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Fútbol y palabras

Columnista invitado EE

01 de diciembre de 2014 - 11:00 p. m.

“Hay domingos que son martes y trece. Llamadles, ¡qué sé yo!, melancolía, soledad, postración, aburrimiento. Llamadles, por favor, convencimiento de que fútbol y vida son lo mismo”: Carlos Toro.

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Hay domingos que no son domingos porque no hay partidos de fútbol en la cuadra ni en la cuadra de enfrente ni en la cancha del barrio. Hay domingos insípidos porque se acabó el campeonato del colegio o porque se fue la luz para ver el partido. Hay domingos en los que hay ansias de narración de fútbol, aunque sea un torneo de la B o la C. Si fútbol y vida son lo mismo, la voz del narrador, acompañada de la voz del comentarista, se convierte en solidaridad de una polifonía de voces que dicen, narran e inventan mundos posibles. Pero hay voces que se repiten y desgastan con la mismidad de lo mismo, es decir, son palabras que se convierten en frases y frases que se vuelven comodines que pierden su sentido primigenio. Algunos usan metáforas, símiles, retruécanos, apóstrofes, moralejas y otros recursos que nos brinda la lengua materna. Otros son menos literarios pero describen lo que acontece en un partido de fútbol. Hay narradores, descriptores, poetas y lunáticos en el ámbito de la narración deportiva. “El que no los hace…”, “el balón se fue al fondo de las piolas”, “el arquero voló de palo a palo”, “goles son amores y no…”, “en este partido cualquier cosa puede pasar”, “es un eximio cobrador”, “un balón al vacío”, “donde no llegan las telarañas”, “mató el balón con el pecho”, “no hay autogol feo”. Estas expresiones se han convertido en lugares comunes y, repito, han perdido su sentido primigenio. Hay domingos sin hipérboles, sin imágenes literarias, sin poesía, pero hay fútbol, fútbol mundial, fútbol callejero, fútbol de vida. En el mundo literario también hay narradores, descriptores, poetas y lunáticos. Juan Rulfo y Cabrera Infante son excelentes narradores y escriben en mexicano y en cubano, respectivamente. También han narrado sus historias en español, pero prefieren su topolecto para universalizar sus silencios y sustos. Pedro Páramo y Tres tristes tigres son narraciones para leer cuando no haya fútbol el domingo. Alejandra Pizarnik y Virginia Woolf son dos descriptoras extraordinarias de la condición humana: se murieron porque vivieron muchos domingos sin voces compañeras. Andrés Caicedo y Rafael Chaparro son dos narradores lunáticos, coherentes con sus principios abismales de la angustia existencial. Cuando no hay fútbol aparece la literatura, pero cuando no hay literatura casi nunca aparece el buen fútbol de los domingos. Todos, jugadores, narradores y poetas, acompañantes de domingos sin fútbol: domingos con cara de martes trece. Yo también estoy convencido de que fútbol y vida son lo mismo y que faltan más crónicas sobre los narradores de fútbol.

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Juan Carlos Rodas Montoya

rayuela138@hotmail.com

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