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¿Existe un centro derecha? Algo de historia de la tendencia

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Columnista invitado EE: Mario Yepes Londoño*
27 de abril de 2026 - 09:17 p. m.
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Ahora se habla mucho, por parte de los medios y de algunos opinadores, de una coyuntura en la cual los electores de la primera vuelta presidencial supuestamente nos movemos entre dos extremos: la Paloma de Uribe, y Cepeda el guerrillero asesino de un candidato, y comunista de la Unión Soviética (dice la Cabal que aún cree tener esa edad ajada y muerta en 1991). Si uno mira bien, como ya también se ha dicho, el ave no se presenta con las galas de su identidad verdadera (halcón fogueado en la “caza de altanería” como harto la hemos sufrido) sino como verdadera paloma porque ella, dice, es de centro derecha.

Pero a pocos engaña: ella es del Centro pero del autodenominado Democrático, nombre que es una contradicción flagrante con su catadura y su caradura. Últimamente, apoyándose en Oviedo, hace esfuerzos ímprobos por sonreírle a todo el mundo, apaciguar el berrido en los discursos, besar niños, saludar a curtidos campesinos y viandantes surtidos y hasta alguna población negra, mestiza o india como la meritoria Aída Quilcué a la que ahora debe enfrentar, esa gente exótica que Paloma quisiera confinada a perpetuidad en el otro Cauca que ella recetó, el destinado a los plebeyos, al común de la Colonia esclavista donde dominaban sus ancestros halcones, incluído después su abuelo Guillermo León Valencia, reconocido cultor de la cetrería de patos cuando no andaba de juerga por fuera del Palacio de San Carlos o bombardeando a campesinos liberales con la ayuda de Alvaro Gómez Hurtado (tío del avalador del De la Espriella destripador); o su bisabuelo Guillermo, también candidato frustrado a la presidencia, el poeta que aun después de escribir Anarkos fue propugnador de la pena de muerte (debate que perdió en 1925 frente al ese sí liberal Ñito Restrepo en el Congreso) y valiente propinador de sopapos y escupas modernistas a un altivo Quintín Lame humillado, derrotado y encadenado frente a Casa Valencia en la vía del Puente del Humilladero en su monárquica Popayán, esa sí la bella.

Centro derecha. Centro izquierda. ¿Sabe alguien la sutil diferencia para que no deje de ser centro? Porque los que se reclaman de un lado o del otro (quizá con la única excepción de Claudia López que solía ser antiuribista y propone cosas) tienen un recurso que ningún periodista se atreve a poner en evidencia cuando los interrogan, para no tocar esos temas, para non meneallos, esos asuntos candentes que por eso mismo los del centro sortean moviéndose como sobre ascuas. Ese recurso es el silencio conveniente y cauto. O ha visto usted que el ansioso ambicioso Juan Roberto Vargas, o el Néstor Morales de Blu, o Julito y sus “audaces” y agresivos como Alvira o Vanesa (todos con un sesgo inocultable de derecha) ciertamente no otros como Félix De Bedout o Ana Cristina Restrepo o Álvaro Forero Tascón, ha visto usted, digo, que se atrevan a preguntarles a los de centro qué opinan o se proponen hacer si ganan la Presidencia, en concreto y sin ambages, sobre la consecución de la paz y el problema de las drogas, sobre la reforma agraria, sobre las reformas laboral, de la justicia, pensional, de la salud, de la educación.

Digo políticas concretas con pasos definidos que no sean sólo aumentar el pie de fuerza y fumigar en ambos sentidos, disparar a la loca y a mansalva en los dos primeros casos, o arrinconar a algún sector y privilegiar a otros en los demás. ¿O ha visto u oído usted que Fajardo (o los ya retirados, tipo Alejandro Gaviria o Aníbal Gaviria o Mauricio Cárdenas, todos criaturas del establecimiento que nunca ha sido de centro) tomen la iniciativa, sin que les pregunten, de contestar sobre esos los verdaderos problemas? Para los periodistas que sabemos, y otros, lo importante es informar quién se va con quién en lo álgido de la campaña, cuándo se sospecha que lo harán, cuál es el último escándalo privado o público sobre todo si ocurre (como tanto ocurre) en los círculos del gobierno, o las taimadas marrullas de Uribe o las torpezas de Petro o la logorrea y las amenazas de De la Espriella.

Uno se pregunta cómo todos ellos, candidatos de centro y de derecha, no son cuestionados por ese silencio sobre los asuntos que afectan de manera tan rotunda y cuotidiana la vida de la gente: la paz; la seguridad imposible de conseguir mientras haya que seguir aquí y en los países productores de drogas la política del gran sector financiero mundial con sede en las potencias, al cual siempre le servirá la guerra de las drogas, la prohibición y los réditos finales y gigantes del negocio, por encima de los sucios mafiosos del Sur y del Oriente de este mundo; los conflictos por la tierra; los conflictos laborales, y los sociales derivados de la falta de servicios públicos y derechos básicos como la salud y la educación, el empleo formal con remuneración integral, y tantos otros.

