa.

Esta estrategia radical de acción climática empresarial conduce a un nuevo concepto tanto para la dimensión ambiental como empresarial: la restauración climática como propósito y oportunidad de negocio.

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* Director ejecutivo de la Corporación Ambiental Empresarial – CAEM -, filial de la Cámara de Comercio de Bogotá.

Observador en COP 26.

Por Henry Garay Sarasty*

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