Hay centros y centros. Uno mira a un personaje como Humberto De la Calle, y comprueba que el punto no es matricularse en una franja gaseosa que no es ni centro ni izquierda ni derecha, sino que por sus obras los conoceréis: basta ver a qué miserias ha llegado, por ejemplo, la izquierda fanática de antes pero ahora enchufada de nuestras universidades públicas, celestina hipócrita de los teletubbies violentos de adentro. El punto es conducirse de manera que la acción del ciudadano en función pública establezca ante la faz del mundo qué se es y qué aporte se hace a la sociedad, sin necesidad de motes.

De la Calle y quienes lo secundaron en el Proceso de Paz culminado en 2016 hicieron el debate con los violentos y los atrajeron a la paz con sus conciudadanos después de todas las ignominias. ¡Casi nada!; ahora a estos gestores del Acuerdo se les llama de centro y a quién lo trasnocha saber su militancia si es tan clara: con la paz, con el orden de la justicia no el orden a la fuerza para no perturbar los negocios; por supuesto, esos gestores de la paz no son de la derecha ni de la izquierda delirante y atrasada. No creo que se vayan a volar con la “paloma”. Es clara la diferencia con los que sí se ponen etiquetas.

Es evidente que el único candidato, piénsese lo que se quiera, que propone de manera clara ocuparse de esos derechos y con una orientación definida es Iván Cepeda. Aún podría ser más preciso en los detalles de su programa, más claro en su propia identidad para que deje claro que él no es una prolongación de Petro sino del programa y sobre todo del Plan de Desarrollo que en parte se ha dejado sin cumplir. La Paloma y los del centro que ella quiere atraer y vincular con su proyecto encubierto y taimado como su padre en espera de casación, proyecto de extrema derecha y autoritarismo, saben que lo mejor ahora es no decir nada sobre aquellos asuntos cruciales; en el fondo creen que es mejor mantener el statu quo (por favor, no el estatu cúo que dicen los señores del Consejo Gremial); mantener la inercia de siempre, el dejar hacer y dejar pasar pero predicar sin cesar de manera que parezca de manera muy modosa que ellos serán el cambio necesario.

Y todos sabemos que todos esos candidatos: el lunático peligroso destripador De la Espriella, y Restrepo su sancho panza siempre ansioso de alcanzar su Ínsula Barataria en cualquier parte pero sin las virtudes del gran escudero, o los cautos tipo Fajardo que confunden discreción con no compromiso (como si se pudiera gobernar así), fatalmente (es decir como fatum, como el destino que desde siempre los identificó y los aguardó) van a terminar en la primera vuelta dando Cara al Sol de Uribe y en brazos de la Paloma de la extrema derecha y, si llegaran a ganar, con cuota burocrática en el gabinete o en embajada, como los demás que aguardan en la sombra: el otro Cepeda, conservador, el enterrador feliz de reformas sociales exhibidor de una ignorancia exquisita cuando habla; o César Gaviria liberal de extrema derecha (para que sigamos jugando con las palabras) que ya mandó a la Paloma una avanzada, su propia hija Maria Paz, a probar fortuna y medir opinión pública; y los otros furiosos uribistas de Antioquia, Andrés Julián Rendón y el Fico inefable, obligados por ahora a esperar cuatro años pero ya ilusionados con algún puesto en el regazo de la condesa de Casa Valencia. Todos felizmente centrifugados a uno de los extremos que dicen detestar. Será eso o la muerte política para todos ellos.

* Profesor de la Universidad de Antioquia. Magister en Ciencia Política.

Por Mario Yepes Londoño*

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Olegario (51538)Hace 32 minutos
Tanta carreta para echarnos a los moderados el cuentazo de que el único candidato viable es Cepeda. A ver!!! No insulte la inteligencia de algunos foristas en este espacio de EE. Y algo más, por más que puje, a don Cepeda le hacen falta, qué sé yo, 6, 10, 12 puntos para coronarse presidente de esta republiqueta bananera. Y de dónde va a arañar esos votos? Pues de los moderados. Estos petristas, bien zurdos y bien radicales, nos hacen mirar otras opciones diferentes a la trasnochada izquierda.
usucapion1000 .(15667)Hace 37 minutos
Si existe, es la malsana ultraderecha camuflada, idem con la tramposa centro-izquierda que oculta sus verdaderas intenciones y su retraso social.
JAIME CARRANZA BOADA(1016a)Hace 1 hora
Haber Mario creo que estás enredado y te puedes ahorcar en tu propia madeja. Respire profundo y vuelva a empezar. Un abrazo
JORGE DE JESUS QUITAMA VERGARA(rs5lo)Hace 1 hora
Creo que cantiflas escribirría como mejor orden. Que revoltura tal brutal.
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